Rufus Wainwright, durante el concierto de las Noches del Botánico
Rufus Wainwright, durante el concierto de las Noches del Botánico - EFE

Rufus Wainwright saca su orgullo

El cantautor canadiense ofreció un concierto tan austero como emocionante en las Noches del Botánico

MADRIDActualizado:

Le ha cogido gusto Rufus Wainwright (Nueva York, 1973) a eso de presentarse solo con su piano y una guitarra. Ya lo hizo hace dos años en el Teatro Real musicando sonetos de William Shakespeare en una actuación, como la de ayer en las Noches del Botánico, de lo más austera. Vestido con un pantalón y un chaleco dorado, y luciendo una poblada barba blanca a modo de mesías –quizás el «mesías gay» de su canción, pero mesías al fin y al cabo por las pasiones que levanta–, el compositor canadiense parece haber dejado atrás los años salvajes. Los tiempos en los que, como ocurrió en La Riviera en 2012, actuaba con una banda de siete músicos y acababa el concierto medio desnudo, disfrazado de ángel alado, anunciando a gritos la «era de todo lo homosexual». Ahora disfruta más con las óperas y, de hecho, anunció al comienzo de la velada que ha terminado recientemente de escribir la segunda.

Las canciones que Rufus Wainwright, interpretó en las Noches del Botánico
Las canciones que Rufus Wainwright, interpretó en las Noches del Botánico - ABC

Pero poco importa que Wainwright venga a tocar con una orquesta sinfónica a un auditorio, con una banda a un club armando la marimorena o solo a un pequeño escenario –versiones todas ella suyas–, porque es siempre intenso y emocionante. Fue sentarse anoche al piano y empezar a cantar « Beauty Mark», tema de su primer disco, hace veinte años, y la gente se vino abajo. Presentar después una canción nueva como « Vibrate» y escucharse cientos de suspiros procedente de la grada. Y continuar con « Memphis Skyline», que dijo haber compuesto pensando en Jeff Buckley, y ver a dos parejas abrazarse como si hubiera sido escrita para ellos y no para el músico fallecido.

Rufus Wainwright domina el escenario como pocos. Se dirige al público como si lo conociera de toda la vida y arranca carcajadas por doquier, aunque esté a punto de tocar la canción más triste del mundo: « The Art Teacher». O cuando se explaya en anécdotas y explicaciones sobre muchos de los títulos que interpreta. «Este tema es mi canción del orgullo gay. ¡Feliz día del orgullo a todos!», comentó entre aplausos antes de coger la guitarra y tocar « Out of the Game». Fue solo la primera de las muchas felicitaciones que hizo con motivo de la celebración que tiene ahora lugar en la capital, y que repetía a modo de broma. «Y hablando del orgullo, yo estoy casado ya y, por lo tanto, estoy fuera de juego», añadió después entre risas hablando de la vida junto a su marido, del compromiso del matrimonio y de la hija común que tienen, nacida con la ayuda de su amiga Lorca, la hija de Leonard Cohen.

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La voz de Wainwright sobrevoló el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense tan poderosa que algunos valientes no pudieron evitar la tentación de ponerse a bailar pegados en los laterales del escenario cuando el protagonista regaló « Early Morning Madness» y « Gay Messiah». «No es una canción muy buena, porque no se la merece», declaró a continuación, antes de que comenzar a sonar la sencilla base electrónica de su particular homenaje al presidente de Estados Unidos, « Trump Song», que levantó a parte de la audiencia de sus asientos con un movimiento sexy de caderas.

Soplaba el viento suave con la noche ya cerrada cuando el hombre al que Elton John definió en 2004 como «el mayor cantautor del planeta» fue cerrando la velada con dos de sus joyas «robadas» a Cohen: « So Long, Marianne», en su particular versión con la guitarra acústica, y aquella al piano que le hiciera mundialmente famoso hace ya muchos años: « Hallelujah».