Cecilia Giménez posa junto al «Ecce Homo»
Cecilia Giménez posa junto al «Ecce Homo»

Desde Tutankamon hasta el teatro de Sagunto, las chapuzas del patrimonio histórico

No son raras las ocasiones en las que las obras de arte acaban siendo irreconocibles tras una restauración

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Que las piezas de arte se deben tratar con sumo cuidado y mimo es algo que ya sabe el estudiante de Historia del Arte antes de entrar por primer vez en la facultad. O, al menos, debería. Y debería porque ya son varios los casos en los que la restauración de una obra ha acabado siendo una auténtica chapuza. Desde el recordado «Ecce Homo» de Borja hasta la barba de la máscara funeraria de Tutankamon, pasando por el nuevo (e irreconocible) teatro romano de Sagunto. Apaños de todos los colores y de todos los sabores.

El teatro (poco) romano de Sagunto

La rehabilitación de este teatro, que data (o databa) del 50 d.C., fue llevada a cabo hace poco más de 25 años por los arquitectos italianos Giorgio Grassi y Manuel Portaceli. El resultado de las obras dejó perplejos a políticos, vecinos e historiadores. Grassi y Portaceli habían cubierto buena parte de las gradas de época romana con grandes y pesadas losas de piedra blanca.

«No se altera nada, porque la intervención no es irreversible», se defendieron los arquitectos. Tras varios años de litigios, en 2008 el Tribunal Supremo decretó el derribo de las nuevas gradas del teatro. Sin embargo, debido a problemas económicos, hasta el momento las losas blancas continúan ocultando la construcción romana.

Gradas del teatro romano de Sagunto
Gradas del teatro romano de Sagunto - Alberto Saiz

Pegamento en la barba del faraón

Cuando Howard Carter abrió un orificio en la tumba del faraón Tutankamon en 1922 dijo una frase que quedó para la historia: «Veo cosas maravillosas». Entre los objetos que pudo observar Carter por aquella pequeña rendija no se encontraba la máscara funeraria. Para eso hizo falta más tiempo.

Desde que fue hallada, la máscara que cubría la testa del «faraón niño» es reconocida como una de las piezas históricas más importantes. Cuando el Museo del Cairo se dio cuenta de que la barba se había desprendido de la barbilla del hijo de Akhenaton, se tomó una extraña decisión. En lugar de mandar la pieza al laboratorio se optó por pegarla con una resina industrial. Probablemente la institución no quería dejar de exponer ni un momento una de las piezas más destacadas de su colección.

La máscara de Tutankamon
La máscara de Tutankamon - ABC

El «Ecce Homo»

Las alarmas saltaron en 2012. El «Ecce Homo» de Borja, uno de los frescos que adornan el santuario de Misericordia de Borja (Zaragoza), se había convertido en un borrón parecido al dibujo de un niño de cuatro años en manos de Cecilia Giménez, una vecina de la localidad que decidió llevar a cabo la restauración sin ningún tipo de autorización y -sobra decirlo- sin preparación alguna.

Cecilia Giménez junto a su «Ecce Homo»
Cecilia Giménez junto a su «Ecce Homo»

Adiós al «sfumato»

Esta técnica empleada usualmente por Leonardo Da Vinci para oscurecer sus pinturas se deja ver en algunas de las obras del pintor que cuelgan del Museo del Louvre; como «La Virgen de las Rocas» o, al menos en su momento, en «La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana». Esta última fue restaurada en el año 2012, y por el camino perdió el barniz del «sfumato» ganando en luminosidad. Los encargados de llevar a cabo la rehabilitación se vieron forzados a dimitir tras arrebatarle a la pintura una parte importante de su identidad.

«La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana»
«La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana»