Riccardo Muti, en una imagen de archivo
Riccardo Muti, en una imagen de archivo - EPA

Portazo de Riccardo Muti a la Ópera de Roma

La dimisión del director, que daña a la cultura y a la imagen de Italia, se produce ante los problemas sindicales que duran ya meses

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El maestro Riccardo Muti ha dado un sonoro portazo a la Ópera de Roma. Un hecho que refleja la grave parálisis que sufre Italia, en buena parte por su burocracia y tensiones sindicales. El espectacular gesto de Muti ha estado motivado por las continuas protestas de dos sindicatos, Cgil y Fials, que duran ya meses y tienen un cierto peso dentro de la orquesta.

En una carta Muti dice que abandona la dirección del teatro de la Ópera de Roma porque «no hay serenidad y son demasiados los problemas». El gran director se refiere a la guerra sindical, con una minoría en la orquesta que se mueve al son de reivindicaciones y privilegios contra la voluntad de la mayoría.

El maestro Muti, convertido ya en un mito de la música y de la cultura italiana, renuncia también a sus compromisos para dirigir «Aida», que debía inaugurar el 27 de noviembre la próxima estación operística, y «Las bodas de Figaro».

Derrota para la imagen de Italia

Riccardo Muti había sido nombrado director vitalicio de la Ópera de Roma, un cargo que no contempla el contrato, sino que cobra por actuación (25.000 euros). Es la segunda vez, después de Giuseppe Sinopoli, que un director famoso abandona el teatro romano, después de haberlo dirigido por un breve periodo de tiempo.

El abandono de Muti ha causado un gran impacto en el mundo cultural italiano. «La dimisión de Muti la he vivido con gran amargura», ha manifestado el alcalde de Roma, Ignazio Marino. El ministro de Cultura, Dario Franceschini, llamó a Muti e intentó por todos los medios evitar la dimisión.

Al final, el ministro expresaba claramente su frustración ante las luchas corporativas que han causado la renuncia del director: «Comprendo las razones de Muti. Espero que al menos esto haga abrir los ojos a quienes obstaculizan, con resistencias corporativas y de autolesión». El adiós de Muti ha sido acogido como una grave derrota para la cultura y la imagen de Italia.