La entrada del ejército alemán en Praga, en marzo de 1939, fue celebrada por una parte de la población
La entrada del ejército alemán en Praga, en marzo de 1939, fue celebrada por una parte de la población - ABC
la larga guerra del siglo XX. Entreguerras (X)

Paso a paso, Hitler fue añadiendo nuevos territorios a su imperio

Austria, los Sudetes, Checoslovaquia o Memel fueron incorporados al Reich

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Nada más alcanzar el poder, Hitler inició una profunda modi-ficación de la política exterior alemana comenzando por la revisión del Tratado de Versalles.

En 1933, Alemania abandonó la Sociedad de Naciones y, en 1935, fue restablecido del servicio militar obligatorio. Un año después, aprovechando la tensión internacional con Italia debido a la invasión de Etiopía, la Wehrmacht llevó a cabo la remilitarización de Renania, en contra de los previsto en Versalles.

Ante ello, Francia contempló la posibilidad de una acción militar pero el Reino Unido le negó su apoyo. Y desde el otro lado del Atlántico, los industriales estadounidenses veían con muy buenos ojos la progresión de Alemania, que se convertía en un mercado prometedor, además de asegurarle la importación de la puntera tecnología germana por sus factorías.

La guerra en España

Si hasta entonces todos los pasos dados por la nueva política del Reich habían sido en el interior de Alemania, aunque tuvieran efectos internacionales, en 1936, con motivo de la Guerra de España, Hitler empieza sus intervenciones en el exterior, mandando una fuerza no demasiado numerosa, pero sí altamente eficaz, la Legión Cóndor, en apoyo de las tropas de Franco.

Esta acción le supuso alinearse con la Italia de Mussolini, hasta entonces vista con tanto recelo entre los oligarcas germanos como el régimen nazi era contemplado por los dirigentes italianos. Nació así el Eje Roma-Berlín, al que poco después sucedería el Pacto Antikomitern con el Japón. Fue entonces, a raíz de la Guerra Civil Española, como quedó configurado el bando que desató la Segunda Guerra Mundial.

En un nuevo y decisivo paso adelante en su política de continua expansión territorial, en marzo de 1938, Alemania, vulnerando nuevamente las clausulas del Tratado de Versalles, se anexionó Austria con la proclamación del Anschluss. La población austriaca, en general, recibió a las tropas alemanas con entusiasmo. Y Mussolini, que en 1934 se había movilizado para impedir que ello sucediera, ahora, como aliado del Führer, dio su apoyo a la unión de los dos países.

Munich

El siguiente objetivo de Hitler sería Checoslovaquia, que había formado parte del Imperio Austrohúngaro hasta la desmembración de este en 1918, y que contaba con una importante minoría de población germana, que se consideraba muy hostigada por el gobierno de Praga.

Francia se opuso abiertamente a las pretensiones germanas y Checoslovaquia, sintiéndose amenazada, comenzó a construir fortificaciones fronterizas. Ante la escalada de la tensión, se reunió a instancias de Mussolini la Conferencia de Múnich en septiembre de 1938. En la capital de Baviera, Francia, Reino Unido, Alemania e Italia acordaron la incorporación al Reich de los Sudetes, de mayoría germana.

Las democracias pretendieron vender tan vergonzoso acuerdo como una forma de preservar la paz, pero lo cierto es que Hitler había logrado una nueva victoria sin disparar un solo tiro. Y, peor aún, el mensaje que transmitieron las democracias occidentales con esta nueva cesión fue que el Führer germano podía hacer lo que quisiera. Y así, en una nueva vuelta de tuerca, en el mes de marzo de 1939, la Wehrmacht invadió lo que quedaba de Checoslovaquia, dividiendo el país en dos partes. Bohemia y Moravia pasaron a ser un protectorado alemán, mientras que Eslovaquia se convertía en estado independiente, satélite de Alemania.