La escritora brasileña Nélida Piñon
La escritora brasileña Nélida Piñon - Óscar del Pozo

Nélida Piñon: «Nebrija tuvo la intuición de que con el español se podía conquistar el mundo»

La escritora brasileña es la encargada abrir las conferencias del Congreso Internacional de la Lengua Española, que el próximo miércoles inauguran el Rey y el presidente argentino en Córdoba (Argentina)

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Nélida Piñon (Río de Janeiro, 1934) es una mujer brasileña que ha leído a Nebrija, como a ella le gusta decir, siempre entre risas. Fue hace cuarenta años, y desde entonces no se puede quitar de la cabeza una idea: «Él tuvo una intuición histórica absolutamente fantástica y fundacional, pues consideraba que cuando iba el español, el imperio lo seguía, o sea, que el español era el instrumento con el que se podía conquistar el mundo».

Lo cuenta al otro lado del teléfono con su voz siempre divertida, criada entre dos lenguas que ama por igual, y que han alimentado, con sus matices y sus riquezas, una de las plumas más prestigiosas de toda América, reconocida, por ejemplo, con el premio FIL en 1995 o con el Príncipe de Asturias en 2005, entre muchos otros galardones. Piñon es la encargada de abrir el panel de conferencias del Congreso Internacional de la Lengua Española, que el próximo miércoles inauguran en Córdoba (Argentina) el Rey y el presidente argentino.

Ha titulado su conferencia «La lengua de todos»… ¿Pero qué nos va a contar ahí?

Voy a acercarme a la presencia del español en Brasil, desde la colonización y los portugueses, y desde la unión que hubo entre Portugal y España cuando Portugal pasa a pertenecer a Felipe II. Ahí hay presencias muy extrañas y muy misteriosas de españoles en Brasil. Incluso la presencia de Quevedo… Pero no le voy a explicar los detalles porque le quitaría la gracia a mi conferencia (ríe). También está José de Anchieta, el canario, el hombre que dominaba igualmente el portugués y el español.

¿Cómo se relacionaba el portugués y el español en ese tiempo?

En algunos momentos había un entendimiento casi espiritual entre portugueses y españoles en Brasil. Y hay un detalle muy interesante: en el siglo XVII el español era una lengua de elegancia para los portugueses. Y es justo en el momento en que Portugal tuvo grandes creadores. Había una gran atracción por el talento español… Y hay muchas cosas así.

Es curioso, porque últimamente hemos tenido una polémica con Portugal, con el tema de la vuelta al mundo…

De eso no te puedo decir… Son dos grandes países con dos grandes culturas. Y no se puede dejar de considerar que Portugal tiene una cultura excepcional: histórica, literaria, cultural, documental… Todo. Yo creo que la batalla… Es historia. Y hay un enlace profundo. Pero es que los países siempre tienen discrepancias y acuerdos.

Bueno, ¿y qué más quiere contar en esa conferencia?

Voy a ir recogiendo la milagrosa presencia del español en América. Por ejemplo, en el imperio inca. O en México. Hablaré de cómo fue el español en México. Hay algo muy importante ahí: el momento en que con Carlos V logra, a través de Bartolomé de las Casas, que se considere que el indio tiene un alma inmortal.

¿Eso se logró a través de la palabra?

Siempre tengo en cuenta una frase que me impresionó hace cuarenta años. Yo he leído a Nebrija. Imagínese: una brasileña que ha leído a Nebrija. Soy una mujer que se queda estupefacta pensando en cómo he hecho tantas cosas... En Brasil, una niña brasileña, hija de gallegos, que lee a Nebrija… Me impresionó Nebrija porque tuvo una intuición histórica absolutamente fantástica y fundacional: consideraba que cuando iba el español, el imperio lo seguía, o sea, que el español era el instrumento con el que se podía conquistar el mundo. Nebrija tuvo esa intuición. Me marcó mucho ese conocimiento.

Por cierto, usted tardó en descubrir el español... ¿Cómo recuerda ese momento?

Mi padre era gallego y mis cuatro abuelos también. Descubrí el español a los diez años. Mi familia me había prometido que visitaría España. Fíjese, yo creía que España era vecina de la playa de Copacabana. Que bastaba llegar a Copacabana y que estaba España ahí. Y mi madre me aclaró que no, que había que cruzar el Atlántico. Por eso soy una enamorada del Atlántico.

Es un amor duradero, imagino.

Hace poco que volví de Lisboa, donde he pasado este último año escribiendo una novela. Y cuando estaba agotada del trabajo y quería ver algo muy lindo me iba a la orilla del Tajo, que es imponente. Es maravilloso. Ahí me emocionaba pensando que de ahí comenzamos a descubrir Brasil, que de ahí empezamos a domesticar el Atlántico… El caso es que me quedé dos años en Galicia. Visité Madrid y otras ciudades españolas. Yo soy una mujer que viaja desde los diez años. Tuve esa felicidad.

Ese es un gran regalo.

Me convertí poco a poco en una mujer que creía en el cosmopolitismo de las costumbres y la cultura.

Ahora que ya somos más de 570 millones de hispanohablantes… ¿Cuáles cree que son los retos del español para el futuro?

Ah, yo eso no sé. Yo creo que el reto no es del español, es de la lengua escrita: ver de qué manera vamos a perpetuar los valores literarios. Esto es lo esencial: hasta qué punto la civilización va o no a rechazar los valores esenciales. Hasta qué punto vamos a permitir el avance de la barbarie. La barbarie que, con los arreglos y la imposición tecnológica, puede borrar todo lo que el hombre ha hecho desde milenios. Las maravillas. Eso es lo que me impresiona ahora.

¿Pero corre peligro la lengua escrita?

La gente no puede creer que con la utilización de muy pocas palabras se pueda escribir la gama de los sentimientos humanos. Eso es un problema que está pasando en el mundo. No solo entre los hispanohablantes: en el mundo entero. La gente usa vocablos mínimos para expresar la complejidad humana. No se puede, no se puede. Y está pasando. La gente con pocas palabras expresa la humanidad. Eso es un retroceso gramático.

Entonces, si no tenemos palabras para nombrar la complejidad de la realidad, ¿caemos en la barbarie?

Claro. Y eso significa que la realidad no importa. Lo único que puede acercarnos a lo que somos es la palabra. La palabra es mágica. Por medio de las palabras evitamos muchas veces el conflicto bélico.

Y la literatura es el baluarte de la palabra, ¿no?

La literatura es mágica. Sigue siendo una forma superior del espíritu. La memoria se conserva con la palabra, con la literatura. Y cuando hablo de memoria no me refiero solo al recuerdo personal, es el recuerdo colectivo.

Los países son, también, su literatura.

Siempre, siempre.

¿Y quién le ha marcado más de la literatura española?

Para mí Cervantes es un milagro. Es una constitución humana: todo lo humano está dentro de Cervantes. Me impresiona su elocuencia narrativa, sobre todo su vocación popular. Es algo extraordinario. Él supo captar la oralidad de los sentimientos. Yo soy una enamorada de Cervantes.