Baricco, fotografiado en la azotea de La Pedrera
Baricco, fotografiado en la azotea de La Pedrera - Efe

Alessandro Baricco: «Otro Auschwitz sería hoy posible, sí, pero no sin que la gente lo supiera»

El escritor italiano analiza y reconstruye la revolución digital en «The Game»

Barcelona Actualizado: Guardar
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Al poco de arrancarse con la escritura con «The Game» (Anagrama), Alessandro Baricco (Turín, 1958) confecciona una lista de cosas que hace veinte años no existían y ahora sí y enumera, uno a uno, nombres que marcan rutinas, gobiernan destinos y, en fin, ocupan una gran parte de nuestro día a día. Nombres como WhatsApp, iPhone, YouTube, Instagram, Netflix, Spotify o Airbnb, entre muchos otros, que han acabado moldeando a conciencia la percepción de la realidad. «Cabe preguntarse en qué demonios ocupábamos antes nuestros días. ¿Hacíamos puzles de los Alpes suizos?», se pregunta, socarrón, el escritor italiano en las páginas de un libro que, doce años después de «Los bárbaros», reconstruye la revolución digital y mide el impacto de tamaño big bang tecnológico en el ser humano.

«No es un ensayo, es un thriller arqueológico;el viaje de un hombre que descubre unas ruinas, hace sus excavaciones e intenta entender cómo era esa civilización que construyó unos palacios llamados Google, Amazon o Youporn», detalla el autor de «Seda», para quien gran parte de los cambios que se han producido en las últimas tres décadas se resumen en el ahínco con el que el ser humano ha intentado huir de su propio pasado. «Estábamos todos en estado de shock después de lo que había pasado en el siglo XX. Nuestros padres y abuelos habían visto el horror y no queríamos repetir la misma experiencia, así que el instinto era huir», explica en La Pedrera de Barcelona, donde ayer participó en el ciclo «Conversaciones».

Escapar del siglo XX

Huir del «desastre» y también de quienes lo habían hecho posible. «El siglo XX fue el siglo de las élites. La bomba atómica, por ejemplo, fue cosa de unos pocos: una docena de personas decidieron crearla, un centenar de científicos la desarrollaron y menos de diez hombres decidieron lanzarla sobre Hiroshima», detalla. El siglo XXI, en cambio, es el de la hiperconectividad y el trabajo en red; el de la información que, para bien y para mal, circula sin freno, y el de todo un mundo al alcance de un clic. «Amazon, Google, Wikipedia... El mundo digital hace saltar por los aires la mediación y, por tanto, a los expertos. Hay un resentimiento hacia las élites por lo que hicieron en el siglo XX», insiste.

Con todo, advierte Baricco, la revolución digital no es un antídoto contra el horror, sino que generará sus propios desastres. Diferentes a los del siglo pasado, sí, pero desastres al fin y al cabo. «Hoy en día podríamos hacer otro Auschwitz, sí, pero sería imposible hacerlo sin que la gente lo supiera», ilustra. Entre las nuevas miserias que aguardan bajo la alfombra digital, el autor de «Mr. Gwyn» baraja la expansión de los populismos, el auge de las noticias falsas y el resurgir de cierto nacionalismo de corte nostálgico, pero ni siquiera eso parece inquietarle demasiado.

«El italiano que ahora dice eso de que los italianos primero y que ha descubierto nuevas formas de patriotismo es el mismo que cena sushi, consume series americanas y el fin de semana viaja a Ámsterdam en un vuelo “low cost”. Quítale algo de eso en nombre de alguna frontera y verás». Y es que las fronteras no significan hoy lo mismo que hace un siglo, cuando la gente se mataba por un terruño y unos cuantos matojos. «Parece que haya una nostalgia de las fronteras, pero no se puede decir que sea la tendencia generalizada. Hay muros como el de Trump en la frontera mexicana y los de Israel y Hungría que impresionan, pero hemos sido capaces de derribar muchos otros muros», explica.

Será esto a lo que se refiere Baricco cuando asegura que «The Game» no es un libro optimista ni pesimista, sino la captura «de un momento de lucidez», el mismo que le permite relativizar los posibles efectos adversos que pueda tener la sobreexposición tecnológica. «No olvidemos nunca que a mediados del siglo XIX los médicos prohibían las novelas a las mujeres exactamente por las mismas razones por las que hoy estamos preocupados. Y hoy en día fomentamos la lectura en las escuelas y empujamos a los niños a leer novelas», recuerda.