«Los capos describen las cárceles españolas como un balneario»
Estado en el que quedó el vehiculo en el que murieron tras un atentado el juez Falcone, su esposa y tres guardaespaldas en 1992 - abc

«Los capos describen las cárceles españolas como un balneario»

Íñigo Domínguez recoge en «Crónicas de la mafia» la historia y la realidad de esta organización criminal desde sus orígenes hasta hoy. «Ha cambiado muy poco», dice

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A un mafioso peligroso al que se logra meter entre rejas en Italia, tras un siempre tortuoso proceso judicial salpicado de presiones, amenazas y testigos desaparecidos, se le aplica un severo régimen penitenciario. El 41-Bis, llamado así por el artículo que lo regula, no les permite relacionarse con nadie, ni leer periódicos... se les somete a un aislamiento absoluto «porque si a un capo le dejas, sigue mandando desde la cárcel como si fuera su oficina». Una realidad muy distinta a la de las cárceles españolas, según explica el periodista Íñigo Domínguez. «Hay conversaciones grabadas aquí de capos de la Camorra o la Ndrangueta que describen las cárceles españolas como un balneario». En España pueden hablar por teléfono y seguir dando órdenes en unas prisiones «de lujo» comparadas con las viejas y saturadas cárceles italianas, añade el corresponsal en Roma que recoge años de investigación sobre la cruda realidad de la organización criminal en «Crónicas de la mafia» (Libros del K.O.).

Tampoco aquí existe el delito de asociación mafiosa tipificado en Italia desde el año 1982 que permite enviar a la cárcel a una persona solo por el hecho de pertenecer a la organización. «Los magistrados italianos se quejan mucho de la distorsión con la legislación de fuera, aunque luego la colaboración policial es buena», señala Domínguez.

Un tercio de los mafiosos arrestados en los últimos 10 años han sido detenidos en España. De hecho, es el país donde más miembros de la Camorra han sido capturados en la última década. No hay duda. «Aquí tienen una colonia estable», afirma.

Para los mafiosos, que comenzaron a llegar desde los años 80, España «es un lugar paradisíaco para vivir, muy permisivo tanto en la legislación como en la política penitenciaria». Según explica el autor de «Crónicas de la mafia», las tres grandes organizaciones criminales, la Cosa Nostra siciliana, la Camorra napolitana y la Ndrangueta calabresa, pero sobre todo estas dos últimas han lavado dinero en el mercado inmobiliario y en empresas de todo tipo en la Costa del Sol, Barcelona o Madrid y negocian desde España la entrada de la cocaína colombiana en Europa.

La Ndrangueta, la más importante en estos momentos, domina el tráfico de droga mundial. «Es la más violenta, la más impenetrable», según apunta Domínguez, que añade un dato revelador: el 25% de la población de Calabria está relacionada con la mafia de alguna manera, según los informes de la comisión antimafia del Parlamento italiano.

Entre la Ndrangueta, la Camorra, la Cosa Nostra y la Sacra Corona Unita también llamada «cuarta mafia», hoy más débil, mueven en torno al 5% del PIB de Italia. El volumen de facturación de su negocio es equivalente a la riqueza de Eslovenia o Estonia. «Hablamos de un pequeño Estado casi. Es una realidad increíble», destaca este corresponsal que se propuso contar la historia y la sórdida y terrible realidad de esta organización de criminales. «Cada vez que venía a España todo el mundo me preguntaba por la mafia, si es verdad que se nota, si se ve... Hay una fascinación por la mafia, mucha curiosidad, pero al mismo tiempo una gran ignorancia del fenómeno, de lo que es en sí. Me propuse contarlo desde el origen».

«Nace con Italia y la envenena desde el origen»

La mafia «nace con Italia y la envenena desde sus orígenes hasta hoy» penetrando en las instituciones, en la política... Domínguez relata la creación del Estado italiano en 1860 «muy imperfecto y frágil» y cómo en Sicilia, una isla muy peculiar y problemática, ante la ausencia de autoridad del estado borbónico español, los grandes propietarios de terrenos agrícolas delegan el control del territorio en guardianes y protectores de fincas que se hacían respetar, mantenían el orden y hacían de intermediarios entre el pueblo llano y la aristocracia. Metían miedo a los campesinos, pero también al propio marqués que los tenía a su servicio y al que acababan controlando también.

Así se creó esa «simbiosis extraña», indica Domínguez, que se consolidó como estructura con el progreso y el despegue económico de Palermo. «A partir de ahí se crea una burguesía mafiosa, metida en la política, con tentáculos que llegan hasta el Parlamento de Roma, que corrompe a magistrados y policías, muy difícil de juzgar…. Hasta hoy. Lo curioso es que ha cambiado muy poco. Sigue todo igual».

