Fotograma de «The Terror», serie de ficción ambientada en la tragedia de la expedición de sir John Franklin
Fotograma de «The Terror», serie de ficción ambientada en la tragedia de la expedición de sir John Franklin - AMC

Saturnismo, botulismo y escorbuto, la colección de enfermedades que acabó con la «expedición caníbal»

La mala alimentación y varias intoxicaciones acabaron con la expedición de sir John Franklin, que en el siglo XIX buscó abrir el paso del noroeste. 129 tripulantes fallecieron, atrapados en el hielo, y se registraron casos de canibalismo

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Hasta el siglo XIX si se deseaba pasar del océano Atlántico hasta el Pacífico había que bordear necesariamente el cono sur del continente americano a través del cabo de Hornos, el Everest de la navegación.

Era uno de los rincones más temidos del planeta, una singladura llena de peligros; marejadas, violentos temporales y ciclópeos icebergs amedrentaba hasta los más osados navegantes.

Por este motivo, las grandes potencias navales no cesaron sus empeños en descubrir el famoso paso del noroeste, la conexión entre el estrecho de Davis y el de Bering, en el Ártico. Una búsqueda que no concluiría hasta la inauguración del canal de Panamá en 1914.

La cuestión no era trivial, la distancia entre Londres y Osaka por el canal de Panamá es de 23.000 Km, cifra que se reduce a 21.000 si se utiliza el canal de Suez y hasta 15.700 Km si se viaja a través del paso del noroeste.

Un viaje sin billete de vuelta

En el siglo XIX el aventurero inglés sir John Franklin (1786-1847) realizó una de las gestas más arriesgadas y valientes en busca del mítico paso en aguas canadienses. A pesar de encontrarse en las puertas de la séptima década de la vida se le confiaron dos barcos (HMS Erebus y HMS Terror) dotados de los últimos avances tecnológicos de la época.

Era el 19 de mayo de 1845 cuando levaron anclas en la desembocadura del Támesis, a bordo viajaban 129 hombres. Sabemos que las bodegas estaban bien surtidas y llevaban más de 8.000 latas de alimentos, soldadas, eso sí, con plomo.

Nunca más se volvió a tener noticia de aquella expedición. Tres años después la búsqueda de Franklin se convirtió en una prioridad nacional, durante los siguientes 30 años se enviaron casi 40 barcos y se invirtieron el equivalente a 45 millones de euros actuales. El resultado fue infructuoso.

Un ramillete de enfermedades

En el año 2014, con la ayuda de sofisticados robot submarinos, un equipo de científicos descubrió el HMS Erebus y dos años después el HMS Terror. Se recuperaron algunos cadáveres y se descubrió un exceso de plomo tanto en los huesos como en los mechones de pelo; la causa de la muerte de una gran parte de la expedición fue la intoxicación crónica por este elemento químico, lo que en términos médicos se conoce como saturnismo.

Las latas de conservas mal soldadas provocaron que el plomo se mezclara con los alimentos originando daños irreversibles. También se hallaron datos que hacían sospechar que los alimentos en mal estado jugaron un papel fundamental en la aparición de botulismo.

La autopsia de otros cadáveres apuntaba hacia un déficit de vitamina C –escorbuto– e incluso algunos miembros fallecieron a consecuencia de actos caníbales por parte de sus compañeros.

Recientemente, un estudio ha aportado un nuevo foco de luz a la tragedia, algunos tripulantes fallecieron a consecuencia de una enfermedad endocrinológica (enfermedad de Addison), causada por el desarrollo de tuberculosis.

Si a todos estos datos añadimos condiciones climáticas extremas y mala preparación del viaje, ya tenemos todos los ingredientes que sazonaron una de las mayores tragedias de la exploración polar de la historia.

Desde que se empezaron a tomar registros, allá por el año 1972, el 21 de agosto de 2007 fue la primera vez que el paso del Noroeste permaneció abierto al tráfico marítimo durante el verano boreal sin necesidad de usar barcos rompehielos. Lo bien que le habría venido a John Franklin nuestro cambio climático…

M. Jara
M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.