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Misión secreta: los soldados españoles que Franco envió a la Guerra de Vietnam

Desde Vietnam hasta Zugarramurdi. Javier Santamarta reúne en su nueva obra varios personajes que, a pesar de sus aportaciones al humanitarismo, han sido olvidados

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Corre la década de los 60 en una región tan tristemente conocida como brutalmente peligrosa: Vietnam. Una zona de conflicto en la que, como afirmaba el caricaturesco coronel Bill Kilgore en «Apocalypse Now», el aire olía a napalm y una colina inútil podía ser bombardeada durante medio día sin lograr que el enemigo la abandonase. En mitad de esta guerra, y sabedores de que cualquier momento es bueno para ser atravesados por la bala de un AK-47, varios soldados aliados que regresan a su base desde Saigón se topan con una pequeña unidad del Vietcong. Los guerrilleros dan el alto a su Jeep mientras los uniformados, sanitarios todos, se temen lo peor. Repentinamente, uno de los enemigos pronuncia unas palabras que hacen que sus compañeros bajen las armas: «tây-ban-nha». El cerco se abre y los militares pasan sin daño alguno. Parece un milagro, pero no lo es. La clave está en la traducción de los vocablos: «¡Españoles!».

Lo anterior bien podría ser la escena de un largometraje norteamericano, pero nada más lejos de la realidad. Fue una situación a la que tuvieron que enfrentarse habitualmente los sanitarios españoles que (bajo secreto absoluto y el olvido más triste) colaboraron con los norteamericanos en la Guerra de Vietnam. No disparando ni patrullando campamentos, sino salvando vidas.

«Aunque oficialmente luchaban del lado estadounidense, hicieron una labor humanitaria increíble para ambos bandos. Así fue como se ganaron el cariño de parte de la población local y del mismo Vietcong. Para ellos, la palabra “tây-ban-nha” se convirtió en un salvoconducto si se topaban con el enemigo porque este conocía su labor», explica el escritor y profesor Javier Santamarta del Pozo a ABC. Sabe de lo que habla, pues la historia de este contingente es una de las muchas que narra en « Siempre tuvimos héroes» (Edaf, 2017). Libro en el que ha reunido todas aquellas figuras olvidadas que llevaron a cabo un trabajo memorable para nuestro país, y para el mundo, sin hacer uso de las armas. «Hay militares, religiosos, reyes, académicos, personas del día a día...», señala.

Grandes héroes

Entre los personajes que aborda en el libro destacan algunos como Alonso de Salazar y Frías, el inquisidor que consiguió detener la fiebre del acoso a las brujas en España tras los tristemente populares procesos de Zugarramurdi (siglo XVII). «Este religioso creó un informe contrario a los juicios que la Inquisición hizo suyo. A partir de entonces, mientras que en otros países se siguió condenando a decenas de hechiceras, en España se detuvo la persecución porque se consideraba contraria a la razón y a la lógica», explica el autor.

También se desvela en la obra la aportación a la medicina de Fidel Pagés Miravé (quien inventó la anestesia epidural para tratar a los heridos en la Guerra de Marruecos) o la del diplomático español Ángel Sanz Briz (que salvó a miles de judíos de las garras del nazismo en la Segunda Guerra Mundial).

Miembros de la misión española en Vietnam
Miembros de la misión española en Vietnam - ABC

Para Santamarta, ellos y otros tantos fueron héroes que han sido olvidados por culpa de nuestro país: «Ahora nos encontramos en un nuevo 98, un momento en el que hay una gran desafección por un pasado que miramos de forma aviesa. Nos hemos creído esa leyenda negra que nos ha convencido de que nunca hemos tenido héroes, de que siempre hemos sido unos salvajes, pero es algo totalmente falso». En palabras de este versado autor, mientras que otros países como Francia han unido fuerzas para «crear héroes, en muchos casos de la nada», por estos lares no hemos sabido reivindicar a nuestros grandes personajes.

En sus palabras, además, hemos despreciado a algunos personajes tan ilustres y queridos en su época como Alfonso XIII. «Este rey puso dinero de su bolsillo para crear una Oficina Pro-Cautivos que buscara a presos desaparecidos de uno y otro bando durante la Primera Guerra Mundial. Eso le llevó a ser nominado al Premio Nóbel de la Paz, pero aquí no le recordamos por ello», completa.

Misión secreta

De entre todas las historias que ha investigado y pulido Santamarta durante dos años, una de las más destacables es la de los sanitarios que fueron mandados a Vietnam en lo que, a la postre, fue la primera misión de paz de nuestras Fuerzas Armadas en tiempos contemporáneos. La conocida como «Misión Sanitaria Española de Ayuda a Vietnam del Sur» se formó después de que el mismísmo presidente Lyndon B. Johnson enviara una carta a Francisco Franco solicitándole la ayuda militar de nuestro país.

