El carrillón del ayuntamiento de Múnich, el Glockenspiel
El carrillón del ayuntamiento de Múnich, el Glockenspiel - Wikipedia

El baile de los cerveceros que recuerda la peste negra

Hace más de quinientos años Múnich sufrió los estragos de la peste negra. Esto se recuerda a diario en carrillón del ayuntamiento y con la Schäfflertanz, la danza de los toneleros de cerveza

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Aniquiló a más personas que las guerras, provocó catástrofes demográficas, fue responsable de escisiones religiosas y persecuciones en el nombre de Dios. Su impacto fue tan salvaje que, por su culpa, cientos de ciudades fueron abandonadas, los ejércitos apenas tenían reemplazo y el orden público brillaba por su ausencia. ¿El nombre de este asesino en serie? La peste negra.

Se trata de una enfermedad infecciosa provocada por una bacteria –Yersinia pestis- que durante siglos provocó un daño irreparable en el Viejo Continente. Acampó a sus anchas entre nobles, prostitutas, plebeyos y comerciantes, gracias a la ayuda de la falta de higiene, tanto personal como pública.

La bacteria, responsable de una de las mayores pandemias de toda la historia de la medicina, no fue descubierta hasta la segunda mitad del siglo XIX gracias a las investigaciones del médico suizo Alexandre Yersin (1863-1943).

Hasta ese momento los galenos desconocían la causa de la enfermedad y trataron de explicar su naturaleza con las teorías más variopintas: desastres geológicos, alineaciones astrales, castigo divino o envenenamientos por algunos sectores de la población, en concreto por los judíos.

La inquina hacia los judíos, en relación a la peste, se debía a que generalmente el número de judíos infectados era menor que el de los cristianos, pero esto se debía a que sus condiciones higiénicas eran más saludables.

Declarar una epidemia de peste en una ciudad tenía resultados catastróficos para la economía, por eso los ayuntamientos antes de levantar un cordón sanitario se esperaba a que el contagio fuera absolutamente evidente.

El carrillón de la peste

La ciudad de Múnich no fue ajena a esta catástrofe epidémica. Según las crónicas, una gran parte de su población fue víctima de la bacteria desde finales del siglo XV hasta comienzos del siglo XVI.

Afortunadamente, la pesadilla finalizó de repente, tal y como había aparecido, en 1517. ¿El motivo? Nunca se supo, aunque algunos lo atribuyeron a un vistoso baile que, con una intención exorcizante, realizaron los toneleros –schäffer- de cerveza.

En recuerdo de aquella epidemia los muniqueses decidieron repetir el baile –la Schäfflertanz- cada siete años, siempre y cuando no volviese a repetirse la epidemia. Quinientos años después la tradición persiste, los danzantes visten con pantalones negros de cuero, chaqueta de color rojo, camisa y medias blancas, así como un pequeño sombrero verde.

Los años en los que desgraciadamente no se produce el baile el turista tiene que conformarse con una reproducción del mismo que se representa en el carrillón (Glockenspiel) del ayuntamiento neogótico de la capital bávara, situado en la Marienplatz. Todos los días, y en tres ocasiones, en este carrillón –el quinto más grande de Europa- desfilan treinta y dos figuras de tamaño natural al son de cuarenta y dos campanas.

Por cierto, si alguno está pensando en viajar hasta Múnich para asistir al baile de los toneleros, tendrá que esperar hasta febrero de 2019. Bueno, ya queda poco…

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.