Pablo Heras-Casado
Pablo Heras-Casado - Isabel B Permuy

Pablo Heras-Casado: «Soy de ir despacio, no me gustan los fuegos artificiales»

El músico granadino se convertirá el 30 de enero próximo en el primer español que dirige a la legendaria Orquesta Filarmónica de Viena

MADRIDActualizado:

Por primera vez en sus ciento setenta y tres años de historia, la Orquesta Filarmónica de Viena, una de las más importantes formaciones sinfónicas internacionales, se va a poner a las órdenes de un director español. El granadino Pablo Heras-Casado, de treinta y ocho años, se subirá al podio de la histórica orquesta el próximo 30 de enero en un concierto que se celebrará en el Mozarteum de Salzburgo, dentro de la Semana Mozart. Sustituirá a toda una leyenda, el alemán Nikolaus Harnoncourt, que recientemente anunció que dejaba su actividad musical, y que ha avalado la elección de Heras-Casado. En el Teatro Real (del que es principal director invitado), y recién llegado de Rotterdam, donde este fin de semana ha dirigido a la Filarmónica de aquella ciudad, el músico granadino atiende a ABC.

-Mucha... Muchísima. Pero sobre todo por cómo, cuándo, dónde y con qué repertorio. Lo comparo con el momento, hace cuatro o cinco años, de mi debut con la Filarmónica de Berlín. Yo imaginaba que tarde o temprano llegaría este momento, y aunque soy una persona ambiciosa y con ganas de crecer artísticamente no tenía ninguna prisa. Ha llegado cuando tenía que llegar. Me lo tomo en ese sentido con mucha serenidad.

«A Harnoncourt no lo conozco personalmente, pero hace unos años me incluyó entre los dos o tres que podrían sucederle en el Concentus Musicus de Viena»

-Desde hace un par de años había conversaciones para que yo debutara con la orquesta en el festival de Salzburgo. Se hablaba de 2017 o 2018... Había un canal abierto, y se han dado varias circunstancias: primero la cancelación de Harnoncourt; además, esa semana yo iba a estar allí en el mismo festival dirigiendo el «Elías» de Mendelssohn con la Camerata de Salzburgo, y además tenía los siguientes días libres. Fue el director del Mozarteum quien propuso mi nombre, la orquesta dijo que sí, y Harnoncourt dijo que le parecía estupendo.

-No lo conozco personalmente, pero desde hace un par de años considero que tengo una relación privilegiada con él. Harnoncourt se hizo un nombre como director cuando fundó el Concentus Musicus de Viena, que ha dirigido durante más de medio siglo. Hace un par de años, empezó a pensar con los miembros de su Ensemble en el relevo para la dirección, y entre los cuatro o cinco directores en los que pensó estaba yo. Para mí es un honor tremendo y por eso digo que tengo una relación privilegiada con Harnoncourt sin conocernos. Él me conoce, sabe como trabajo, mi trayectoria. En 2016, además, dirigiré al Concentus Musicus, y eso también supongo que ha influido a la hora de lograr su aval, que es valiosísimo. Yo no soy amigo de los fuegos artificiales, de las explosiones. Me gusta ir paso a paso... El sábado se cumplieron veinte años de mi primer concierto como director. Y aunque vaya rápido y estén pasando muchas cosas, la verdad es que llevo ya veinte años cociendo lentamente todo. A mí me gusta hacer las cosas así.

Experiencia y madurez

-Y cada día lo tengo presente. Que si no hubiera sido por mi manera de trabajar, semana a semana, poco a poco, estos últimos años no hubieran valido de nada. Es la experiencia, el bagaje y la madurez que me sustenta.

-Pues... Un poco sí. No es un concierto cualquiera. En general, para esto soy muy tranquilo, y llevo muy bien el momento antes de subir al podio. Pero sé que cuando llegue el momento del primer ensayo y el primer contacto con una orquesta a la que no he dirigido, y con el peso histórico de la Filarmónica de Viena, voy a sentir ese hormigueo, seguro.

