Kamasi Washington, o cómo rozar la perfección

«Heaven & Earth» protagoniza las críticas de discos publicados este viernes 22, junto a «Bad Witch» de Nine Inch Nails y «All of this Life» de The Record Company

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  1. Kamasi Washington «Heaven & Earth»

    A Kamasi Washington ya habría que hacerle un monumento sólo por haber conseguido romper el techo de cristal del jazz y forzar una renovación de público de las que no se veían desde hace décadas -ahí están, dando lustre a su historial, sus colaboraciones con Kendrick Lamar, Ibeyi, Run The Jewels o St. Vincent-, pero, no contento con eso, el saxofonista californiano sigue empeñado en entregar obras de envergadura con las que redibujar el mapa sonoro y las fronteras de la música afroamericana. Con «Heaven And Earth», su nuevo trabajo tras el majestuoso y arrollador «The Epic», se reduce el formato -pasa de álbum triple a «simplemente» doble-, pero la intensidad y el fragor permanecen intactos.

    Acompañado por sospechosos habituales como el pianista Cameron Graves, el batería Ronald Bruner Jr. o la cantante Patrice Quinn, responsable de dar alas a esa fabulosa y lisérgica «Will You Sing» que cierra este díptico entre coros celestiales y arreones cósmicos, Washington compone un nuevo rompecabezas de jazz tarantiniano en el que los estilos se contraen y se solapan guiados por el pulso firme y los pulmones de acero del saxofonista californiano. Una odisea que toma impulso con el funk despeinante de «Fists Of Fury», revisión del tema central de la película «Furia Oriental», acelera aún más con los espasmos rítmicos de «Can You Hear Him» y funde a negro mientras se recrea en la envolvente calidez noctámbula de «Connections».

    Eso, según Kamasi, sería la tierra, pero lo mejor, claro, está en el cielo, segunda parte de esta alucinada aventura con la que lo mismo se arrima a la métrica del hip hop con esa «Street Fighter Mas» de épica desbordante que se da un atracón de free-jazz euforizante con «The Psalmnist». Un álbum arrollador en todos los sentidos -en total, casi dos horas y media de idas y venidas por las sinuosas carreteras del jazz con vistas al futuro- en el que la voz gana protagonismo pero sin coartar esa libertad creativa que, en manos de Washington, se transforman en arrebatados frescos de jazz ambicioso, libérrimo y mucho más disfrutable que sesudo. Una maravilla.

    9 / 10

    DAVID MORÁN

  2. Nine Inch Nails «Bad Witch»

    Nine Inch Nails cierran la trilogía de EPs iniciada en 2016 con «Not The Actual Events» y continuada en 2017 con «Add Violence», con un nuevo trabajo de seis cortes agrestes y deconstruidos que parecen buscar la salida a un laberinto de distorsión y suciedad lo-fi.

    Sintetizadores y guitarras disonantes, saxos apocalípticos, percusiones entrecortadas y gritos que se ahogan en el vacío envuelven un cautivador artefacto de rock industrial que, sin ser para todos los públicos, se pasea con gancho y estilo por el drum'n'bass, el noise y otros territorios ya familiares en el historial NIN.

    Acompañando la tormenta sónica, Trent Reznor vomita una desaforada anatema de orden político fruto del hartazgo ante la mentira. Y he ahí otro de los atractivos de «Bad Witch»: No se trata de otro panfleto anti-Trump de tres al cuarto, sino más bien de una reflexión interior que no llama a la protesta futil, sino a una flagelación autocrítica que quizá haga más falta de lo que parece.

    7 / 10

    NACHO SERRANO

  3. The Record Company «All Of This Life»

    En 2016, tres músicos que llevaban años intentándolo por su cuenta durante años en bares y clubs se juntaron en la casa de uno de ellos en Los Ángeles. Colocaron algunos micrófonos en su salón, y grabaron «Give It Back To You», un álbum que cambió su mundo radicalmente: consiguió 3 top diez en las radios Triple-A, una nominación a los Grammy y les abrió la posibilidad de compartir escenario con John Mayer, Zac Brown Band, My Morning Jacket o Nathaniel Rateliff. Ahora, anclados firmemente en las raíces del americana, regresan con otro estupendo trabajo que habita en la indómita frontera entre el blues y el rock sureño.

    Esta vez han decidido mejorar su propia producción grabando en los míticos estudios Boulevard Recording de Hollywood (por el que han pasado desde Fleetwood Mac o Pink Floyd hasta The War On Drugs), con resultados que se notan desde el primer compás.

    La sombra pop de Black Keys se deja ver en algunos «hooks» que miran al gran público, con coros al estilo «uo, o, o» que podrían encasillar a The Record Company en el lugar equivocado. Porque cuando dejan que sea la brumosa slide guitar la que manda flanqueda por una sección rítmica llena de groove, The Record Company suenan como una fuerza de la naturaleza. Y es que cuando el trío tira de recursos propios es muy capaz de crear una marca de la casa reconocible y con los clichés justos para seducir a cualquier amante del rock americano exigente.

    7 / 10

    NACHO SERRANO