Sting, anoche durante su actuación en Barcelona
Sting, anoche durante su actuación en Barcelona - INÉS BAUCELLS

Sting, terapia de choque en Barcelona

El británico exhibió nervio pop y alternó clásicos de The Police y canciones del reciente «57th & 9th» en el estreno de su gira europea

BARCELONAActualizado:

Sting se nos hizo mayor en cuanto empezó a juguetear con orquestas y se rindió a las bondades del pop adulto y mullido, pero la muy rentable gira de reunión de The Police le sirvió de bálsamo rejuvenecedor y desde entonces ahí sigue, pasándoselo en grande entre pellizcos de electricidad, contorsionismo reggae y clásicos revitalizantes. Ni rastro, pues, del oxigenado profeta de lo zen o del dandy del pop perfumado. No están y, de momento, tampoco se les espera. Menos aún ahora que lo que parecía un capricho de escenario se ha colado en el estudio y ha infectado (para bien) la grabación de «57th & 9th», protagonista de una noche en la que sólo los clásicos de The Police rivalizaron con su presente.

Así, entretenido en darse esquinazo a sí mismo, el británico regresó a Barcelona siete años después de descorchar su ampulosa aventura sinfónica en la ciudad y, una vez más, volvió a presumir de olfato pop y de energía renovada. Es cierto que su capacidad de convocatoria no hace más que cotizar a la baja y que ha pasado de agotar sin demasiados problemas recintos como el Palau Sant Jordi a conformarse con las 4.620 personas que anoche llenaban el Sant Jordi Club, pero sus bazas siguen siendo las mismas. A saber: voz rasposa como de lija envejecida, una formación de combate poco dada a las florituras y medios tiempos como «Shape Of My Heart» y «Fields Of Gold» estratégicamente situados para modular la intensidad entre chispazo y chispazo.

Encantado, pues, con esta terapia de choque que se ha autorrecetado, el británico estrenó gira europea echando mano de The Police con dos rescates de alto voltaje -«Synchronicity II» y «Spirits In The Material World»-, despachó a las primeras de cambió una fibrosa y ruda versión de «Englishman In New York» y se pasó buena parte de la noche intentando demostrar que el reciente «57th & 9th» es de lo mejorcito que ha grabado en los últimos años. Un extremo difícil de creer viéndole medirse con medianías como «I Hung My Head» y «Down, Down, Down» aunque no tan descabellado cuando llegaba el turno de «I Can’t Stop Thinking About You» y «50.000» y todo, desde el estribillo a las ganas, parecía estar en su sitio.

El fantasma de Bowie apareció en el escenario para aletear tras «Message In A Bottle» y capitanear una versión acorazada de «Ashes To Ashes», prólogo de lo que buena parte del público estaba esperando desde que sonaron los primeros acordes de «Walking On The Moon» y se abrió la veda a los grandes éxitos de The Police.

Una ventana con vistas al pasado por la que desfilaron, frescas y lozanas, «So Lonely» y una kilométrica «Roxanne» -también se coló por ahí una «Desert Rose» con sobredosis de exotismo- y que, ya sin frenos, abrazó en los bises los laureles del pop efervescente con «Next To You», «Every Breath You Take» y una desnuda «The Empty Chair». Lo dicho: terapia de choque para retornar al pop y quitarse unos cuantos años de encima.