-Sí, he preferido no tocarlo y asumirlo por completo. Me parece un programa precioso, y creo que mantenerlo es además una manera de honrar a Harnoncourt. La mitad del programa, todo con obras Mendelssohn, es nuevo para mí. La otra mitad, la «Sinfonía Escocesa», la he dirigido por medio mundo.

-Pocos. Tengo dos ensayos el día 29 (el concierto es el día 30 de enero) más un ensayo a mitad del día con el coro y los solistas, y al día siguiente es el general por la mañana y el concierto por la tarde. Va a ser todo rapidísimo.

-Pues sí. Y antes tengo el «Elías». Va a ser todo Mendelssohn, que va a estar muy presente en esta Semana Mozart, para ver cómo dialogan en el tiempo los dos compositores.

Mozart y Mendelssohn

«Mozart tiene en común con Mendelssohn un virtuosismo apabullante en la escritura, ya desde sus obras juveniles, que son perfectas desde el punto de vista técnico»

-Ambos tiene en común un virtuosismo apabullante en su escritura, incluso en sus obras de juventud; los dos fueron genios precoces. Y sus obras prácticamente de niñez ya son obras perfectas. Pueden tener mayor o menor profundidad, pueden ser más o menos originales, pero desde el punto de vista técnico son perfectas, y dominan la escritura instrumental y orquestal. Hay luminosidad en los dos. En los dos casos hay también un sentido de la belleza, un gusto por la melodía bonita. Precisamente por ello a Mendelssohn se le mantuvo de cierto modo, injustamente, en un segundo plano dentro de los compositores románticos, frente a otros que son mucho más trágicos y que presentaban mayores conflictos. Mendelssohn es un compositor romántico, pero que siempre trae luz a su música. Más cosas en común con Mozart: el gusto, muy evidente, en los dos, por el contrapunto, por ir hacia atrás, hacia el Barroco, hacia Bach.

-Totalmente. Muy marcado, y sobre todo en compositores como Mendelssohn. Todo tiene un origen, una explicación. La novedad o la modernidad de un compositor tiene un sentido cuando se conoce la tradición y de dónde viene todo. Mozart revolucionó la música, que era en su época mucho más conservadora; hoy nos parece canónica, pero entonces era muy moderna. Para llegar a comprender esa modernidad y la tradición -son partituras en las que no hay nada escrito en cuanto a fraseo y a dinámica- hay que conocer de dónde viene. Mendelssohn, por su parte, bebe mucho de las fuentes del Barroco, y cuando se ha mamado de ese lenguaje y se ha crecido en él, como es mi caso, llegar a Mendelssohn es muy natural.

-Mucho. Siempre. Recuerdo haber cantado mucha música suya cuando era cantante, en coros y grupos, y como director de coros también frecuenté su música. Y siempre fue un compositor con el que tuve una afinidad especial.

-Es un nombre que cualquier persona de la calle podría poner fácilmente en una lista de compositores famosos pero, de hecho, no es un compositor tan conocido ni tan valorado. Hay muchas razones, pero creo que ha habido una generación de intérpretes y de musicólogos que han hablado del Romanticismo solo desde el oscurantismo y lo trágico, desde la lucha y el genio atormentado. Mendelssohn era un compositor totalmente romántico, pero luminoso, como he dicho antes, y cosmopolita. Y la musicología le hizo de menos; con el agravante de su origen judío, que durante un tiempo le supuso una condena añadida. Wagner le criticó mucho y renegó a él por cuestiones ideológicas. Ahora hay un renacimiento de su figura y de su obra, y afortunadamente puedo estar contribuyendo a ello. Estoy grabando mucha música suya.

-Dentro de unas semanas se publica, en el sello Harmonia Mundi, una grabación que hicimos con la Tercera y la Cuarta Sinfonía. Ya grabé en su día la segunda, y planeamos grabar la integral de las sinfonías y el oratorio «Elías». Todo con la Orquesta Barroca de Friburgo.

-También debuto con esa orquesta. Voy a dirigir el concierto de Nochevieja y el de Año Nuevo en el Konzerthaus. Es otro de los conciertos tradicionales en Viena, donde se interpreta la Novena de Beethoven, y me apetece mucho.