Rufus Wainwright en el Teatro Real de Madrid
Rufus Wainwright en el Teatro Real de Madrid - JOSÉ RAMÓN LADRA
Entrevista

Rufus Wainwright: «Shakespeare es una guía para ser quien quiero ser»

El artista canadiense publica «Take All My Loves-9 Shakespeare Sonnets», una colección de composiciones originales sobre textos del escritor

MADRIDActualizado:

El mejor cantante del siglo XXI ( Elton John dixit) pasó la tarde de ayer en el Teatro Real presentando su nuevo disco, un trabajo tan ambicioso como todos los que ha afrontado en su carrera, pero que en esta ocasión supone un desafío per se: musicar sonetos de William Shakespeare en homenaje al cuarto centenario de su muerte.

Para rendir su particular tributo a esta celebración, Wainwright se ha rodeado de colaboradores estelares del mundo de la música, el teatro y el cine. Florence Welch de Florence + The Machine, su hermana Martha Wainwright, la soprano Anna Prohaska (que interpreta varios temas junto a la BBC Symphony Orchestra), las actrices Helena Bonham Carter, Siân Phillips y Carrie Fisher, y los actores Peter Eyre y William Shatner. Todos ellos ponen un glamouroso granito de arena en «Take all my loves-9 Shakespeare Sonnets», su segunda publicación con el prestigioso sello Deutsche Grammophon tras «Prima Donna» (2015).

—Ya trabajó con sonetos de Shakespeare en su colaboración con el dramaturgo Robert Wilson, hace ya siete años. ¿Se podría decir que este disco comenzó a gestarse ahí?

—Sí, e incluso antes, hará unos diez años, cuando colaboré con Michael Kamen, otro director muy famoso para el que compuse la música del soneto 29 de Shakespeare, «When in Disgrace with Fortune and Men’s Eyes», que en este nuevo álbum es interpretado porFlorence Welch. En aquella ocasión fue para un disco benéfico en favor de la Real Academia de Arte Dramático de Londres. Después de eso vino el proyecto con Robert Wilson y la Berlin Ensemble, basado en veinticinco sonetos, y poco más tarde la San Francisco Symphony orquestó cinco de ellos. Así que básicamente he continuado un mismo proyecto durante un montón de años.

—¿Por qué ha elegido estos nueve sonetos? ¿Se identifica con ellos más que con otros?

«Llevaba tiempo temiendo la llegada de la edad adulta, pero me he dado cuenta de que es un regalo»

—Sí, los últimos diez años de mi vida han sido bastante dramáticos. Mi madre murió, tuve una hija, me casé... Ha sido una etapa de maduración personal muy intensa, que considero que me ha venido muy bien para estabilizarme emocionalmente. Llevaba demasiado tiempo temiendo la llegada de la edad adulta, sintiendo miedo de ella y de las responsabilidades que acarrea, pero, una vez he llegado ahí, me he dado cuenta de que es un regalo de la vida el poder hacerlo en estas condiciones, habiendo cumplido muchos de mis sueños artísticos y de mis objetivos personales.

—¿Quizá trabajar con estos sonetos ha supuesto una terapia?

—Creo que más que ofrecerme una terapia, estos sonetos me han ofrecido un reflejo de mi estado de ánimo, de muchos de mis sentimientos. Ilustran muchas de mis ideas, de las cosas que quiero hacer y sentir en la vida. De algún modo, sí han sido una guía para saber cómo lograr ser la persona que quiero ser. Pero para alcanzar la estabilidad mental plena creo que la terapia sigue siendo necesaria, ¡ja, ja!

—¿Cree que Shakespeare escondió una autobiografía en estos sonetos?

—No estoy seguro, puede que sí. Cuando pienso en esta pregunta, me doy cuenta de que si Shakespeare es un escritor tan amado y respetado es porque cuanto más te acercas a él, menos le conoces, ¡ja, ja! Con los sonetos me ocurre esto precisamente, nunca terminas de saber si lo que parece obvio es realmente tan obvio. De ahí la fascinación, el misterio que atrapa a cualquiera que lea su obra.

—¿Qué opina de los análisis que postulan que hay una declaración de bisexualidad en estos sonetos?

—Creo que Shakespeare probablemente era bisexual, diría que estoy bastante seguro de eso.

—¿Qué es exactamente lo que le hace pensar eso?

«En la época de Shakespeare se vivía la soledad de un modo muy distinto al actual, que permitía mantener una vida secreta, en cierta manera»

—Hay dos cosas que me hacen pensarlo. Para empezar, escribió mucho sobre los hombres y sus sentimientos, y de una forma muy sexual. Quizá no era explícitamente homosexual, pero sí muy sexual. Y, por otra parte, creo que en su época las sexualidades no estaban tan claramente definidas como lo están hoy en día. Por supuesto, estoy seguro de que tener sexo con otro hombre no era la mejor idea si querías mantener el respeto de tu comunidad, pero a la vez creo que entonces había mucho más espacio para llevar tu sexualidad de una forma muy personal. Hace cuatrocientos años no había teléfonos, ni internet, ni redes sociales ni tantas cosas que te mantienen tan conectado con el mundo que te hacen perder la perspectiva de quién eres tú mismo, y de lo que quieres en realidad. En la época de Shakespeare se vivía la soledad de un modo muy distinto al actual, que permitía mantener una vida secreta, en cierta manera. En su caso, hay muchas cosas en su obra que me sugieren que tuvo esa vida misteriosa. Pero, claro, eso ya no podemos saberlo con total certeza, ¡quién sabe!

—¿Cómo fue la grabación? ¿Estuvo relajado o preocupado por la responsabilidad?

—Cuando entré en el estudio recuerdo que estaba emocionadísimo y muy feliz por poder hacer algo que me llenase tanto. Y eso hizo que todo fuera extremadamente fluido. Toda la parte clásica con Anna Prohaska fue grabada en un solo día y el resto no llegó a un mes, incluyendo las mezclas y el mastering. Es decir, rapidísimo.

—Pensé que a lo mejor sufrió un ataque de perfeccionismo bestial.

—Bueno, eso es siempre así, y cada vez lo llevo mejor. Además, una vez el producto estaba empezando a tomar su forma definitiva, empecé a darme cuenta de que la música que he compuesto estaba captando una especie de información cósmica que ha estado ahí, en estos sonetos, durante cientos de años. Estaba captando la vida propia que tienen los sonetos. Fue muy emocionante sentir eso, especialmente después de haber trabajado tan duro en ello no sólo durante esta grabación, sino en todos los proyectos relacionados con Shakespeare en los que he estado involucrado durante la última década.

—La canción titular, «Take all my loves», es realmente intensa. Y encierto modo es la «outsider» del disco.

—Sí, es cierto, es una especie de mantra, con capas y capas de sonidos. Es un ejercicio interesante escuchar las letras del soneto a través de esta pequeña experimentación.

—¿Cree que Cervantes se prestaría a un homenaje similar?

—Creo que sería muy diferente y, si le soy sincero, no he leído sus poemas. ¿Sabes quién se prestaría muy bien? William Blake.