Pablo Paz - Arando en el mar

Manrique y Lanzarote: naturaleza y arte

No todo el público sabe que los Escarrer en Meliá siempre han sido grandes defensores de la obra plástica y paisajística de César Manrique

Pablo Paz
Las Palmas de Gran Canaria Actualizado: Guardar
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Es casi imposible referirse a Lanzarote, la isla más septentrional y oriental de las islas del archipiélago canario, sin mencionar a César Manrique (1919-1992); ya que su huella personal, artística, urbanística y paisajística, forjaron el modelo actual de intervención en el territorio canario en general y en el lanzaroteño en particular, que quedaron reflejados en sus diseños y propuestas de una arquitectura y paisajismo en claves de sostenibilidad, con la intención insoslayable de salvaguardar el patrimonio natural y cultural de su amada isla conejera.

Porque Cesar Manrique fue sobre todo un artista global; y aunque se movía entre la vanguardia y el academicismo, el mismo se consideraba un artista del pueblo, y fue capaz de devolverle a ese pueblo todo lo que éste le dio: cariño, respeto, consideración, admiración, comprensión, confianza, esperanza y anhelos. Es más, gracias a sus iniciativas reivindicativas sobre el modelo territorial y, sobre todo, a sus resultados obtenidos a través de sus diversos lenguajes creativos, contribuyó en buena medida a que Lanzarote fuera declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1993.

Y fue así porque el artista consideraba que la cultura y el arte o eran populares o no eran ni una cosa ni la otra. Y si bien es verdad que no existe el recuerdo sin nostalgia, siempre nos quedará la esperanza de que Cesar Manrique permanece entre nosotros a través de sus obras y, gracias a su Fundación, que contribuye a impulsar y difundir su actividad artística, no perdemos la esperanza de seguir luchando porque los diseños y construcciones que actualmente se lleven a cabo respeten la voluntad de integración, sostenibilidad y respeto con el entorno natural. Pero Cesar Manrique no sólo nació y vivió en Lanzarote, no sólo fue un hombre «de pueblo» cuya sensibilidad y diversidad creativa intentó que se mantuviera intacta y fiel con su compromiso social, sino que fue un hombre de mundo: estudió en Madrid en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y vivió y trabajó en Paris y Nueva York, además de haber expuesto sus obras en las mejores salas de exposiciones del mundo. Pero aún así, no todo el público sabe o conoce que su obra plástica se extiende también al arte público, a la arquitectura y al paisajismo; habiendo obtenido numeroso premios por sus proyectos y diseños.

Precisamente una de sus obras tal vez menos conocidas para el gran público pero más reconocidas internacionalmente son los jardines colgantes del gran hotel Meliá Salinas inaugurado en 1977 y situado en Costa Teguise; hotel cuyo diseño racionalista fue obra del gran arquitecto madrileño Fernando Higueras (1930-2008). Proyecto que en 1979 le fue otorgado el Premio Internacional de Arquitectura. Ambos supieron planificar un hotel de lujo, el primero en la isla, que plasmara sobre el terreno el concepto que uno y otro tenían sobre la necesidad de hacer realidad los valores medioambientales y el respeto al paisaje y la integración debida al entorno. Posteriormente, en 1988, el arquitecto Álvaro Sans, y siguiendo los parámetros de ambos maestros, diseñó las villas de lujo que se asientan en un exótico oasis.

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