Mi madre: Ana María Matute
Ana María Matute, en una imagen de archivo - AFP

Mi madre: Ana María Matute

La joven autora barcelonesa, considerada por muchos como la heredera natural de la premio Cervantes, se despide de su «madre» literaria

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En mi familia hay un vacío y debería haberlo ocupado, durante toda la vida, una mujer que no he conocido nunca. Su nombre es Ana María Matute: es experta, porque todos los familiares son expertos en algo, en contar las cosas que no se pueden contar. Me refiero a que puede contar, por ejemplo, el agua, y también el amor. Lo incontable. Hay un vacío familiar en los Díaz y es porque nunca se sentó a nuestra mesa una mujer capaz de mezclar el horror y la ternura en una sola mirada. En mi familia nadie gesticula cuando habla como lo haría esta mujer que tanto añoramos en las reuniones, en las sobremesas familiares.

Se me ha ido parte de mi familia sin que mi familia lo sepa, sin que la echen de menos. La he estado buscando todo el tiempo -he querido su complicidad cuando me he dispuesto a reunir aguas y amores para que Ana María Matute me los contara, a ver si así los entiendo de una vez.

Y cuando en Navidad estamos todos juntos y hablamos de las cosas que se hablan, nos falta una persona, siempre nos falta una persona, y nadie gesticula en mi familia cuando habla, ni se ríe como se ríen los que saben llorar. No sé dónde está, ni cuánto tiempo falta para que nos reunamos, porque en mi familia contamos cualquier cosa salvo el tiempo.

Sé que existe una criatura en el mundo capaz de hacer lo que ninguna otra criatura sabe hacer: hablar sin rencor de la guerra, de la muerte, del desamor, de la tragedia, del desamparo, de la infancia. Es una criatura inigualable, y la espero para cenar todas las noches. Me permito hacerles un ruego: por favor, créanse esta historia. Créansela porque me la he inventado para mi madre: Ana María Matute.