El libro volvió a colapsar el centro de Barcelona
El libro volvió a colapsar el centro de Barcelona - INÉS BAUCELLS

Sant Jordi, la última patria que conquista Fernado Aramburu

El autor vasco fue uno de los más vendidos en otra jornada pletórica que colapsó las calles de Barcelona

BARCELONAActualizado:

¿Sant Jordi? Pasen y vean. Siempre igual y, sin embargo, siempre diferente. «No hay nada comparable», sentencia Fernando Aramburu pocos minutos antes de que un ejército de brazos agitando ejemplares de «Patria» reciban al autor vasco en La Casa del Libro. Se supone que aquello tendría que ser una cola, pero en realidad es un tumulto. He aquí, pues, una de las imágenes del día: lectores apretujados y amontonados intentando pescar la firma de uno de los triunfadores de la jornada. La ciudad de los prodigios a la que le cantó Mendoza, presa de un repentino mal de lectura digno de un Quijote en plena forma.

Será que Sant Jordi, en efecto, es incomparable, y lo mismo se puede salir del Palau Robert con una de frase literaria tatuada en el antebrazo que sorprender a Enrique Vila-Matas acercándose con sigilo a la carpa en la que le toca firmar para descubrir si entre la legión de personas que esperan a Dolores Redondo se ha colado alguno de sus lectores. Incluso se puede fantasear con una conga improvisada entre los viajeros que esperan el bus turístico y las colas que a pocos pasos se organizan ante la presencia de Risto Mejide o Carme Chaparro, contemplar a Eduardo Mendoza firmando codo con codo con Donna Leon o asistir atónito a cómo el autor gallego Héctor Castiñeira, autor de la serie «Enfermera saturada», realiza una maniobra de salvamento a un niño que se está ahogando con un caramelo.

Más allá de podio

A la hora de la verdad, los amantes de los rankings destacarán que el pastel de este Día del Libro se lo han repartido, según el Gremio de Libreros, Aramburu con «Patria» y Xavier Bosch con «Nosaltres dos», libros más vendidos en castellano y catalán, respectivamente, o que David Trueba, Javier Cercas, Pilar Rahola y el tándem formado por Jordi Basté y Marc Artigau completan los podios de honor, pero en realidad Sant Jordi es mucho más que una reñida competición en los cuadrantes de ventas. «Esto es una locura, una auténtica celebración de la civilización», exclama el pianista y escritor James Rhodes mientras no pierde de vista los regalos que le acaba de entregar una apasionada lectora de «Instrumental». Algo parecido le ocurre a Javier Cercas, quien firma a un ritmo constante y sólo se detiene un momento cuando, justo después de estampar la enésima firma en un ejemplar de «El monarca de las sombras», un hombre le desliza desde la barrera un manuscrito firmado con nombre femenino. «Es un pseudónimo», susurra el desconocido.

«Para alguien que está la mayoría del tiempo encerrado solo en una habitación, tiene algo de mágico poder ponerle cara a los lectores», señala Siri Hustvedt. «¿Los lectores? «Lo son todo. Dan sentido a todo esto», confirma Rhodes. Y no sólo eso: algunos incluso conciben la fiesta como una suerte de red social de carne y hueso, algo así como un Facebook de la edad de piedra. «Me acabo de encontrar a un compañero del colegio de Logroño al que no veía desde los años setenta», explica Ignacio Martínez de Pisón, autor cuya firma cotiza al alza hasta que aparece David Trueba en escena y tapona todos los accesos. Al madrileño, otro de los protagonistas de la jornada, se le ve un tanto desbordado ante tanto ejemplar de «Tierra de campos» reclamando atención. «A ver si sobrevivimos», bromea mientras serpentea de una carpa a otra intentando esquivar una serpiente humana que parte en dos La Rambla y que tiene su origen, cómo no, en el mediático chef Jordi Cruz. A su lado, cuidadosamente envuelto en un lazo con la señera, descansa un ejemplar de un libro de Paulo Coelho que alguien le acaba de regalar.