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«Los vengadores» y «X Men», cincuenta años haciéndose los héroes

Las dos series de cómic y cine llevan medio siglo facturando cifras millonarias

«Los Vengadores», en acción
«Los Vengadores», en acción - abc
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«Vengadores, reuníos». Ese grito de batalla, entonado por el Capitán Américapor primera vez, y que lleva 50 años cautivando a los lectores de cómic de todo el mundo, jamás se hubiese escuchado de no ser por Martin Goodman. Era 1961, y el entonces editor en jefe de Marvel Comics, un judío rubio y de aspecto dicharachero, llamó a su despacho a Stan Lee y arrojó entre ambos un manoseado ejemplar de la exitosa «Justice League of America», perteneciente a National Comics, actual DC.

–Quiero que hagas algo como esto.

–Sería interesante. ¿Pero con qué personajes?, respondió Lee, subiéndose las gafas, que siempre resbalaban por la punta de su nariz.

–Los que quieras. Invéntate lo que haga falta, pero necesitamos un buen grupo de héroes. Estoy seguro de que esto de los grupos es la nueva moda, te lo digo yo.

Y así nacerían unos meses más tarde «Los 4 fantásticos», y algo después las dos franquicias más poderosas de la historia del cómic mundial. La primera, «Los Vengadores»; la segunda «X-Men», «La patrulla X», en España. La alineación inicial de «Los Vengadores» estaba formada por la Avispa, Iron Man, Thor, Hulk y el Hombre Hormiga. Tres números después, llegaría el que sería el líder icónico de la formación, el Capitán América, un personaje clásico olvidado por casi todos los aficionados y al que Stan Lee reinventaría para adaptarlo a los nuevos tiempos.

Los tiempos estaban cambiando

Unos tiempos que anunciaban cambios a nivel social y político en Estados Unidos, donde los paradigmas de la sociedad estaban cambiando, donde los negros clamaban por la igualdad y los marginados por justicia. En ese contexto nacería un grupo distinto de descastados, «La Patrulla X». Un grupo de mutantes que llevaba incrustada en el ADN su condena a la marginación. Al haber nacido con características físicas distintas, la sociedad los repudiaba y los excluía, mientras ellos luchaban a pesar de todo por formar parte de ella, aunque fuera salvándola de sí misma.

Stan Lee no dudó en trasladar al cómic la dicotomía Martin Luther King / Malcolm X. Un líder pacifista, soñador, que cree en la coexistencia, como el Profesor Xavier, frente a uno combativo, dispuesto a lograr sus derechos por la fuerza, como el temible Magneto. Dos amigos con objetivos comunes que acaban volviéndose enemigos irreconciliables por culpa de sus métodos.

La serie de los mutantes no tendría inicialmente el enorme éxito de ventas que alcanzarían los más luminosos «Vengadores», y serían necesarios aún unos años para que el gran público no sólo los comprendiese, sino que que convirtiese cualquier cómic que llevase la famosa X cromosómica en la portada en un negocio seguro. En 1991, el «X-Men 1» llegaría a vender ocho millones de copias en papel, manteniendo hoy en día el récord del cómic más vendido de todos los tiempos.

Aunque todo el mundo reconoce unánimemente la enorme labor de Stan Lee, padre de Hulk, Iron Man, Spiderman, Thor y Daredevil, la historia ha sido algo más injusta con el fallecido Jack Kirby, el dibujante de cuya firme mano surgieron los primeros diseños de los personajes que hoy en día facturan cientos de millones de dólares en las taquillas. Aunque los aficionados acérrimos idolatran a Kirby, la recurrente presencia de Stan Lee como imagen de marca en las películas de los héroes Marvel ha acabado eclipsando el papel del dibujante en la creación de los héroes más poderosos de la tierra.

El ascenso, el éxito y la inscripción en el imaginario popular de «Los Vengadores» y los «X-Men» servirían como bisagra de una nueva época, una etapa naturalista donde los héroes tenían problemas económicos y tenían que hacer frente a las consecuencias de sus actos. Aquellos primeros grupos de héroes de la Marvel definirían el tono de las siguientes tres décadas, que iría evolucionando hasta culminar con el advenimiento de Frank Miller y Alan Moore. Estos genios creadores del cómic contemporáneo despojarían a los héroes de la alegría y los hundirían en la tragedia. Pero eso, amigo lector, es otra historia.