El escritor Arturo Pérez-Reverte
El escritor Arturo Pérez-Reverte - ERNESTO AGUDO

El día que Pérez-Reverte metió «la pata hasta el corvejón» y por el que pide disculpas

El escritor admite su mal comportamiento en «La foto que no me hice», su columna dominical en el XL Semanal, y narra las excepcionales circunstancias que le llevaron a denegar la petición de un lector hace unas semanas en Tánger

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Nada más comenzar su columna dominical en el Xl Semanal, Arturo Pérez-Reverte aclara que, en esta ocasión, se trata de un asunto clasificado como «personal» cuyo objetivo es pedir disculpas a Cristina, una de sus fieles lectoras.

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Con el fin de que explicar el contexto, en «La foto que no me hice» el escritor pone en antecedentes a sus demás seguidores. Y allí aclara que se hace instantáneas con todo aquel que se lo solicita: «No es ninguna molestia, sino un placer. Y también una obligación personal y profesional», afirma.

El autor también asevera que se ha mantenido fiel a ese principio en cualquier tiempo y circunstancia: «Quienes de ustedes me han abordado por la calle, en restaurantes, en cines, en aeropuertos –incluso estrechándome la mano en urinarios públicos, que tiene huevos– pueden dar fe de ello».

Sin embargo, hace unas semanas, el destino quiso que Cristina y el escritor se cruzaran por las calles de Tánger. El marido de la lectora quiso inmortalizar el momento con el escritor, pero este rehuyó la petición porque no deseaba que se conociera su ubicación exacta en ese momento.

A la vuelta, Cristina le envió una carta afeándole su conducta y contándole que estaban en la ciudad visitando los escenarios de «Eva», la novela de Pérez-Reverte. Al enterarse, el autor reconoce que «ese día en Tánger metí la pata hasta el corvejón. Que la cosa fue de tierra, trágame» y que «veré de hacerlo mejor la próxima vez, si nos cruzamos de nuevo».

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