Uno de los ensayos de «La geometría del trigo»
Uno de los ensayos de «La geometría del trigo» - marcosGpunto

El pasado como brújula del futuro

Alberto Conejero estrena en el teatro Valle-Inclán «La geometría del trigo»

MadridActualizado:

«Regresa al lugar donde nunca estuviste, Joan». Son palabras de uno de los personajes de «La geometría del trigo», la obra de Alberto Conejero que se estrena el próximo miércoles en el teatro Valle-Inclán, y que resumen de alguna manera el espíritu de esta función, que es, dice su autor, «un viaje de norte a sur, de sur a norte, de ahora a entonces y de entonces a ahora».

Habla «La geometría del trigo» del viaje que realizan Joan y Laia, una joven pareja de arquitectos, desde Barcelona hasta un pequeño pueblo del sur para asistir al entierro del padre del primero, del que no ha sabido nada en toda su vida. El propio Alberto Conejero dirige la función, que interpretan José Bustos, Zaira Montes, Eva Rufo, José Troncoso, Consuelo Trujillo y Juan Vinuesa.

El primer borrador de la obra tiene tres años, cuenta Alberto Conejero, «aunque ha sido prácticamente reescrita». Nace, relata, después de que la madre del dramaturgo le contara algo que les había pasado a unos conocidos en su pueblo natal, Vilches (Jaén). «Durante décadas estuve con ese recuerdo y fabulando con él. El recuerdo siempre inventa, y no sé si lo que yo recordaba era lo que mi madre me había contado o ya había operado la ficción. Durante la escritura la historia se transformó, claro, pero la obra nace de la persistencia del recuerdo y de cómo la ficción trata de darle sentido». En la historia, concluye, «hay algo de viaje de ida y vuelta entre el presente y el pasado, entre Norte y Sur».

Aunque se narra una historia ajena, Conejero no asiste como un mero observador. «Toda escritura, cuando es verdadera, nos expone. Aunque sea un teatro más evasivo también se muestra en esa evasión. Y toda literatura honesta tiene en parte algo autobiográfico. En esta obra están muy presentes mis raíces: Jaén, el Sur, los paisajes de mi infancia... Y por otra parte hay parte de mi realidad lingüística actual; yo convivo con el catalán cotidianamente, y eso está presente. Creo que, de todas las obras que he escrito, “La geometría del trigo” es la que tiene más referentes autobiográficos... Aunque no cuenta nada de mí. Pero he trabajado sobre mis paisajes, sobre los espacios que yo conozco. Todos han sido transitados por mi. Siento que en esta obra yo también he hecho un viaje de descubrimiento de dónde vengo».

No hay, en ese viaje, rencor ni nostalgia. «En esta obra aparecen el humor y la melancolía, pero sobre todo el intento de saber cómo estar mejor juntos, así como el entendimiento del amor como una experiencia de trascendencia que necesitamos. Es para mí un viaje paliativo, desde una grieta que acaba llena de luz. “La geometría del trigo” habla de ese intento de comprensión del pasado como brújula del futuro».

La identidad es también una de las columnas sobre las que se asienta la obra. «Joan es un personaje nacido en Barcelona que viaja hacia sus orígenes andaluces, y el catalán está presente en la obra, en los diálogos entre él y su pareja, Laia. La obra está escrita en castellano, pero me parece interesante traer el catalán a los escenarios; es una realidad lingüística que no vemos tanto. En la obra hay una indagación sobre la identidad, sobre lo que somos... No se trata de una obra política, pero sí presenta una idea de identidad híbrida frente a los intentos de identidades monolíticas y excluyentes».