Joseph Kony, el guerrillero más sangriento del mundo
Niños-soldados rescatados del Ejército de Resistencia del Señor hacen cola en un campamento del Programa Mundial de Alimentos en Uganda / EPA
Publicado Lunes, 23-03-09 a las 18:40
“Enviado de Dios”. “Mano Divina”. “Jesucristo reencarnado”. Estos apelativos son sólo una parte de los nombres utilizados a diario por los miembros del Ejército de Resistencia del Señor ugandés (LRA, por sus siglas en inglés) para referirse a su líder, Joseph Kony. Apelativos que disfrazan la leyenda de un guerrillero que, en apenas dos décadas de lucha silenciosa, ha provocado la muerte a decenas de miles personas y el secuestro de 20.000 niños en la región africana de los Grandes Lagos.
Es cierto que Kony -un autoproclamado profeta que dice recibir órdenes directamente del Espíritu Santo- no goza del glamour ni el carisma mediático de otros rebeldes locales como el congolés Laurent Nkunda (de hecho, el imaginario colectivo de su actual fisionomía corresponde a imágenes capturadas hace ya algunos años). Sin embargo, el líder del LRA cuenta con una biografía que acumula más muerte y destrucción que cualquier dictador africano al uso.
Sólo en los últimos tres meses, su “Ejército” (formado en su mayoría por niños soldado) habría asesinado a más de 1.500 personas, según denunciaba un reciente informe de Human Rights Watch. La principal de estas masacres se habría producido entre los días 24 y 25 del pasado mes de diciembre, cobrándose la vida de 865 civiles en el distrito congoleño de Haute Uele.
Sin ni siquiera la frágil lógica de otros grupos guerrilleros africanos, la lucha del LRA se centra en la defensa del mileniarismo bíblico y la necesidad de una Uganda gobernada conforme a los Diez Mandamientos. Sin embargo, la lucha por el control de los recursos minerales de la zona, principalmente el coltán, un mineral utilizado en la mayoría de los dispositivos electrónicos, se presenta como un motivo a tener en cuenta como método definitorio de sus actos.
Las numerosas incursiones del LRA en las frágiles fronteras del Congo o Ruanda no deben ser interpretadas como un “idealismo romántico” para extender el conflicto religioso por la región, sino como la forma más fácil de obtener financiación para sus operaciones.
Por ello, y dada la naturaleza de sus crímenes, la Corte Penal Internacional dictó una orden de busca y captura contra Kony por crímenes de guerra y contra la humanidad en 2007. Pero al contrario de lo que ocurrió con Nkunda, un circense guerrillero que hacía de la actuación y la pantomima su forma de vida, la captura de Kony es un hecho que se presenta casi inviable.
En dos décadas de terror apenas ha concedido un par de entrevistas, mientras que el Gobierno de Kampala anuncia casi a diario su “falsa” detención. Pero en una región plagada de conflictos étnicos y políticos, su captura no es, de momento, un elemento prioritario para la comunidad internacional.

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