Juan Diego Flórez, en una imagen promocional - decca/josef gallauer

Juan Diego Flórez: «Claro que volveré al Teatro Real»

El cantante peruano vuelve a meterse en el estudio de grabación, después de cuatro años, para abordar el repertorio francés en «L’amour»

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Los abonados del Teatro Real y el público madrileño en general están de enhorabuena. Juan Diego Flórez (Lima, 1973) volverá a cantar en el coliseo madrileño. Después de su última actuación, en marzo de 2013, en «El pescador de perlas» de Bizet -en versión de concierto-, el tenor peruano confesaba no tener ningún compromiso en el teatro madrileño en su agenda. Su última aparición en ópera escenificada se remonta a los tiempos de Antonio Moral.

Con Joan Matabosch al mando del departamento artístico, con el que el tenor peruano mantiene una relación regular en el Liceo ( hace unas semanas el cantante fue ovacionado en «La sonnámbula»), parece que el regreso de Flórez a Madrid está asegurado. «Claro que volveré al Real», confirmó ayer a ABC en una entrevista telefónica, con motivo del lanzamiento de su disco «L’amour» (Decca), grabado con la Orquesta y Coro del Teatro Comunale de Bolonia, bajo la dirección de Roberto Abbado. «Estoy en conversaciones con Joan Matabosch para ver qué se puede hacer. Por ahora no tengo nada oficial, pero estamos hablando».

-¿Qué le ha parecido el nombramiento de Matabosch al frente del Real?

-Fantástico. Donde vaya lo va a hacer muy bien. Ha dirigido el Liceo durante muchos años con un éxito impresionante. Y así lo hará también en Madrid.

-¿Cuándo será su regreso al Real?

-Eso es lo que estamos viendo, pero creo que no será durante las próximas tres temporadas.

-Creo que tiene algo previsto en Madrid en noviembre...

-Eso ha saltado.

-¿Y en el Liceo?

-Hay previsto algo para diciembre de la temporada 2015/16, pero todavía no lo puedo decir, solo que es una ópera muy bonita (se ríe).

-Ha vuelto al estudio de grabación con «L’amour», un disco en el que aborda el repertorio francés más conocido -Massenet, Bizet, Berlioz, Delibes, Offenbach- y algunas rarezas -Boieldieu, Adam-. ¿Cómo surgió esta grabación?

-Es un disco que demuestra un pequeño cambio de repertorio. Pequeño porque no me estoy separando demasiado de lo que es el bel canto, que es lo que siempre he abordado. De hecho, hay mucho de bel canto en él. Es una mezcla de piezas más conocidas, como «Porquoi me reveiller», de «Werther» de Massenet...

-Usted, que siempre ha confesado ser un gran admirador de Kraus, ¿le ha tenido como referencia a la hora de interpretar esta partitura tan emblemática en la carrera del tenor canario?

-Kraus me ha ayudado mucho para este disco. Para mí siempre ha sido un ejemplo, no solo de vocalidad, de repertorio... sino también de cómo llevó su carrera. Siempre fue fiel a sus posibilidades vocales.

-Creo que al principio usted no se sentía muy cómodo interpretando el repertorio francés...

-Hay algunas piezas de este disco que hace cinco años no hubiese pensado que iba a cantar justamente porque no estaba listo vocalmente para este repertorio, pero ahora me siento bien. Por ejemplo, en las arias de «Werther», ópera que voy a hacer en 2016 en Bolonia y en 2017 en Zurich. Sucede lo mismo con «L’amour» -que da título al disco-, de «Romeo y Julieta», que la haré en Lima en noviembre y después en Viena. Algo que hace tres años no pensé que iba a abordar. Ahora me siento preparado. Quiero aclarar que no es que sean óperas más difíciles, y actualmente considere que estoy listo porque canto mejor. No es así. No hay nada más difícil que cantar Rossini, pero para el repertorio francés se necesita un poquito más lleno el centro de la voz. Tienes que cantar con comodidad. Muchas piezas de este disco son muy centrales, y para eso hay que tener un centro de la voz maduro. Eso es algo que he adquirido con este cambio vocal y puedo enfrentarme a este repertorio que te da muchas satisfacciones, no solo porque es nuevo y permite que uno cante más óperas, que extienda su repertorio, sino porque también se enmarca en el romanticismo, el drama...

-¿No le preocupa que este cambio de repertorio le perjudique a la hora de abordar ese otro que le ha convertido en el número 1 del mundo?

-No, porque justamente eso es lo que estoy cuidando. El cambio de repertorio ha respondido a un cambio vocal, pero no he perdido la facilidad que me permitía cantar óperas como «El conde Ory», que ahora voy a hacer en la Scala de Milán, ópera en la que incluso me siento más cómodo. No tengo problemas evidentes en hacerlo (se ríe). Suena un poco diferente, con un centro un poco más lleno pero todavía puedo hacer las agilidades. Se puede decir que «El conde Ory» es el papel más difícil de Rossini, por los sobreagudos, por lo que canta, las coloraturas... Mi objetivo es poder hacer este repertorio cuando tenga 60 años. Tengo además en 2015 el «Otello» de Rossini en la Scala, que también es un papel muy difícil; y acabo de venir de cantar en la Royal Opera House «La hija del regimiento», en la que tengo incluso más agilidad. Me gusta tanto este repertorio que sería una pena perderlo.

-¿Por qué ha tardado tanto en grabar este disco?

-Nunca me gustó grabar. El hecho de tener que hacerlo para la posteridad en poquísimo tiempo no me sienta muy bien. Soy muy autocrítico y me pongo mucho más duro de lo que debería ser. Ahora me estoy acostumbrando un poco más. De hecho este disco fue bastante cómodo a la hora de registrarlo. Creo que a nadie, o a casi nadie, le gusta grabar porque supone mucha presión. Pero después de este todos los años llegará un nuevo disco.

-¿Cuál será el próximo?

-Con canciones italianas, porque Italia es mi país de adopción artística, donde yo comencé en el Festival Rossini de Pesaro [donde tiene una casa, aunque su residencia habitual es Viena], y en el Teatro de la Scala de Milán.

-Siempre ha sido usted su peor crítico. ¿Se ha vuelto más indulgente con la edad?

-No (se ríe), pero ahora me divierto más. Me encanta ensayar en mi casa, estudiar las partituras. Me siento muy a gusto haciendo lo que siempre he amado hacer. Puedo decir que lo disfruto mucho más, lo paso mejor quizá porque tengo una serenidad mayor por haber pasado los 40 años y por ser papá.