Janis Joplin en una imagen del documental
Janis Joplin en una imagen del documental

Janis Joplin, una voz poderosa y un corazón roto

Se estrena el documental «Janis», que nos muestra a una cantante tan llena de inseguridades fuera del escenario como de coraje encima de él

MADRIDActualizado:

Se convirtió en la musa del movimiento hippie, cuyo epicentro estuvo enclavado en San Francisco, y más concretamente en el barrio de Haight-Ashbury. Sin embargo, Janis Joplin nació en el lugar equivocado: en un pueblo de Texas llamado Port Arthur. Un entorno hostil para cualquier persona de ideas, vestimenta, raza o comportamiento diferentes a los de la mayoría blanca, religiosa y conservadora. Es difícil crecer bajo esa mirada que te grita que eres un bicho raro. Sobre todo si esa mirada procede también de tu propia familia.

Es en este aspecto en el que más incide «Janis», el documental de Amy Berg («Líbranos del mal», «Oeste de Memphis», «Un secreto a voces») en la fragilidad e inseguridad escondidas tras esa voz apabullante. Se dice que la directora ha tardado ocho años en completar este filme, en el que no hay ninguna voz en off explicando lo que se está viendo. Solo se escucha el relato de aquellos que conocieron en persona a la extraordinaria cantante. Sus dos hermanos pequeños, sus compañeros de escuela, los miembros de la Big Brother and the Holding Company, músicos de bandas posteriores... incluso aparece el novio que conoció en Río de Janeiro y que fue el gran amor de su vida, David Niehaus (podía haber cambiado el final de la historia: un telegrama suyo llegó al Landmark Motor Hotel al día siguiente de su muerte por una sobredosis).

Todos ellos recuerdan a una mujer obsesionada por conseguir el amor del resto de los seres vivos, sobre todo después de sufrir desaires como el de ser nombrada «el hombre más feo de Austin» por sus «simpáticos» compañeros de universidad. Esa búsqueda de cariño y sus decepciones la condujeron hacia la heroína, su refugio artificial.

Otro de los hilos conductores de «Janis» son las cartas escritas por ella a su familia, que ponen en evidencia esa búsqueda de la aprobación de sus padres, y que son leídas en el documental por otra cantante, Cat Power. Como es natural, aparecen fotografías e imágenes grabadas de Janis Joplin en conciertos -donde queda bien patente cómo expulsaba el alma en cada nota- y entrevistas. En estas últimas se nos presenta como una mujer inteligente, rápida en sus respuestas, dotada de una risotada contagiosa y con un gran sentido del humor. Admira, por ejemplo, su descripción de las facultades de Billie Holiday y Aretha Franklin: «Son muy sutiles. Te pueden exprimir con dos notas. Solo cambiando de la a si son capaces de hacerte sentir que te han contado el Universo».

Más tarde nos desarma con frases como: «No te imaginas lo difícil que es ser yo». «No podía soportar las horas ociosas», se nos cuenta. Tenía dos objetivos en la vida: ser una estrella y salir en las portadas de las revistas y conocer el amor verdadero. El primero lo consiguió; el segundo, a pesar de sus numerosos amantes de ambos sexos, no, Decía Keith Richards que para cantar bien el blues te tienen que haber roto el corazón varias veces. Quizás por eso ella lo hacía tan bien.