Imagen de Carlo Bergonzi
Imagen de Carlo Bergonzi

Muere, a los 90 años, el gran tenor verdiano Carlo Bergonzi

Retirado de la ópera en la década de los años 90 del siglo pasado, canto junto a las grandes voces del siglo XX, como Callas, Tebaldi y Caballé, y compartió su maestría con otras más jóvenes, como el tinerfeño Celso Albelo

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«Tristre noticia la del fallecimiento de Carlo Bergonzi, cantante y ser humano extraordinario, grande entre los grandes, del que aprendí innumerables secretos del arte del canto. Hasta siempre maestro. Descanse en paz», así comunicado el tenor Celso Albeloen su página oficial de Facebook el fallecimiento de quien fue uno de sus maestros.

Otra gran voz que ha querido dedicarle hoy un recuerdo al fallecido Bergonzi ha sido Plácido Domingo, también lo ha hecho a través de su página de Facebook: «Querido Carlo, ¡¡¡¡muchas gracias por tu maravillosa voz, talento y carrera!!!! Siempre me has inspirado al igual que a otros muchos artistas, así como has emocionado a muchos públicos. Un gran tenor verdiano. Uno de los grandes nos has dejado pero su legado permanece en innumerables grabaciones.... Addio Carlo».

Fallecido a los 90 años, el tenor italiano, una de las grandes voces verdianas del siglo XX, desarrolló una larga e intensa carrera artística a lo largo de tres décadas y que llegó a formar un extensísimo repertorio de más de sesenta papeles, fundamentalmente de autores italianos: Rossini, Donizetti, Bellini y Puccini. Tenor de vieja escuela, su voz destacó por la elegancia en el fraseo y el dominio de los recursos técnicos, cualidades que le han hecho brillar como pocos en las arias del bel canto.

Estudió canto con Grandinni y en el Conservatorio Arrigo Boito de Parma, donde se formó en un principio en la tesitura de barítono, y en esta cuerda debutó en 1948 con la representación en Lecce de El barbero de Sevilla, de Rossini; después cantó también enLa bohème y Rigoletto.

En 1951 debutó como tenor en el Teatro Petruzelli, de Bari, con el papel de Andrea Chénier en la ópera homónima de Umberto Giordano. Esta actuación supuso el preludio de su presentación en los dos grandes teatros europeos: La Scala de Milán y el Covent Garden de Londres, en esta última ocasión con el personaje de Don Álvaro, deLa forza del destinode Giuseppe Verdi, una de sus piezas favoritas.

Se especializó en la obra de dicho compositor y llegó a ser probablemente el mejor tenor de la época en ese repertorio (desde las shakesperianas Falstaff, Otello o Macbeth, hasta Aida, Un ballo in maschera o Juana de Arco) y así lo demostró con sus triunfos en el Metropolitan de Nueva York a partir de 1956. En este y otros importantes escenarios cantó frecuentemente junto a grandes divas de su generación, como María Callas, Renata Tebaldi y Montserrat Caballé.