McCartney cayó en la depresión y la bebida y estuvo a punto de dejar la música tras la ruptura de los Beatles

El ex beatle, que actúa hoy en el Vicente Calderón de Madrid, ha revelado que se inspiró en Picasso para componer con Kanye West

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Paul McCartney, que esta tarde actúa en el Calderón y el próximo día 18 cumplirá 74 años, ha concedido una extensa entrevista a BBC Radio 4 en sus estudios del centro de Londres, en la que reveló detalles personales sobre su angustia tras la separación de The Beatles. Sir Paul respondió a preguntas de cien espectadores, entre los que se encontraban los actores Brad Pitt y Martin Freeman (el protagonista de «El Hobbit») y los músicos Paul Weller y Noel Gallagher, ex líder de Oasis. McCartney confesó que tras la ruptura de la banda en 1970 sucumbió a la depresión, abusó de la bebida y estuvo a punto de dejar la música. Su mujer, Linda Eastman, lo ayudó a salir de pozo.

«Era muy difícil saber por dónde seguir tras The Beatles. Sí, en aquel tiempo estaba deprimido –confiesa al presentador– y tú también lo estarías. Estaba rompiendo con mis amigos de toda la vida, siempre había estado en The Beatles». McCartney explica que en los días finales de la banda había una enorme presión de su vertiente económica, «con reuniones de negocios muy pesadas». Los otros tres Beatles impusieron la entrada del manager-tiburón Allen Klein para poner orden en su compañía de discos y películas, Apple, un agujero sin fondo. Lo hicieron contra el criterio de McCartney, a quien el tiempo dio la razón, pues Klein abusó del grupo y se llevó porcentajes excesivos de los beneficios de su obra, con pleitos posteriores encarnizados para recuperar sus derechos. Con sarcasmo irónico, Sir Paul se refiere al manager como «un hombre encantador, realmente adorable».

Detalla que su decisión de mudarse a vivir a su granja de Escocia tras la separación fue en parte para librarse de la presión de esa parte económica, pero no funcionó. «Al principio estuvo bien. Pero luego… No sabía realmente ni si seguir en la música. Estaba tan deprimido… Empecé a tomar una copita y fue estupendo. Pero luego no estuve en un buen momento. Fui demasiado lejos».

Cuenta que fue su mujer Linda Eastman, malograda por un cáncer en 1998, quién lo zarandeó con un «tienes que salir de esto». Ella le sugirió fundar un nuevo grupo, The Wings. «Me gustó la idea de volver a una banda, de regresar al punto de partida». Paul desdeñó formar un súper-grupo, «con gente como Jimmy Page y así». El resultado fue un cierto amateurismo, que tenía su precio musical: «Éramos terribles. No éramos un buen grupo. La gente decía: "Linda no sabe tocar los teclados”. Y era cierto. Pero bueno, John tampoco podía tocar la guitarra cuando empezamos».

McCartney evoca el drástico salto que le supuso pasar del inmenso Shea Stadium de Nueva York, con el cártel de no hay billetes en sus 60.000 localidades con The Beatles, a tocar por universidades y salones municipales en el albor de los Wings. Recuerda risueño que al principio Linda se quedaba en blanco tras el «un, dos, tres» de arranque de una canción. Novata total, ni siquiera se daba cuenta de que tenía que empezar a tocar.

McCartney analiza también de su reciente colaboración con Kanye West y Rihanna. Del monarca del hip hop -y marido de Kardashian- destaca que es una persona muy creativa, que «aporta un montón de material» y asegura que le resultó «estimulante». Revela que más que componer justos, lo que hacían era charlar mientras McCartney iba bosquejando acordes guitarra en mano. Todo se grababa en un iPhone y luego West le dio la vuelta en el estudio, para sorpresa del Beatle cuando escuchó los resultados pasados por la batidora.

En esos encuentros, Sir Paul le contó a Kanye West que cuando nació su hija Mary en la habitación del hospital estaba el cuadro «El viejo guitarrista ciego» de Picasso, una obra de 1903. McCartney relata que se fijó en la posición de la mano del músico de la pintura, porque utilizaba solo dos dedos para tocar, así que él mismo decidió intentar escribir una canción con esa limitación. Al evocar aquella vivencia, tocó unos acordes con la guitarra para ponerle un ejemplo a West, quien más tarde los distorsionó y los convirtió en el riff en su canción «All Day». Picasso como musa pop.

Ante la pregunta tópica de cuál es su canción favorita de las muchas joyas que ha compuesto. Responde que «Here, there and everywhere», porque «tal vez es la más completa», y cita también su obra más versioneada, «Yesterday», «porque me vino en un sueño». Pero con buen humor y entre risas del público añade con voz rocanrolera que “cualquier otro día puedo decir que mi favorita es "Why don’t we do it in the road?”».

Sobre su relación con John Lennon, pésima tras la ruptura, asegura que mejoró poco antes de su asesinato en 1980. Lo llamaba de cuando en vez y hablaban, «aunque solo de los niños, o de cómo hornear pan». Con todo, se nota que McCartney sigue enganchado de sus vivencias juveniles con los primeros Beatles. Los mejores -o más bonitos- momentos de la entrevista llegan cuando evoca sus días de amistad incipiente con Lennon en Liverpool, o los viajes en la furgoneta con Ringo, George y John en los inicios. En concreto recuerda una salida de calzada en la ruta nevada entre Liverpool y Londres en pleno invierno y cómo los rescató un camión.

McCarney, al que el tiempo ha confirmado como el mayor motor creativo de los Beatles, elegantemente vestido con su corbata estrecha, con ese pelazo un poco Camilo Sexto que chamusca el glamour de su otoño, va tocando trozos de canciones a la guitarra y el piano durante la entrevista. Se vislumbra su inmensa facilidad y talento para la música. Pero la voz –es ley de vida– ya raspa un poquito y ha perdido fuerza.