La complicidad de Carrillo y Suárez muestra la tolerancia que preresidió la Transición
La complicidad de Carrillo y Suárez muestra la tolerancia que preresidió la Transición - EFE

Moradiellos: «La Transición no fue una traición a los muertos, como dice la izquierda»

Ese discurso, al historiador le recuerda lo que Franco solía decir de quienes impulsaban la democracia liberal

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Frente a quienes quieren invalidar el logro de la Transición democrática española, Moradiellos defiende el modo en el que se realizó y el peso del desarrollo de la sociedad al final del franquismo.

¿El desarrollo cambió los valores de la sociedad española?

Anticipa su caída. Uno de los grandes Caballos de Troya del régimen es la convergencia con Europa. Areilza relata en sus memorias lo absurdo que era ir a negociar desde una dictadura con un gobierno socialista en Bélgica o en Holanda cuando aquí habrían sido detenidos esos socialistas. El franquismo acabó siendo un anacronismo para Europa.

Y dentro también.

Hay un desfase entre un dictador octogenario que manda como un padre y una sociedad que se ha hecho democrática antes de que cambie el régimen. La cultura cívica de aquella España tenía valores democráticos. Por eso fue posible la Transición. Lo que dijo Suárez: «Hay que hacer oficial y legal lo que en la calle ya lo es».

También hoy se impugna el valor de la Transición. ¿Qué opina el historiador?

Que hay tanta libertad, o más diría, en España tras la transición que en Portugal donde sí se produce un desplome de la dictadura. El proceso no prejuzga el resultado. Acabó siendo más rupturista el modelo español, pese a ser negociado. El proceso constitucional del 77-78 no es una reforma, es el desmantelamiento total del franquismo.

Y el modelo se exportó.

Sí. Ojala pueda aplicarse, por ejemplo, a Cuba. No fue una traición a los muertos como dice la izquierda. Eso suena a lo que decía Franco cuando se oponía al liberalismo. A lo mejor los muertos pensaban como Azaña: paz, piedad y perdón. Echamos de menos la tolerancia, y en la Transición la hubo. Si Carrillo pudo llevarse extremadamente bien con Suárez, humana y políticamente, por qué sus nietos no. El Carrillo magnífico de la Transición es el mismo que con 19 años dio el visto bueno a lo de Paracuellos. Y el Suárez estadista había sido secretario general del Movimiento. Y Yeltsin trajo la democracia a Rusia pero había sido secretario general del PCUS. Es así la complejidad. Hay que aceptarla.

Mejor, miremos al futuro.

El futuro debe asumir las complejidades del pasado. La amnistía forma parte de la larga tradición republicana como vieron en Francia. La piden hoy las izquierdas en Colombia, lo hicieron en Europa del Este, hasta Merkel fue miembro de la joven guardia. La lectura en España en 1975 fue «nunca más la guerra. No la utilices como elemento de demonización del otro porque volvemos a las andadas».

Hay mucha manipulación.

La historia es una narración interpretativa sobre el pasado con prueba documental que desacraliza los textos sagrados y los mitos. Es el principio deontológico. Pero hay historiadores que manipulan el relato.