La idea no agradó al antiguo Jefe del Estado quien, como ya hiciera dos décadas atrás durante la Segunda Guerra Mundial, encontró una solución intermedia solicitando voluntarios dispuestos a jugarse el tipo como enfermeros militares en el delta del Mekong. Así, en 1966 partieron hacia Saigón doce españoles. El preludio de un contingente que se renovó una y otra vez hasta que abandonaron la zona en 1971.

Puerta de acceso a la misión española en el delta del Mekong
Puerta de acceso a la misión española en el delta del Mekong - ABC

Ataviados con uniforme norteamericano (aunque «con el escudo español cosido por ellos mismos», como recuerda Santamarta), los sanitarios atendieron a cientos de pacientes. Un 70% de ellos del Vietcong, lo que les granjeó el cariño de esta facción. Los que más veces pasaron por sus manos fueron niños afectados por paludismo cerebral. «Debido a la gran cantidad de malformaciones congénitas, como la del labio leporino, el área de pediatría empezó a ser tan importante o más que la relacionada con los heridos o mutilados como consecuencia de las ametralladoras, los bombardeos o las minas», añade el autor en su obra.

Su lucha por salvar vidas de cualquier bando provocó que, en una ocasión, tuvieran que hacer frente a una situación casi esperpéntica. Todo ocurrió en febrero de 1968 tras un ataque erróneo de los «Charlies» en plena Ofensiva del Tet al hospital regentado por españoles (asalto en el que resultaron heridos los suboficiales Joaquín Baz y Ramón Gutiérrez). Los miembros del Vietcong se mostraron tan arrepentidos por aquel fallo, y admiraban tanto a nuestros hombres, que posteriormente se dedicaron a detener todos los vehículos en los que había sanitarios peninsulares para pedirles disculpas por lo sucedido.

Médico español en Vietnam
Médico español en Vietnam - ABC

Sus vicisitudes en la Guerra de Vietnam estuvieron ocultas hasta que el ABC desveló su existencia. «El jefe de la misión escribió una carta al diario para que España se diese cuenta de su labor».», completa Santamarta. Posteriormente se publicaron varias crónicas sobre los sanitarios escritas por Luis María Anson para el mismo ABC.

Aquellos valientes españoles no regresaron a la Península en 1971 como héroes. Todo lo contrario. «No se les reconoció. No se les dio ni una medalla. Hicieron una labor excepcional, pero cuando llegaron a España se marcharon olvidados a sus casas. Y eso, a pesar de que estuvieron haciendo un increíble trabajo humanitario sin preguntar para quien era. Con todo, se ganaron un cariño y un aprecio por parte de la población local que luego se ha repetido en todas las misiones internacionales que se han producido en Bosnia, Afganistan, Iraq, Diwaniya, Libano...», finaliza Santamarta.

Cuatro aportaciones olvidadas

1-Los derechos humanos

«España fue quien creó el derecho internacional humanitario con las Leyes de Burgos. Unas normas con las que reguló la conquista y abolió la esclavitud. Nacieron gracias Isabel la Católica, que entendió que los habitantes del Nuevo Mundo eran sujetos de derecho. Ni en el imperio francés ni en el británico llevaron a cabo una labor reguladora como la que se hizo en España con las Leyes de Burgos», dice Santamarta.

2-Epidural

Durante la Guerra de Marruecos los sanitarios tenían que enfrentarse con un instrumental muy básico a heridas terribles. Las operaciones eran muy dolorosas y el sistema ideado para rebajar el sufrimiento, sumamente peligroso (pues se basaba en dejar inconsciente a los pacientes con cloroformo). En ese contexto, el médico militar Fidel Pagés estudió la posibilidad de llegar con una punzada hasta la vértebra con el objetivo de dejarla insensible. «Inventó la anestesia epidural, la cual garantizaba al cirujano que su paciente se encontraba en buen estado durante el proceso debido a que no le dormía por completo. Gracias a su avance, se pudo tratar a los heridos de forma mucho más sencilla», señala el autor.

3-Economía actual

«La Universidad de Salamanca supuso un antes y un después para el derecho internacional humanitario y para la economía.En esta escuela se crearon las primeras teorías serias sobre el mercado y se trataron temas como la inflación, el valor y el precio. Cuando los economistas anglosajones descubrieron esto quedaron asombrados. No entendieron cómo podía estar ya estudiado y tan avanzado», destaca Santamarta.

4-La vacuna contra la viruela

Francisco Javier de Balmis (1753-1819), el médico personal de Carlos IV, fue un pionero en la lucha contra las enfermedades a nivel global. En 1803 partió en la corbeta «María Pita» con el objetivo de vacunar contra la viruela a la población de América, China y Filipinas. La expedición contaba con la colaboración de 22 huérfanos inoculados con este mal.