Charles Manson, en 1969, acudiendo al juicio por el asesinato de la actriz Sharon Tate - ABC / Vídeo: Sexo, drogas y ritos satánicos: El misterioso asesinato de Sharon Tate

Charles Manson y Sharon Tate: el crimen que cerró los sesenta

Cuatro miembros de «la familia» de Charles Manson irrumpieron en la casa donde se encontraba la actriz el 9 de agosto y le asestaron 16 puñaladas. Después pintaron con sangre la palabra «cerdo»

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Aquella noche, la del 9 de agosto de 1969, se acabaron de forma abrupta los años sesenta, escribió Joan Didion. Fue el cierre a una década alocada y lisérgica, que hizo despertar a muchos del sueño con un crimen espantoso, que conmovió al mundo.

Sus principales protagonistas fueron Charles Manson, por parte de los perpetradores, y Sharon Tate, entre las víctimas. Él fue el líder de una secta profética que ordenó a varios de sus seguidores –conocidos como «la familia»– un asesinato múltiple, el de Tate –una conocida actriz y mujer del director Roman Polanski– y de sus acompañantes. Era una venganza contra un productor musical, Terry Merchel, que se negó a grabarle un disco a Manson. El escenario del crimen había sido la casa de Merchel, y no está claro si el objetivo de Manson era el productor musical y se encontró a Tate, que había alquilado la casa, y a su compañía por error, o si el criminal era consciente de que Merchel ya no estaba allí.

De lo que no hay duda es de que instruyó a cuatro seguidores para que fueran «a la casa donde vivía Melchor» y acabaran con todo aquel que se encontrara allí «de la forma más horripilante», según contó años después en un libro Vincent Bugliosi, el que fue fiscal del caso. Los miembros de «la familia» eran Tex Watson y tres de las chicas jóvenes y atractivas de las que se rodeaba Manson: Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian. En la casa estaban Wojciech Frykowski, un incipiente guionista; Abigail Folger, su novia y heredera de una fortuna de la industria del café; el estilista Jay Sebring y Tate, de 26 años y embarazada de ocho meses y medio.

El trabajo del demonio

Antes de entrar en la casa, Watson asesinó a un joven infortunado que había ido a visitar al encargado de mantenimiento de la casa y pasaba por allí. Era pasada la medianoche. Entraron en la casa y se encontraron con Frykowski, que dormitaba. Watson lo despertó de una patada en la cabeza y con un mensaje aterrador: «Soy el demonio y he venido a hacer el trabajo del demonio». Los atacantes encontraron después a Tate y a Sebring, los ataron del cuello con una cuerda. Sebring trató de oponerse ante el tratamiento que daban a una embarazada y le pegaron un tiro. Tanto Frykowski como Folger trataron de escapar y murieron en el intento. Watson disparó al guionista y lo apuñaló con sarna. Folger pudo zafarse en un momento de Krenwinkel, pero esta la alcanzó y la acuchilló. Él recibió 51 puñaladas; ella, 28.

En medio del horror, Tate pidió clemencia, rogó que le dejaran con vida para que pudiera dar a luz y se ofreció como rehén. Pero corrió la misma suerte: la apuñalaron 16 veces. Los asesinos pintaron la palabra «pig» («cerdo») en la puerta de la casa con la sangre de las víctimas.

La única que no participó de forma directa en los asesinatos fue Kasabian, que se quedó fuera de la casa, y al ver los primeros asesinatos mintió al resto del grupo diciendo que había escuchado que llegaba gente. Al día, siguiente, otro grupo de «la familia» asesinó a otras dos personas. A los dos días, Manson instruyó a Kasabian para que participara en otro crimen, el asesinato de un actor libanés. Kasabian lo frustró y huyó a su casa, a la otra punta del país, en Nuevo Hampshire. Meses después se convirtió en la principal cooperadora de las autoridades, a cambio de inmunidad. De su testimonio llegó gran parte de lo que se sabe sobre el asesinato y sobre la formación de «la familia».

Lenguaje apocalíptico

A finales de los años sesenta, Manson se había pegado media vida en prisión, condenado por violaciones, proxenetismo, fraude y otros delitos. Pero en la California pasada y subversiva de la época, su apariencia de gurú y su lenguaje apocalíptico caló entre un grupo de seguidores, la mayoría de ellas mujeres jóvenes de clase media, atraídas por la cultura «hippy». Formaron una comuna, que llegó a tener un centenar de miembros, en las inmediaciones del valle de Topanga, al norte de Los Ángeles.

La deriva violenta de Manson llegó con una profecía sobre un enfrentamiento entre blancos y negros en EE.UU., azuzada con la obsesión que sintió por los Beatles y su «Álbum Blanco», el disco que publicaron a finales de 1968. Manson creyó que era un mensaje dedicado a él y a «la familia» sobre la llegada del «Helter Skelter», el caos masivo.

Las profecías de Manson se mezclaron con la frustración de no poder desarrollar una carrera musical, como había previsto después de un encuentro casual con Dennis Wilson, uno de los fundadores de los Beach Boys, con el que trabó amistad (a cambio de compartir con él las chicas de «la familia»). El resultado fue la ola de violencia que desató y acabó con la detención de Manson y otros miembros de «la familia» en diciembre de 1969.

Manson fue condenado a pena de muerte, conmutada a cadena perpetua. Falleció en 2016 en la cárcel estatal de California, convertido en símbolo de violencia y locura.