Arturo Pérez-Reverte fotografiado en Tánger, donde presentó «Eva»
Arturo Pérez-Reverte fotografiado en Tánger, donde presentó «Eva» - JEOSM 2017
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La serie de Falcó promete cada vez más

Vuelve Arturo Pérez-Reverte con otra aventura de su nuevo personaje, que está a la altura de su célebre Alatriste

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La segunda novela protagonizada por Falcó, tiene el título de «Eva» por el personaje Eva Rengel que vuelve a aparecer ahora con otra identidad y de la que llegamos a saber su verdadero nombre: Eva Neretva, espía rusa al servicio de la República española. La trama urdida, como ocurre siempre en Pérez-Reverte, está soberbiamente narrada, y tiene el fondo de la Guerra Civil, concretamente un supuesto cargamento de lo que se conoció como el oro de Moscú, transportado por un barco fletado por la República, y que Falcó, un espía a las órdenes del bando de Franco, tiene la misión de rescatar en el puerto de Tánger o cuando menos hacer que no llegue a manos rusas. Su metamorfoseado fondo histórico actúa como pretexto para los dos pivotes de mayor interés: la ciudad de Tánger y la dialéctica entre Falcó y Eva, lucha de dos titanes en fuerza, dureza e inteligencia, con incierto resultado y que prolonga la relación planteada en la primera novela de la serie.

Artista de la palabra

El elemento que alcanza a ser a mi juicio capital es Tánger. Allí se desarrolla casi toda la trama, excepto un breve prólogo en Lisboa. Conozco pocos escritores europeos que sepan como Pérez-Reverte dotar a las atmósferas de mundo propio. Por propio me refiero al suyo, el que tenían en el momento de los hechos. Su dimensión de artista de la palabra cobra aquí su mayor relieve, especialmente en relación con dos ingredientes: los espacios y los objetos. Varias descripciones de la novela hacen exclamar interiormente «chapeau» (sería el ponderativo que mejor le viene dicho en Tánger).

Llamo la atención sobre la dificultad añadida de que resulte bien porque ese lector que admira las descripciones está ahíto de películas en las que el norte de África (estará pensando en «Casablanca», pero también en «El hombre que sabía demasiado») ha sido filmado en sus cafés, cabarets, hoteles de lujo y callejuelas moras, donde el peligro acecha, se huele, casi tanto como las especies o el cuero del bazar. Describir todo eso después del cine en blanco y negro y hacerlo tan bien está al alcance de pocos.

La caracterización machista de Falcó aumenta en relación a la primera entrega

Respecto a la lucha Falcó-Eva he de decir que Pérez-Reverte la demora, pues en la primera mitad de la novela Eva no aparece salvo en leves referencias. Y cuando lo hace la obra gana mucho interés. Antes, Pérez-Reverte se ha recreado en el carácter desabrido e incómodamente incorrecto de Lorenzo Falcó, cuya caracterización chulesca y machista aumenta en relación a la primera entrega. Sostuve en mi crítica de aquella que el talento literario de Pérez-Reverte había logrado salvar el difícil reto de que el lector pudiera ponerse del lado de un espía al servicio de los franquistas que ni siquiera cree en esa causa (pues antes estuvo del lado de la República cuando su jefe lo estaba), y que es un depredador en muchos sentidos; finalmente un descreído de casi todo.

En la primera parte de «Eva» Arturo Pérez-Reverte ha descrito a Falcó con tanta crudeza que ha aumentado ese desafío. En un diálogo con el Almirante (gran personaje otra vez) éste le califica de psicópata y este lector ha pensado que quizá no le falta razón, una vez hemos asistido a escenas previas (la de la tortura, el modo como expulsa al perro vagabundo Bakunin, que le recuerda algo a él mismo y el tremendo pensamiento que le viene a la mente tras hacerlo).

Pérez-Reverte ha querido afrontar el reto de hacer que un héroe amoral sea aceptado por los lectores como parte de la realidad literaria. Falcó es un duro que no se permite ñoñerías ni tan siquiera para sí mismo, por mucho que en momentos distintos (su relación casi paternal con el joven y eficaz telegrafista o su mirada melancólica cuando se trata del espléndido diálogo con Moira Nikolaos, o la forma como se produce el encuentro con Eva) haya mostrado resquicios, indicios tenues, muy bien escritos en el manejo de la tonalidad y los silencios, que anuncian un tipo de brecha que no puedo revelar y que se solventa casi al final.

Símbolo de lealtad

Vuelve Arturo Pérez-Reverte a dar muestras de su talento de novelista cuando hace flaquear a Lorenzo Falcó en lo fundamental, y lo acerca a un héroe, diríamos que intermedio, más humano. Pérez-Reverte regala, posiblemente debido a su experiencia marinera y su admiración por el oficio de los marinos, dos personajes solventes, los capitanes de los barcos franquista y republicano.

Especialmente el capitán Quirós, personaje que sobresale por su dimensión moral, que el comandante Navia comparte y que son un símbolo de lealtad a códigos situados por encima de banderas, como marinos que son. La serie queda abierta y promete.