John Banville: «La ficción consiste en soñar mientras estás despierto»
El escritor John Banville, poco después de la entrevista en un hotel de Madrid - IGNACIO GIL

John Banville: «La ficción consiste en soñar mientras estás despierto»

El escritor irlandés resucita al detective Marlowe de Raymond Chandler en «La rubia de ojos negros», la última novela de Benjamin Black, su álter ego «noir»

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Hace tres años, el agente de John Banville (Wexford, 1945) le propuso resucitar al famoso detective Philip Marlowe de Raymond Chandler (1888-1959). En aquel momento, el escritor irlandés no quiso, pero el verano pasado Banville se lo pensó mejor y recurrió a su álter ego «noir» Benjamin Black para tamaña empresa. El resultado es «La rubia de ojos negros» (Alfaguara), una novela en la que el genio de Banville/Black sumerge al detective en una nueva aventura en Bay City.

—¿Por qué aceptó el reto de resucitar a Philip Marlowe?

—¿Quién no lo haría? Me preocupaba tener que utilizar la voz de Raymond Chandler, que es única y muy especial. Pero cuanto más fuerte es el estilo más fácil es imitarlo. No sería capaz de imitar a Coetzee porque no tiene estilo.

—¿Cómo logró meterse en la piel de Raymond Chandler?

—He leído sus libros desde mi adolescencia, sabía cómo escribía. Todas las series de televisión actuales, sobre todo las de la HBO, salen de la obra de Chandler. Tienen un personaje fuerte, otros secundarios interesantes y argumentos increíblemente complejos, con diálogos graciosos. Todo eso viene de Chandler. Incluso los que no han leído sus libros se benefician de la revolución que Chandler trajo al género negro.

—¿John Banville habría sido capaz de resucitar a Chandler?

—No.

—¿Por qué?

—Porque Banville escribe otro tipo de ficción, completamente diferente. Escribe muy lentamente y requiere mucha concentración. La novela negra tiene que escribirse de forma espontánea, arriesgada, dejar que las cosas surjan.

—¿Con qué espíritu escribió «La rubia de ojos negros»?

«Marlowe es tan poco real como el Rey Arturo, pero es igualmente realista»—El personaje de Philip Marlowe que Chandler describe parece realista, pero de cerca es todo una fantasía. Hoy no podría existir un hombre como Marlowe, que cree en la justicia, es valiente, piensa en hacer lo correcto, no miente. Es tan poco real como el Rey Arturo, pero es igualmente realista. Es la extraña magia de la ficción: sabes que es una fantasía y, sin embargo, te lo crees.

—¿Se imagina a algún escritor resucitando a Quirke, el protagonista de las novelas de Benjamin Black?

—Es una idea bonita. Me parecería muy divertido, porque sería completamente diferente. Cuando empecé con este libro tenía grandes planes para modernizar a Marlowe, darle matices... Pero cuando leí los libros de Chandler pensé: ¿por qué voy a reescribir nada? El caso es que sé que lo escribí el verano pasado, pero no lo recuerdo. Y eso fue por qué utilicé la voz de Chandler.

—Y si tuviera que escoger a un escritor para que resucitara a Quirke, ¿quién sería?

—Mi amigo Richard Ford podría escribirlo. Dudo que quiera hacerlo, pero podría. No me imagino qué escritor de novela negra podría hacerlo. Quirke es mucho más específico respecto al tiempo y al lugar que Marlowe. Todos creemos que conocemos Los Ángeles por las películas, pero si hablamos de los años 50 es un lugar desconocido.

—Escribió la novela en Dublín en pleno verano. ¿Cómo se documentó para reinventar Los Ángeles?

— Me lo inventé.

—Ese es el secreto de la ficción.

«No quise imitar a Chandler, solo capturar su espíritu»—Sí, lo inventamos todo. La imaginación lo es todo. Inventamos distintos mundos. Solo hay que pensar en los mundos que inventamos en nuestros sueños. Podemos inventar sitios, tener aventuras increíbles… Todo mientras dormimos. La ficción consiste realmente en soñar mientras estás despierto.

—¿Qué es lo que atrae a un escritor de un personaje que no ha creado?

—Es una buena pregunta. Me preocupaba porque era un personaje inventado por otra persona y no sabía si tendría que cambiarlo completamente para hacerlo mío. Pero vi que era muy bueno copiando. No quise imitar a Chandler, solo capturar su espíritu.

—La ficción, en los últimos años, se ha trasladado a un género muy distinto como es el de las series televisivas. ¿Qué opinión le merece?

—La ficción siempre es fantástica. Las series de Netflix o HBO están haciendo ahora las obras que antes hacían los escritores. Los autores están al mando, el guión lo es todo. Y eso es deprimente para los escritores, porque no podemos competir. No se puede hacer una segunda lectura de las series, porque una vez visto el argumento no queda mucho. En cambio, puedes leer un libro una y otra vez. Es tu imaginación. El proceso de convertir las palabras en imágenes en nuestra cabeza es extraordinario y mucho más difícil que sentarte en el sofá a ver la televisión. Yo creo que las series influyen en la novela y viceversa.

—¿Cómo se consigue hacer algo nuevo en un género tan lleno de tópicos como la novela negra?

—Lo maravilloso de este género es trabajar con los tópicos y hacer algo nuevo con ellos. La vida está llena de tópicos, es el único material con el que podemos trabajar. Alguien que escribe una novela normal también está trabajando con tópicos.

—La ficción está llena de tópicos.

«Chandler elevó la novela negra a la categoría de obra de arte»—Sí, por supuesto, porque la vida está llena de tópicos. La buena ficción aporta una visión nueva del material viejo. Se ve desde otra perspectiva, iluminada por otra imaginación. Por eso la ficción es una obra de arte. Chandler elevó la novela negra a la categoría de obra de arte, no al arte más alto, pero sí a obra de arte. Eso es un gran logro.

—¿Qué será lo siguiente: una novela de Banville o un libro de Black?

—Estoy escribiendo un libro de Banville, pero son como ríos, van lentamente y luego acaban en el mar. A lo mejor este verano escribo un libro de Benjamin Black. Voy a escribir uno ambientado en la época actual, lo cual es aterrador, porque los últimos 50 años he estado encerrado en una habitación escribiendo, así que no sé nada de la actual sociedad.

—¿Es la ficción una vía de escape?

—No, para nada. La buena ficción es completamente realista. Habla del mundo tal y como es, incluso del siglo XV o del futuro. La buena ficción intensifica la sensación de estar vivo.