La música como máquina del tiempo
Jordi Savall, en una imagen de archivo - kako rangel

La música como máquina del tiempo

Jordi Savall estrena en Cracovia un viaje a la época de Copérnico, el astrónomo que demostró el heliocentrismo

Actualizado:

Cracovia, la antigua ciudad universitaria en la que estudió Copérnico en el siglo XV, se entregó la semana pasada entusiasmada a un viaje musical por el tiempo. Jordi Savall y Hesperion XX, dentro del festival Misteria Paschalia, estrenaron «Copernicus», un espectáculo dedicado al astrónomo polaco. La música recorría los acontecimientos que marcaron su vida, desde las guerras contra el turco y los caballeros teutones hasta la reforma, la expulsión de los judíos ordenada por los Reyes Católicos y el reinado de Carlos V.

Por medio de cálculos irrefutables Copérnico acabó con el geocentrismo y puso al sol en el centro de todo para explicar los movimientos de los planetas, y lo hizo en la convulsa Europa del Renacimiento, cuando el hombre se situaba en el centro de todas las cosas y una teoría así podía costar la vida.

No faltaron autores asiduos del repertorio de Savall, como Janequin, Josquin des Prez o Heinrich Isaac, pero destacaron piezas de los autores polacos de la época, así como músicas anónimas procedentes de la Polonia renacentista. Para hallarlas e incluirlas en el programa, Savall ha estudiado diversos archivos, entre ellos el del Vaticano.

También fue una velada de sabor hispano, y no sólo porque Cracovia entregó a Jordi Savall las llaves de la ciudad, honrando así su dedicación de cuarenta años a la vida musical de la ciudad, sino porque también sonaron piezas del repertorio español. Cabe destacar como un momento especialmente emocionante la interpretación de «El pan de la aflicción», lamento sefardí que acompañó a los judíos tras su expulsión. Muchos de ellos llegaron a Polonia y por eso conmovía escuchar ayer, en ladino, en español, en el barrio judío de Cracovia, en la iglesia de Santa Catalina de Alejandría, y a tan poca distancia de donde estuvo Auschwitz: «Todo el que tenga hambre, venga y coma; todo el que tenga menester, venga y pascue. Este Año aquí siervos, al año el vinien en tierra de Israel».

Entre Polonia y España

Savall declaró a ABC que ha trabajado en «Copernicus» más de un año «y lo que más me ha costado es investigar la música polonesa». Las piezas elegidas coinciden año por año con las vicisitudes de la vida del astrónomo. «La música es la mejor máquina del tiempo que existe. Porque te lleva allí sin dejar de estar aquí, porque somos músicos de hoy y en nuestra interpretación hay algo de nuestra época», dice el músico.

–¿Y qué le ha atraído de Copérnico?

–Era un personaje interesante. Un genio que demuestra el heliocentrismo. Pero también un hombre de la época, que tiene una amiga escondida, que vive con extrema modestia, casi un avaro... Y hasta que está muriendo no quiere publicar su gran descubrimiento. Como si tuviese miedo de afrontar sus propias ideas. El mismo Lutero decía que la teoría de Copérnico era una estupidez.

–¿La música marcaba en el siglo XV diferencias notables entre el norte y el sur de Europa como parece que tenemos ahora?

–Más que sur y norte había diferencia entre compositores, unos más dedicados a la polifonía y otros menos. En el sur tenemos un Morales y un Juan de la Encina, tan diferentes. Sí les une la emoción del canto. En el norte pasa lo mismo entre Josquin y Heinrich Isaac. La diferencia puede ser que en el norte hay un trabajo más intelectual...

–¿Qué tiene de especial Cracovia para usted?

–Fue una de las primeras ciudades que me invitó a dar recitales desde los años setenta. Entonces Cracovia era una ciudad oscura porque la pátina industrial aún no se había limpiado de las fachadas históricas que hoy lucen en todo su esplendor. El público siempre ha sido maravilloso aquí. Para mí es una ciudad en la que me siento en casa. Al festival Misteria Paschalia venimos casi cada año y siempre con proyectos especiales.

«Las lágrimas de Caravaggio», «Jerusalén» y los proyectos dedicados a San Francisco Javier dan cuenta de la importante dedicación de Savall al repertorio español y europeo. «La realidad que veo en los conciertos es la de entradas agotadas, gente de todas las edades tiene sed, necesidad de cultura», comenta.

–¿Cómo el sol copernicano, la cultura está en el centro de lo que somos?

–Creo que nuestro problema es que las instituciones no cumplen con todo lo que deberían cumplir. No me gusta hablar de política, pero debo constatar que en España tengo muy pocos soportes. Una ayuda modesta en Cataluña que nos permite cubrir algunos proyectos y en Madrid sólo algunas ayudas puntuales.

–¿Cuantos conciertos de repertorio español ofrece de media?

–Del total de 150 que damos al año, al menos 80 ó 90. Tuve proyectos planteados que no encontraron interés de ninguna institución a largo plazo, como hacer la obra completa de Tomas Luis de Victoria o de Morales. Vivimos de empeños más cortos y de los conciertos, que gracias a Dios no faltan. Ahora venimos de Australia y Nueva Zelanda.