Aún no está claro el origen del término «mafia» que aparece por primera vez en 1863 en una obra de teatro llamada «Los mafiosos de la Vicaría» (una prisión de Palermo), pero sí se ha avanzado mucho en conocer este fenómeno del que antes no se hablaba. «Las primeras novelas de Leonardo Sciascia son de los años 60 y la primera película es de 1949, «En el nombre de la ley», de Pietro Germi». Domínguez explica que había una omertà (el silencio fruto del miedo), «hasta cinematográfica». No se tocaba el tema.

«La mafia se ha movido siempre en esa niebla de que no existe, de que no se sabe si es una leyenda, incluso de si es una cosa buena porque es una especie de estado paralelo que roba a los ricos para dárselo a los pobres, que hace una especie de justicia social, de asistencia a los débiles… porque esa leyenda también ha existido», añade.

A esta visión de la mafia ha contribuido también el cine, que vio en los gansters italoamericanos un buen material narrativo. Ellos a su vez encuentran en las películas un espejo en el que les gusta reflejarse -«porque son muy vanidosos», apunta Domínguez - y copian expresiones o vestimentas. Mafia y cine se han ido alimentando mutuamente, según analiza el periodista en la segunda parte de su libro. «No hay redada contra la mafia en la que no aparezca un DVD de ' El Padrino', les encanta», asegura.

Famosos gánsters estadonidenses com Lucky Luciano o Vito Genovese aparecen en las «Crónicas de la mafia», así como los temidos capos sicilianos Totó Riina o Bernardo Provenzano, pero también héroes anónimos que se enfrentaron a la mafia y que Domínguez rescata del olvido en su libro. Personas increíbles, como el periodista Peppino Impastato, miembro de una familia mafiosa de Cinisi que usó la sátira y el humor para denunciar en su emisora de radio a los mafiosos de su pueblo con nombres y apellidos en los duros años 70. O el párroco Giuseppe «Pino» Puglisi, beatificado por el Papa Francisco el pasado mayo, que se enfrentó a la mafia desde su púlpito. «Me lo esperaba», dijo con una sonrisa a su asesino antes de morir. «Sabía que estaba condenado porque en Italia luchar contra la mafia es casi condenarse», asegura Domínguez, que recuerda las palabras de policías que murieron en los 90: «hacer en serio este trabajo es saber que vas a morir».

Pruebas y testigos que desaparecen

Muchos de los asesinatos de la mafia aún siguen abiertos porque desaparecen pruebas, matan a un testigo... El asesinato del juez Giovanni Falcone y el de su sucesor Paolo Borsellino en 1992, que conmocionaron Italia, todavía no han sido aclarados. «El maletín de Borsallino, con su agenda roja donde apuntaba todo, desapareció del coche tras el atentado…. así todo», se lamenta el corresponsal que en su investigación se ha topado en múltiples ocasiones con el misterio. «Leonardo Schiachia decía que Italia es un país sin verdad. En sus novelas, el detective intuye la verdad, la sabe, pero no la puede demostrar y se queda ahí, en esa nebulosa. En Italia, por desgracia, casi siempre es así».

A la desaparición de pruebas se suma el hecho de que «apenas tocas un asunto te salen mil: la logia masónica, los servicios secretos... y es todo complicadísimo», añade Domínguez. ¿Con la logia masónica también está relacionada la mafia? «Sí, claro».

«Está todo mezclado», añade el periodista que recuerda cómo «en la Segunda Guerra Mundial los americanos desembarcan en Sicilia con ayuda de la Mafia» y cita otros episodios en los que aparece la sombra de la mafia como el caso del Banco Vaticano, la muerte de Juan Pablo I, Silvio Berlusconi, Giulio Andreotti...

Actualmente se juzgan en Italia las presuntas negociaciones secretas entre Estado y mafia en los 90 para que ésta parara la guerra que había declarado a las instituciones. En el caso de la Trattativa se sientan por primera vez en el banquillo exministros y altos cargos con mafiosos, en un proceso que sigue adelante «con presiones de todo tipo para pararlo, con el magistrado Nino di Matteo amenazado...».

Enfrentarse a la mafia sigue siendo arriesgado aunque Íñigo Domínguez no teme que su libro, que ya va por la segunda edición, le acarree problemas. «No cuento nada que no se sepa. He intentado exprimir todo lo publicado en Italia de libros, sentencias, periódicos… e intentar contar esta realidad criminal».