César Manrique: 365 días para revisitar al genio total

Lanzarote celebra a partir de hoy el centenario de su hijo más universal. Se revisita su obra, se recupera su mensaje ecologista y se desempolvan los recuerdos que guardan sus amigos

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Lanzarote celebra a partir de hoy el centenario de su hijo más universal, César Manrique (1919-1992), una efeméride que servirá durante los próximos 365 días para revisitar su obra, recuperar su mensaje ecologista y desempolvar los recuerdos que guardan los amigos de este «genio total», de personalidad arrolladora.

La Fundación que lleva su nombre y el Cabildo de Lanzarote han programado en torno al artista y su obra doce meses de exposiciones, conferencias y publicaciones, a las que se suma desde Gran Canaria la propuesta del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) «Universo Manrique», una amplia retrospectiva dedicada al pintor.

Un viaje por las creaciones de César saca a la luz la obra de alguien tan encaprichado en exaltar la naturaleza que llega a desarrollar un arte ecologista cuya cúspide puede apreciarse en espacios como los Jameos del Agua o El Mirador del Río.

Imagen de los Jameos del Agua, espacio construido por César Manrique en 1968
Imagen de los Jameos del Agua, espacio construido por César Manrique en 1968 - EFE

Y los recuerdos de sus amigos rescatan a un Manrique de personalidad arrolladora, con un gran sentido de la amistad y el humor, así como al personaje incómodo para algunos, por su capacidad para convencer a la gente de Lanzarote, una isla sin grandes perspectivas económicas en aquellos momentos, de la amenaza que suponían los que llegaban con maletines y promesas de desarrollo.

Los hermanos Millares

Cuando en 1936 estalla la Guerra Civil, la contienda arrastra a Lanzarote a los Millares Sall, una familia de artistas de Las Palmas de Gran Canaria. Y ello permite a César entablar amistad con Agustín, José María, Jane y Manuel Millares, jóvenes portadores de información sobre un arte y una cultura que Manrique desconocía.

La pintora Elvireta Escobio es la viuda de Manolo Millares, el pintor del grupo El Paso con el que César mantuvo una férrea amistad hasta que Manrique falleció en 1992 y con el que contó para la construcción del Taro de Tahíche, la creación del Museo Internacional de Arte Contemporáneo o el libro sobre arquitectura popular de Lanzarote.

«Lo conocí muy jovencita, a través de Manolo. César fue un personaje importantísimo, era enorme... No solo fue un gran pintor, sino también cubría otras muchas facetas como la de urbanista», recuerda la artista.

Ahora un libro recoge la correspondencia entre Millares y Manrique y en ella aparecen cartas, explica Elvireta, «en las que César le cuenta sus impresiones sobre Nueva York», donde residió desde 1965 a 1968, o aflora sus recuerdos de infancia en Lanzarote. Pero, sobre todo, en esas cartas plasman la admiración que se profesaban.

El mundo en torno a César

El escritor y periodista Juan Cruz era redactor del «El Día» cuando conoció a Manrique a principios de los setenta, durante una visita al Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde construyó el Lago Martiánez.

Lago Martiánez de Puerto de la Cruz (Tenerife)
Lago Martiánez de Puerto de la Cruz (Tenerife) - EFE

Cruz recuerda a su amigo como una persona franca y muy abierta: «Todo el mundo giraba en torno a él, pero no diría yo que era egocéntrico, sino entusiasta. Creía tener una fuerza poderosa para cambiar el mundo».

Su dedicación al paisaje y al ecologismo tal vez haya dejado oculta la valía de Manrique como artista plástico, «pero su trabajo con la tierra y los dibujos de fantasías son consecuencia de un entusiasmo por ver o hacer ver como hay pocos en la historia del arte del siglo XX en Canarias», subraya el escritor.

Y lo compara con el también pintor canario Pedro González. «Los dos crearon una nueva estética de la naturaleza partiendo de ella y haciéndola vivir como surrealismo, realismo mágico».

En 1974, con Franco aún vivo, César y su amigo Pepe Dámaso abrieron en Arrecife el centro El Amacén, un espacio que revolucionaría la cultura insular con propuestas atrevidas que abrían Lanzarote al mundo de las vanguardias.

El Almacén se inauguró con una exposición de Manrique y Dámaso, que se vestían con unos monos azules inspirados en La Barraca para acudir cada tarde a ese centro, que luego acogió debates sobre las vanguardias, África o el comunismo; exposiciones de Óscar Domínguez, Jim Dine o Clyfford Still o la primera videocreación hecha en Canarias.

Severo Sarduy, Alberti o Francisco Nieva visitaron El Almacén durante su paso por la isla. «Hizo de faro para su generación y generaciones más jóvenes», manifiesta Juan Cruz, en alusión al interés que despertaban sus propuestas entre los lanzaroteños.

Y atraídos por ese faro, también llegaron hasta Lanzarote personalidades como Nuria Espert.

El genio total

La actriz conoció a César a principios de los setenta durante una gira de «Yerma» por el archipiélago. A partir de ahí, nació «una relación buenísima, cada vez que iba a actuar a Canarias venía a verme», recuerda.

Invitada por Manrique viajó a Lanzarote junto al director teatral Víctor García. Espert comenta la relación que se creó entre Manrique y el director de montajes ya clásicos del teatro español como «Yerma», «Divinas Palabras» o «Las criadas de Genet»: «Se admiraban mutuamente muchísimo».

La actriz relata que en esa visita a la isla se dio cuenta de que estaba «al lado de un genio total, alguien con una visión de futuro extraordinaria y una voluntad decidida de luchar para que nadie estropeara aquello que la naturaleza había hecho».

Espert visitó el Taro de Tahíche, la casa que César construyó sobre unas burbujas volcánicas, hasta donde llegaron siguiendo su faro Rafael Alberti, Pedro Almodóvar, Juan de Borbón, Hussein de Jordania, José Hierro, Pedro J. Ramírez o Agatha Ruiz de la Prada. «Era un pedazo de naturaleza hecha vida y decoración», recuerda.

En aquellos viajes a Lanzarote, los invitados de Manrique veían la isla «con sus ojos y eso nos hacía sabios a nosotros también», explica la actriz, quien destaca de César, sobre todo, el concepto de amistad, para él «tan importante como respirar».

Las manos de Manrique

Santiago Hernández fue durante casi tres décadas las manos de César. Este soldador del Cabildo, hoy ya jubilado, comenzó a trabajar con el artista durante la construcción de los Jameos del Agua en los sesenta.

Las manos de Santiago están en cada una de las papeleras, ceniceros o esculturas que Manrique realizó a partir de restos de hierro y otros metales en unos tiempos en los que aún no se hablaba de reciclaje en Lanzarote.

De los bocetos de César y de las manos de Santiago salieron también los Juguetes del Viento, unas esculturas de hierro compuestas de esferas, círculos, pirámides... que con el alisio cobran vida.

Hoy Salvador se muestra orgulloso de haber oído que César murió feliz después de haber visto cómo había quedado el primer módulo de un Juguete del Viento que planeaba llevar a Estados Unidos.

«Después de hablar conmigo tuvo el accidente de tráfico», recuerda Santiago. Eso ocurrió el 25 de septiembre de 1992 y la escultura se terminó, pero jamás llegó a Estados Unidos.