Entramos «En la corte del lobo»
Hilary Mantel, en una imagen de archivo - AP

Entramos «En la corte del lobo»

ABC entrevista mañana a Hilary Mantel por su libro sobre Enrique VIII, una nueva mirada sobre los protagonistas de esta corte sangrienta

SERGI DORIA
BARCELONA Actualizado:

Hilary Mantel, premio Booker de 2009, novela los años decisivos deEnrique VIIIcon una nueva mirada sobre los protagonistas de esta corte sangrienta. La leyenda de los Tudor, apunta la escritora, se remonta a una matanza: «Bruto Troyano y sus descendientes gobernaron hasta la llegada de los romanos. Londres se llamaba Nueva Troya antes de llamarse ciudad de Lud. Y nosotros éramos troyanos…»

Enrique VIII

Parece imposible aportarnuevos rasgos a la efigie del rey que rompió con Roma con tantas películas que ha inspirado: Charles Laughton lo encarnó en 1933 y luego Robert Shaw, Charlton Heston, Richard Burton, Jonathan Rhys-Meyers en la serie televisiva “Los Tudor” y Eric Bana. Sus problemas de descendencia originarán «la cuestión real» que le lleva a separarse de Catalina de Aragón. Un rey que fluctúa entre pasiones románticas y pulsiones asesinas…

Catalina de Aragón

La hija de los Reyes Católicos, conocida tras la separación como princesa viuda de Gales, no es la dama adusta que algunos retratan sino una mujer valiente con sentido de Estado. Incluso su mayor antagonista, el abogado Thomas Cromwell dirá de ella que «de haber nacido hombre habría eclipsado a todos los héroes de la Antigüedad».

Ana Bolena

La primera de «las otras esposas». Además de Ana, el rey tuvo de concubina a su hermana María. Enrique recurre a ella cuando Ana queda embarazada porque tiene «miedo a tocarla y no desea reanudar su vida célibe». La voluble y ligera Ana pone de los nervios al rey al coquetear con Francisco I y su cabeza acaba rodando acusada de adulterio. Se dice que la Bolena detectó el verdadero problema de la descendencia real: «La espada de su esposo había perdido su filo y ya no cortaba…»

Thomas Cromwell

Es el personaje central de la historia. Mantel ve en él el prototipo de hombre renacentista que postuló Maquiavelo. Este hijo de un cervecero de Putney rompe las reglas de una sociedad inmovilista y acaba proclamando en 1534 que el rey Enrique VIII «es la única cabeza suprema en la tierra de la iglesia de Inglaterra» para confiscar luego las propiedades de los monasterios. Cromwell acabará pasando por encima de otros dos hombres de estado que se llaman como él: Thomas Wolsey y Thomas Cranmer, el arzobispo de Canterbury que anuló el matrimonio del rey con Catalina.

Thomas Moro

Considerado tradicionalmente como el mártir de la película, el autor de «Utopía» se resiste a aceptar la decisión real y acaba en la Torre de Londres hasta su decapitación en 1535. Su muerte digna no hace olvidar a Mantel los antecedentes de este hombre obsesionado por mandar herejes a la hoguera y poner espías en las casas gremiales para vigilar la ortodoxia.