El escritor sueco David Lagercrantz, fotografiado en Segovia poco después de la entrevista
El escritor sueco David Lagercrantz, fotografiado en Segovia poco después de la entrevista - EFE

David Lagercrantz: «Respeto a quienes escriben veinte libros sobre el mismo tema, pero no lo soporto»

El autor sueco presenta en España «El hombre que perseguía su sombra», segunda entrega que escribe de la saga Millennium creada por Stieg Larsson

SegoviaActualizado:

Qué mejor sitio que la antigua cárcel de Segovia, reconvertida en centro de creación cultural, para presentar la nueva entrega de la serie «Millennium», la segunda que escribe el autor sueco David Lagercrantz. Dos años después de afrontar, con bastante respeto y no pocos reparos, el encargo del padre y el hermano pequeño de Stieg Larsson, albaceas de su obra, de que continuara la saga creada por éste, Lagercrantz se muestra más seguro de sí mismo y de sus personajes. El miedo que antes sentía hacia Lisbeth Salander se ha convertido en amor incondicional, y la distancia que le separaba de Mikael Blomkvist ha sido salvada, hasta el punto de trasladar rasgos de sí mismo a la personalidad del intrépido periodista.

Como consecuencia, en «El hombre que perseguía su sombra» (Destino) Blomkvist es algo menos promiscuo, ha dejado de fumar y prefiere el buen vino a la cerveza. Si en su debut como sucesor de Larsson ABC acompañó a Lagercrantz en Estocolmo (Suecia), en esta ocasión hemos compartido con él viaje a la capital segoviana y charla antes de acabar «entre rejas». Recién llegado de Venecia, apenas pasará 24 horas en España: hoy se traslada a París y la semana que viene estará en Estados Unidos. «¿Y mi colada? ¡Tengo un montón de colada!», se queja el escritor a su agente, víctima de una agenda infernal. Son los pros y los contras de haber vendido seis millones de ejemplares (según cifras de su editorial) en todo el mundo: eres una estrella literaria, sin ropa limpia en la maleta.

¿Por qué nos empezamos hablando de cómo ha cambiado su vida en estos dos últimos años?

Ha cambiado de muchas maneras. Ahora esta es mi vida: hablar con los periodistas. Espero ser la misma persona, pero la fama y el éxito te cambian porque la gente te ve de manera diferente e, inconscientemente, empiezas a actuar de forma diferente. Pero espero que eso me haya hecho ser mejor persona. Si no hubiera tenido éxito con la primera entrega, ahora estaría ansioso por tenerlo… Ahora que lo pienso, espero no estar demasiado obsesionado por hablar todo el tiempo de mí [ríe]...

¿Pero está obsesionado?

No, intento no estarlo. Por eso la he preguntado cómo la ha ido en este tiempo, desde que nos vimos en Estocolmo, Intento interesarme por la gente, porque todo el mundo quiere que hable de mí. He visto a muchas personas, aunque no diré nombres, que se comportan de manera horrible después de un gran éxito.

Hablando de hacer preguntas y responderlas, ¿echa de menos el periodismo?

Lo echo de menos, sí, pero no creo que lo haya perdido, porque lo uso. Cuando escribes buen periodismo, debes usar técnicas literarias y cuando escribes buena ficción debes usar investigación periodística. Y aún trabajo como un periodista. Me apasiona el periodismo. Ahora el periodismo es más importante que nunca: hay mentiras, desinformación, un presidente de EE.UU. que nos dice que los periodistas son los enemigos del pueblo... ¡Es terrible! El lema de Trump era: «Hagamos América grande de nuevo». Y yo digo: «¡Hagamos grande al periodismo otra vez, convirtamos a los periodistas en héroes de nuevo, porque son vitales para la democracia!».

Sólo hay un problema: la falta de dinero.

Es cierto: los medios de comunicación se desangran. Por eso voy a financiar una asociación, dentro del Fondo para el Periodismo de Investigación, para premiar y apoyar a periodistas que quieran profundizar e investigar. Porque en el periodismo tenemos que ser rápidos, pero también lentos, como Mikael Blomkvist.

No sólo importa el cuándo, también el qué. El contenido es fundamental.

El contenido es absolutamente importante. Hay que ser crítico con las fuentes.

Ha mencionado a Blomkvist. Me pregunto qué le ha aportado a usted un personaje así.

Bueno, creo que... me veo reflejado en él de muchas maneras.

¿De qué maneras?

Lo veo como un ejemplo muy importante, porque no solo excava más profundo, sino que tiene una pasión moral por la injusticia, por la gente que es débil y que es una víctima.

¿Y qué me dice de Lisbeth Salander?

Es una chica a la que la sociedad intenta aplastar, pero en vez de debilitarse, se ha fortalecido. Nos enseña que nos podemos hacer más fuertes, incluso si lo estamos pasando muy mal. Además, es un muy buen ejemplo para las chicas jóvenes que intentan agradar a los chicos todo el tiempo.

También es un modelo peligroso.

Bueno, la gente perfecta no es interesante.

Especialmente en la literatura.

Exacto. Digamos que Lisbeth Salander es una «mujer cowboy», pero con mejores valores.

Háblame de su obsesión por el dragón que ella lleva tatuado.

Mi misión es responder a las preguntas que Stieg Larsson no tuvo tiempo de hacerse. Lo más importante es el dragón, me obsesionaba. Le di vueltas a cómo sobrevivió Lisbeth Salander cuando la encerraron en un hospital psiquiátrico. Pensé en el dragón y que un día el dragón se levantaría y se vengaría.

¿Qué ha cambiado en este libro?

He sido más valiente, porque estaba muy asustado en la primera novela. Tengo dos complejos con Stieg Larsson: de calidad y de cantidad. Además, quería escribir con un estilo diferente, más duro. Como escritor, intento conquistar nuevas formas de escribir.

Eso, al menos, lo ha conseguido: el estilo es completamente diferente.

Creo que sí. No sé si soy buen escritor o no, otras personas lo tienen que decir. Pero sé que tengo la capacidad de escribir de maneras diferentes. Mi hermana es una actriz muy famosa en Suecia y siempre la he envidiado porque siempre he querido ser actor.

Si algo ha hecho la saga Millennium ha sido poner el foco sobre cierta delincuencia que permanecía soterrada. Estos libros son una advertencia.

Cuando Stieg Larsson empezó a escribir, los hackers eran unos tipos que estaban sentados en un sótano haciendo cosas estrambóticas. Ahora, los peores ataques informáticos los hacen los Estados. Sabemos que los hackers rusos influyeron en las elecciones estadounidenses y pusieron a un loco en la presidencia. Lo que necesitamos, sin duda, son hackers del otro bando. Necesitamos tener a buenas personas luchando porque ahora Rusia sabe que la guerra digital es posible. Vivimos una especie guerra. Escribir un libro es una misión y yo quería enseñar algo.

Es que, de lo contrario, escribir no vale la pena.

Exacto, no vale la pena. Vivimos el periodo más peligroso que he visto en toda mi vida: las fuerzas antidemocráticas, la intolerancia, la guerra de los hackers, la crisis de los medios de comunicación y las mentiras.

¿Qué cree que pensaría Stieg Larsson de sus libros?

Eso no lo sé. Es muy difícil hablar de un muerto. Creo que, en primer lugar, le sorprendería el éxito, porque no se lo creería. En su época, algunas personas pensaban que era un lunático que luchaba contra los nazis y contra la extrema derecha. Pero vio lo que se avecinaba, lo vio venir antes que nadie.

Escribirá un último libro de la serie y «finito».

Sí, uno más y se acabó. Para mí es importante hacer otra cosa para poder evolucionar como escritor. Respeto a los escritores que escriben veinte libros sobre el mismo tema, pero no lo soporto. Necesito nuevos retos. Con la literatura debes sentir lo mismo que con el amor: si hay pasión, ve a por ello.

[Lee el primer capítulo de «El hombre que perseguía su sombra»]