«Tentaciones en casa de Antonio», 1970
«Tentaciones en casa de Antonio», 1970 - Manuel Álvarez Bravo / Col. Maison Européenne de la photographie

Manuel Álvarez Bravo: fotografías más allá del México lindo y querido

La Fundación Mapfre inaugura una gran exposición dedicada al genial fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo

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Más allá del México lindo y querido (aunque también se revelaba en el fondo de su corazón), muchísimo más allá de las rancheras y corridos (a pesar de que su alma pulsara el guitarrón de los machos), Manuel Álvarez Bravo fue un fotógrafo de intensa genialidad, capaz de asimilar en sus negativos las vanguardias europeas (Picasso, Gómez de la Serna, Breton), que él anticipó casi antes que nadie en las Américas, con el muralismo, la tradición y el naturalismo.

Hombre y artista capaz de retratar el interior más profundo del país azteca, pero también de insuflar en sus imágenes (tanto fotográficas como en las de sus documentales experimentales cinematográficos) las teorías del montaje de Eisenstein, Álvarez Bravo se pasó toda su vida (cien años mondos y lirondos) fotografiando, como adorador del cine intentando ser cameraman (tuvo que conformarse con la foto fija, pero en películas de altura, como «Nazarín» y «Subida al cielo», de Buñuel) y buena parte del fruto de su incalculable trabajo se expone en la muestra que este miércoles se inaugura en el Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, organizadora de la exposición en compañía del Jeu de Paume parisino, la Fundación Televisa mexicana, y el Museo de Puebla, también mexicano, que será el próximo lugar que reciba esta muestra que dejará Madrid el próximo 19 de mayo.

Ciento cincuenta y dos imágenes

La exposición ofrece al visitante (que se sorprenderá muy gratamente) de ciento cincuenta y dos fotografías y cinco proyecciones cinematográficas inéditas (en 8 milímetros y súper 8), y algunos documentos de notable interés, como sus bloc de notas, materiales de trabajo y las misivas que se cruzó con otros artistas como Henri Cartier-Bresson, Alfred Stieglitz y Edward Steichen. Además se ha creado un espacio web dedicado exclusivamente a la exposición: www.exposicionesmapfrearte.com/manuelalvarezbravo

Pablo Jiménez Burillo, Director General del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, presentaba este martes la exposición y a Manuel Álvarez Bravo, que sigue siendo el rey de la fotografía mexicana. «Creo que lo más importante de la muestra es que quiere romper la imagen tópica que se pudiera tener de Manuel Álvarez Bravo, como solo un fotógrafo del México profundo. Aquí, además de eso, lo mostramos con alguien bastante cercano a las vanguardias españolas, algo más que el fotógrafo del México posterior a la Revolución, un artista que supo integrar el vanguardismo con el sentimiento local que también impregnaba su obra».

Organización por obsesiones

La muestra está organizada de una forma bastante original. Así, en lugar de la habitual división temática, se ha organizado según las propias ideas del creador en cuanto al arte. Son las «obsesiones formales de Álvarez Bravo», como subraya una de las comisarias de la muestra, Laura González Flores, «las obsesiones iconográficas, resumidas en formar, construir, aparecer, ver, yacer, exponerse, caminar y soñar».

Laura González también mostraba algunos de los trazos de la vida y la obra del artista: «Es un maestro de la fotografía moderna mundial. Alguien que construye un lenguaje moderno, reflexivo, formal, que primero bebe de los fotógrafos constructivistas del Este europeo, y luego, sobre todo de la vanguardia española, Picasso, Gómez de la Serna, Dalí, Buñuel. Quiso ser camarógrafo, pero no pudo debido a vetos sindicales, y hay que preguntarse qué habría pasado con el cine mexicano si él lo hubiese fotografiado con su visión vanguardista de la imagen. Además era un hombre muy culto, leía mucho también, algo que se nota en los títulos de sus obras».

Picasso, Gómez de la Serna, Dalí, Buñuel, fueron sus influencias

En este sentido, también abundaba el otro comisario de la exposición, Gerardo Mosquera: «Es un artista muy relacionado con Ciudad de México, con su gigantesco crecimiento como gran urbe, siempre se ha tratado su trabajo rural antropológico, pero fue también un hombre muy urbano, muy inquieto, muy culto, melómano, que citaba a menudo a los clásicos del Siglo de Oro español aunque fuera autodidacta. Era también un hombre muy sobrio y tranquilo, sus fotos son muy contenidas, era bastante abstracto, incluso se puede decir que frío».

Finalmente, Laura González contaba una anécdota a propósito de la pasión de Manuel Álvarez Bravo por el cinematógrafo: «Se sentía muy relacionado con Buñuel y Dalí. De hecho, iba por ahí con una copia de "El perro andaluz" bajo el brazo que le enseñaba a todo el que se dejaba. Y no hay que olvidar que Eisenstein, sobre todo sus escritos sobre el montaje cinematográfico, influyeron también mucho en él». Algo que se evidencia en una de sus fotos más conocidos: «Obrero en huelga, asesinado». Dramáticamente bella, como cualquier figurante muerto de «El acorazado Potemkin».