La chica de la curva, en una de las recreaciones de la leyenda que circulan en Youtube
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Leyendas

«La chica de la curva es el equivalente contemporáneo al hada madrina»

La leyenda urbana de la joven autoestopista que desaparece tras advertir de un peligro en la carretera, «que parece tan contemporánea, es bastante vieja», dicen los expertos

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En la curva de «La Pólvora» de la N-634 de Guipúzcoa, en la de Garraf de Barcelona, en la de Torreseca de Cáceres, en las Cuestas de Ragudo, o en las Siete Revueltas de Navacerrada un amigo de un amigo asegura haber visto a una joven vestida de blanco haciendo autoestop que advierte al conductor que la recoge de la peligrosidad de una curva antes de desaparecer del asiento trasero del coche. Cuando éste acude al lugar al que se dirigía la joven, le cuentan que murió hace años en un accidente en esa misma carretera. Es «la chica de la curva» o «la autoestopista fantasma», un clásico en las leyendas urbanas que, pese a todos los avances tecnológicos de hoy, pervive en el imaginario colectivo.

«Como sucede con los santos locales, cada sitio tiene su curva de la muerte», señalan Antonio Ortí y Josep Sempere, autores de la primera antología de «Leyendas urbanas» (2000) de España. Para Ortí, la autoestopista fantasma «es el equivalente contemporáneo al hada madrina benefactora» que aparece en una carretera sinuosa, la versión moderna del bosque que desde antiguo infundía temor.

«En el fondo es un cuento de fantasmas, con el típico escenario gótico y con numerosos antecedentes, que se multiplició con la aparición del automóvil y se llegó a convertir en noticia», afirma Sempere recordando que algunos testimonios llegaron hasta la prensa. El diario «Cataluña Expres» publicó en 1976 una versión de esta leyenda y en 1986 un teletipo de la agencia Europa Press recogía una presunta denuncia ante la Guardia Civil de una supuesta aparición de la chica de la curva. «Es un cuento de terror puesto al día y convertido en noticia», insiste Sempere.

Los autores de «Leyendas urbanas» intentaron dar con los testigos de estos relatos, pero «es imposible acceder a ellos». «Cuando estás a punto de llegar al testimonio primero, éste te dice que se lo contó otro, siempre se te escapa de las manos», dice Sempere. Ortí recuerda que una compañera periodista se citó con el protagonista de la nota de «Cataluña Express». «Le dio la sensación de que decía la verdad, pero luego se echó atrás».

Un fantasma antiguo

«Esta leyenda urbana, que parece tan contemporánea, es bastante vieja», según el filólogo y folklorista José Manuel Pedrosa. Para este profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, autor de « La autoestopista fantasma y otras leyendas urbanas españolas» (Páginas de Espuma, 2004), «la autoestopista es un fantasma psicopompo («conductor de almas», una figura habitual en la mitología que enseña el camino, advierte de los peligros del itinerario y ofrece ayuda para evitar los riesgos.

«Recuerda a la sibila de Cumas, que le dijo a Eneas cómo debía ir por el infierno, para visitar a su padre Anquises», señala Pedrosa, quien recuerda cómo también en la tradición medieval, existen muchas historias milagrosas acerca de viajeros o arrieros que se adentran por caminos peligrosos y de pronto, una mujer misteriosa les pide que la permitan subir a sus carros o ir en su compañía. El viaje transcurre plácidamente, pero cuando los viajeros llegan al final, la mujer misteriosa desaparece y todos llegan a la conclusión de que era la Virgen, que había bajado del cielo para ayudarles en ese peligroso camino peligroso.

«Ariadna, que le dijo a Teseo cómo orientarse por el laberinto, Medea, que guió a Jasón, Beatriz, que condujo a Dante por la espiral del Paraíso, son también otras damas con función de psicopompo», añade mostrando ejemplos de que «casi todas las mitologías y tradiciones culturales tienen estos personajes, guías, psicompompos, espíritus de los antepasados o representantes de los muertos que vienen al mundo para conducir a alguien».

Entre los antecedentes de esta leyenda universal, hay quien se remonta hasta la Biblia, al relato del etíope que recoge en su carroza al apóstol Felipe, quien lo bautiza antes de desaparecer misteriosamente, como la autoestopista. Existen otros precedentes del siglo XIX en Estados Unidos, con viajeros a caballo a los que se monta de camino una joven que después se esfuma, o en coches de caballos.

«Esa leyenda es conocidísima en todo el mundo, se han hecho cuentos y películas sobre ella. Yo creo que eso se debe a que la relación entre el héroe masculino y la mujer auxiliar-guía-conductora tiene raíces inmemoriales y despierta muchísima fascinación», subraya Pedrosa.

Para Ortí, esta leyenda urbana es junto a la de los robos de riñón, una de las más universales que existen. «Las leyendas urbanas cartografían los peligros y temores que han traído la modernidad» y por otra parte, «conectan con la tradición y con las cosas que no son cartesianas», continúa Ortí. Ese es a su juicio el secreto de que estas historias pervivan en la sociedad actual. «La ciudad, feudo de la razón y de la ciencia, ha cogido el relevo al campo a la hora de imaginar relatos mitológicos» porque, a su juicio, «todos tenemos dentro un sustrato irracional».