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El láser revela los secretos de 61.480 estructuras mayas escondidas en la jungla

Un artículo publicado en Science revela la presencia de importantes vestigios escondidos bajo la vegetación en el norte de Guatemala

MADRIDActualizado:

Un vasto sondeo realizado con una novedosa tecnología de rastreo por láser, Lidar, ha identificado más de 61.480 estructuras mayas escondidas en los bosques tropicales del norte de Guatemala. Se han encontrado asentamientos, fortificaciones, sistemas de regadío, campos de cultivo y calzadas que revelan la presencia de una civilización tan espléndida como la Antigua Grecia.

El sondeo llevado a cabo con la tecnología del Lidar es el más extenso realizado hasta el momento en las tierras bajas mayas , y ha llegado a los 2.000 kilómetros cuadrados de área explorada. Los hallazgos, además, han obligado a los científicos a replantearse lo que saben sobre la demografía, la agricultura y la economía de los mayas, tal como han concluido los autores de un estudio que se acaba de publicar en la revista Science .

El Lidar, una tecnología que usa pulsos de luz láser para estudiar la topografía y la superficie del suelo en tres dimensiones, tiene la capacidad de revelar la presencia de estructuras, carreteras y campos bajo la vegetación. Por ello, le ha permitido a un grupo internacional de arqueólogos estudiar la sociedad maya a un nivel regional y sacar conclusiones sobre su economía, sociedad y forma de hacer la guerra.

La investigación, dirigida por Marcello Canuto, arqueólogo de la Universidad de Tulane (EE.UU.), ha elaborado 12 mapas de la región de Petén, en Guatemala. Comprenden varias zonas de las tierras bajas mayas, como El Zotz, La Corona-Achiotal, Holmul, Naachtum, Uaxactun, Xultun-San Bartolo, Tikal, El Perú-Waka y El Tintal.

Vista en 3D de la ciudad de Tikal desde el sureste - PACUNAM / Canuto y Auld-Thomas

El láser ya sacó a la luz una megalópolis que un grupo de expertos halló cerca de los vestigios de Tikal, uno de los sitios arqueológicos más importantes de la civilización maya, y que habitó el área en las épocas preclásica (1.000 a.C-3.000 a.C) y clásica (300-900 d.C).

También ha revelado la presencia de 61.480 estructuras que sugieren, según la investigación, que, durante los años 650 y 800 después de Cristo, en el llamado periodo Clásico Tardío, la región fue habitada por unas 100 personas por kilómetro cuadrado. Esto, extrapolado a toda la extensión de las tierras bajas, significa que la región fue habitada por siete a 11 millones de personas.

Junto a esto, los investigadores han encontrado 362 kilómetros cuadrados de campos agrícolas y 952 más en zonas viables para la agricultura, lo que es compatible con la explotación necesaria para mantener una población del tamaño sugerido por las estructuras.

Aparte, se han descubierto 106 kilómetros de calzadas uniendo las ciudades, que tienen varios niveles de complejidad, así como múltiples fortificaciones. Ambas cosas subrayan la interconectividad de la sociedad y la escala y la importancia de la guerra entre los mayas, según los autores.

Una civilización espléndida

Tal como los investigadores anunciaron en febrero , antes de que se publicara este artículo en Science, estas revelaciones permiten asegurar que esta era una civilización con un desarrollo comparable al de la antigua Grecia.

«Vistas como un todo, las terrazas y campos de cultivos con canales de riego, aguadas, sitios fortificados y grandes calzadas, revelan modificaciones en el paisaje natural hechas por los mayas en una escala previamente inimaginable», dijo Francisco Estrada-Belli, uno de los descubridores.

Se cree que los mayas transformaron el medioambiente a gran escala con el fin de hacerlo más productivo para su agricultura, con campos de cultivos muy extensos, que constituían alrededor del 95 por ciento de la tierra disponible.

A pesar de que eran grandes cosechadores de maíz y cacao, nunca usaron la rueda ni animales de carga. Sin embargo, «eran una civilización que literalmente movía montañas», afirmó en rueda de prensa Marcello Canuto.

Este esplendor llegó a su fin alrededor del siglo IX, cuando una dura sequía y una crisis económica y política llevaron a los mayas a abandonar sus ciudades y su modo de vida.

Los arqueólogos han explicado que el Lidar tiene la capacidad de estudiar vastas regiones del bosque de una forma rápida, pero han argumentado que esta técnica no menoscaba la importancia del trabajo arqueológico sobre el terreno.

Lo cierto es que por delante quedan miles de kilómetros cuadrados de bosque que analizar. Mientras tanto, conservar estos tesoros arqueológicos sigue siendo una tarea amenazada por la deforestación, el contrabando y los saqueadores.

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