Fragmento de roca lunar que pertenece al Musei Naval
Fragmento de roca lunar que pertenece al Musei Naval - Museo Naval
50 ANIVERSARIO LLEGADA DEL HOMBRE A LA LUNA

El trozo de Luna que tenía Franco en su despacho y acabó perdido

Nixon regaló a casi todas las naciones del mundo rocas lunares que, con el tiempo, se han ido extraviando o cayendo en manos del mercado clandestino

MadridActualizado:

Comienzos de la década de los 70. Es la época de la carrera espacial, de los astronautas vistos como superhéroes, de niños que sueñan con viajar a otro planeta, del primer hombre en la Luna. Estados Unidos acaba de ganar la batalla espacial y su entonces presidente, Richard Nixon, a modo de regalo -y también de recordatorio-, envía a todos los estados -con la salvedad de Hungría, Corea del Norte y Vietnam- rocas lunares procedentes de la colección de 382 kilos de material que el programa Apolo recolectó durante todas sus misiones. Dos de ellas acabaron en España. Ahora una pertenece a la colección del Museo Naval y la otra se encuentra en paradero desconocido.

«La primera se la regalan a Francisco Franco como recuerdo del Apolo. La segunda se la entrega Kissinger al almirante Carrero Blanco unos días antes de su muerte, y es la que tenemos aquí después de que la cediera su hijo argumentando que era propiedad del Estado español», explica Antonio Román Rodríguez del Pino, periodista y ahora voluntario cultural del Museo Naval de Madrid, lugar desde donde charla con ABC. A Rodríguez del Pino la historia no le es ajena porque también desempeñó el cargo de secretario de Charles August Rouller, director de la NASA de la Estación de Seguimiento de Vuelos Espaciales Tripulados de Maspalomas.

Antonio Román Rodríguez del Pino en la escalera de honor del Cuartel General de la Armada
Antonio Román Rodríguez del Pino en la escalera de honor del Cuartel General de la Armada - Jaime García

Rocas y banderas desaparecidas

También está familiarizado con la roca, ya que en sus múltiples paseos por el Museo Naval ha podido contemplar miles de veces aquel minúsculo material irregular llamado «armacolita» (bautizado así en honor a los astronautas del Apolo 11 Armstrong, Aldrin y Collins). Encerrado en una esfera transparente, el regalo estaba acompañado de una placa en la que se puede leer: «Este fragmento es una porción de roca del valle lunar Taurus-Littrow. Se otorga como símbolo de la unidad del esfuerzo humano y lleva con ella la esperanza del pueblo americano por un mundo de paz».

En la misma vitrina y como parte del mismo presente, Estados Unidos entrega a España una bandera con el Águila de San Juan, el escudo vigente en la época, que viajó ida y vuelta en la última misión Apolo. También portaban su propia inscripción: «Su bandera fue transportada a la Luna en una nave americana durante la misión Apolo XVII. Regalo para el pueblo español de parte del pueblo estadounidense. Richard Nixon». «Era un gesto de buena voluntad hacia los países, igual que las 1.000 banderas que volaron en el programa Apolo. La piedra de Franco no se sabe dónde está, pero tampoco las otras seis banderas españolas que están desaparecidas y no se sabe quién las tiene», afirma Rodríguez del Pino.

La placa con el trozo lunar de Carrero Blanco y una de las banderas que viajó al espacio en la misión Apolo 17
La placa con el trozo lunar de Carrero Blanco y una de las banderas que viajó al espacio en la misión Apolo 17 - Museo Naval

La ruta de la piedra en España

En teoría, aquella piedra estuvo hasta la muerte de Franco en el despacho de El Pardo. Después la heredó su hija, Carmen Franco y Polo, quien según su familia la debió extraviar entre las pertenencias de sus múltiples casas. Sin embargo, Luis Ruiz de Gopegui, ingeniero que dirigió las estaciones de la NASA en España durante el programa Apolo, declaró ante los medios que la roca se intentó vender a principios de los noventa a una famosa casa de subastas británica, aunque finalmente se paró la transacción.

El nieto primogénito del dictador, Francisco Franco y Martínez-Bordiú, desmintió tales afirmaciones, aunque sí que admitió que un conocido suyo preguntó por el valor de la pieza en el mercado, ya que lo consideraban un regalo personal de Nixon hacia el dictador. En la actualidad se desconoce el paradero de la piedra.

El «cazador de rocas lunares»

Pero la roca española no es la excepción: casi un centenar de ellas, entre las que se encuentran las de Libia, Afganistán o Rumanía también se perdieron, cayendo en una red que vendía las rocas a precios millonarios. «Eran regalos a los pueblos, no estaban destinadas a particulares», denuncia en una entrevista concedida a AFP el abogado y excolaborador de la NASA Joseph Gutheinz, quien desde hace casi dos décadas se dedica a investigar y rescatar las decenas de piezas lunares que circulan de forma clandestina. De hecho, tras una operación encubierta y un anuncio falso en un periódico estadounidense -y la ayuda del multimillonario Ross Perot, por aquel entonces aspirante a la Casa Blanca-, el apodado como «cazador de rocas lunares» consiguió recuperar el regalo que originalmente se hizo a Honduras. Aunque él y se equipo ya han localizado otras 78.

Él mismo ha sido quien ha vuelto a traer a la actualidad el misterio sobre dónde podría estar la piedra. «Se cree que uno de los nietos de Franco intentó vender la roca de Apolo 11 en Suiza, pero la Interpol se lo impidió», afirma en la entrevista. De momento, la familia Franco no se ha vuelto a pronunciar.

«No se puede borrar la historia de un plumazo»

De vuelta al Museo Naval, donde ahora mismo no se puede ver la piedra porque muchas salas se encuentran en obras -aunque el Museo Geominero ha pedido la cesión temporal para que se pueda mostrar con motivo del 50 aniversario de la misión Apolo 11-, desde la Biblioteca Central de la Armada, Rodríguez del Pino cuenta que muchas visitas preguntan por qué se exhiben símbolos preconstitucionales junto con aquel fragmento lunar. «No se puede borrar la historia de un plumazo», contesta cada vez frente a la roca. Quién sabe si algún día delante de la que le regalaron a Franco también habrá un grupo de personas haciéndose cuestiones y mirando a unos centímetros un trozo de Luna.