«Up» da una clase magistral de cómo ha de echar a volar un festival de cine

La última de Pixar, un prodigio de fantasía, animación y lucided en tres dimensiones, hipnotizó a un auditorio lleno de invitados con gafas de marciano

E. RODRÍGUEZ MARCHANTE |
CANNES (ENVIADO ESPECIAL)Actualizado:

Diez o quince mil globos de colores tiraron hacia arriba del Palacio del Cine de Cannes, que emprendió un increíble vuelo con la barrigota llena de célebres invitados a la ceremonia inaugural de la 62 edición de un Festival. ¡Menuda manera de empezar la función: “Up”! La película de Disney y Pixar, dirigida por Pete Docter pero alumbrada por esa luminaria de la animación que es John Lasseter, es casi una provocación para el severo programa que nos espera este año, cuajado de los mejores y más densos directores del mundo, de tipos que hacen un cine en el que con la entrada te dan un almax... En “Up”, lo que te dan antes de entrar son unas de esas gafas extravagantes para el efecto 3D, con lo que la película te rodea y bailotea como un hula-hop. Ese efecto de las tres dimensiones viene a ser como si vieras la película reflejada en un charco.

“Up” te rocía con una de esas historias que, sin darse apenas importancia, te cuentan los tres o cuatro asuntos esenciales de la vida... En apenas diez minutos, casi los del arranque de la película, de un modo directo, tan cinematográfico que ni siquiera precisa de que se articule ni una sola palabra, “Up” es capaz de narrar complejidades como las que encierran títulos tan intesos como “Revolutionary road” o “Gran Torino”, y así, plas, plas, plas, como quien chasquea dos dedos... El protagonista es un antipático vejete, que permite ya muy tarde que algunos de sus sueños salgan volando, junto a su casa, gracias a esos diez, quince o veinte mil globos que también arrancaron ayer el Palacio del Cine de sus anclajes al suelo.

Una historia de amor y sueños

La columna vertebral de “Up” es una historia de amor y sueños que no despegan entre una pareja, contada con brevedad y disimulada amargura, y que está contenida (en realidad, es esa historia quien contiene todo lo demás) en un grandioso cuerpo de viajes, aventuras, personajes buenos, malos y habituales, todo ello ataviado con esa animación tan cercana y tan de siempre del sello Disney, que se conoce exactamente cada uno de los caminos por los que llegar hasta el interior de su público, que es cualquiera qde delante que no esté muerto, independientemente de su edad, condición, lengua, cultura o sistema planetario.

La imagen de “Up”, que probablemente ya muchos lectores habrán visto, es la de esa casa que vuela sostenida por millares de globos de colores, que fue también un poco la imagen ilusionada del Palacio del Cine durante su inauguración, con invitados, celebridades, críticos y otra gente seria con esas gafas marcianas del 3D. A partir de hoy les toca volar, si pueden, a las películas en competición. El jurado internacional que ha de contar sus globos de colores ya estaba ayer a pie firme en la alfombra roja; presidido por esa actriz también algo roja, Isabelle Huppert, a la que acompañan otras actrices de diversos colores, como la verdecilla Asia Argento, la carnal Robin Wright Penn, la pálida Shu Qi o la india Sharmila Tagore III (cinco actrices es un peculiar quinteto en un jurado), además de los directores James Gray, Nuri Bilge Ceylan y Lee Chang-Dong, y el escritor Hanif Kureishi.