Pablo Morillo, un héroe olvidado de la historia de España

Pablo MorilloLa gran traición venezolana que convirtió al mayor héroe de España en un «terrorífico» asesino

Gonzalo M. Quintero publica «Soldado de tierra y mar: Pablo Morillo el pacificador» (Edaf, 2017). Una obra en la que recorre la vida de un militar que, después de participar en batallas como Trafalgar o Vitoria, fue enviado a Venezuela para combatir contra los rebeldes

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Ni héroes, ni villanos. A pesar de que en ocasiones quiera ser narrada como un cuento de hadas protagonizado por buenos buenísimos y malos malísimos, la cruda realidad es que la historia la forjan individuos con sus claros y sus oscuros. Sujetos a los que un trauma puede hacerles modificar su perspectiva; personas que se adaptan a las circunstancias que les rodean y, en definitiva, hombres y mujeres como los que hoy pisan las calles. Aunque, eso sí, puestos en situaciones límite.

Esa dualidad es la que definió precisamente a Pablo Morillo y Morillo. Un ferviente patriota más castizo que la bandera rojigualda y un heroico militar que atesoró más victorias para la España del siglo XIX que los «Nelsones» y los «Wellingtones» para Gran Bretaña. Pero también un combatiente que instauró el denominado «Régimen del Terror» tras ser enviado por Fernando VII hasta Venezuela y Nueva Granada en 1815 para acabar con los conatos rebeldes locales que se alzaban clamando por la independencia.

En este triste período, que se extendió en Bogotá desde 1816 a 1819, Morillo creó tres tribunales que dirigieron con mano de hierro la región e iniciaron una represión que acabó con rebeldes, políticos y pensadores. Todo ello, a pesar de que su máxima siempre había sido seguir las órdenes de Fernando VII y lograr pacificar la zona aplicando «todos los medios de dulzura».

¿Qué llevó a Pablo Morrillo (héroe de batallas como Trafalgar, Bailén, Puente Sampayo o Vitoria) a cometer estas tropelías cuando jamás las había perpetrado? Según afirma a ABC Gonzalo M. Quintero Saravia, autor de «Soldado de tierra y mar. Pablo Morillo, el Pacificador» (Edaf, 2017), el rencor. Y es que, apenas unos meses atrás había sido sufrido una gran traición a manos del general venezolano Juan Bautista Arismendi en Isla Margarita (al noroeste del país).

«La isla fue de los primeros enclaves ocupados por la expedición de Morillo en tierras venezolanas y allí, en contra de la opinión de los principales líderes realistas venezolanos, perdonó a Arismendi y a sus hombres por su pasada rebelión. Cuando Morillo se marchó a Cartagena de Indias, recibió la noticia de la sublevación de Isla Margarita y del asesinato de toda la guarnición española de la plaza. Es a partir de este momento cuando Morillo empezaría a aplicar una política de represión», explica a este diario el historiador.

Aquella traición le caló en lo más hondo de su corazón y le llevó por un camino oscuro. Trayecto, por cierto, exagerado hasta el máximo exponente por los revisionistas venezolanos. Con todo, aquella negra mancha no borró el historial de un militar que ayudó a expulsar a Napoleón de España, que fue reconocido como un gran combatiente cuando todavía no alzaba ni medio palmo en el escalafón castrense por el mismísimo general Castaños y que -entre otras tantas cosas- logró mantener a raya a Simón Bolívar mientras dispuso de recursos para ello.

Hoy, Gonzalo M. Quintero Saravia nos aporta más luz sobre este desconocido personaje y sober su pasado. ¿Era el «Ángel exterminador» del que todos hablaban?

1-San Vicente, Trafalgar... ¿Cuál fue la participación de Morillo en las contiendas navales que enfrentaron a España contra Inglaterra?

La primera parte de la carrera militar de Morillo fue como infante de marina a bordo de distintos buques de la armada española. En este cuerpo alcanzaría el grado de sargento. Se sabe muy poco de su papel concreto en los distintos combates navales en los que participó, tan sólo que llegó a mandar una sección de infantes cumpliendo su deber, que básicamente consistía en abrir fuego contra los buques enemigos en cuanto éstos estuviesen a tiro de mosquete.

Pese al papel preponderante de la artillería de abordo mientras los buques estaban a cierta distancia, una vez cerca los disparos de la infantería de marina barrían la cubierta enemiga. No hay que olvidar que fue un tiro de mosquete de un infante de marina francés el que segó la vida de Nelson en Trafalgar.

2-¿Cuál fue su relación con los ingleses en la Guerra de la Independencia después de haber combatido contra ellos durante años?

Para contestar a esta pregunta es necesario intentar comprender la mentalidad de la época, especialmente la de los soldados (marinos y de tierra) profesionales. Hay que tener en cuenta que se trata de un contexto pre-nacionalista. El nacionalismo como ideología fue primero desarrollado en Inglaterra en el tercer tercio del siglo XVIII; de allí pasaría a los Estados Unidos; en Francia nació durante la revolución; y a España no llegaría hasta la lucha contra la invasión francesa de 1808.

El nacionalismo no entraría en juego hasta que fue necesario movilizar a la totalidad de la población para la guerra, hasta entonces los ejércitos profesionales combatían al enemigo que se les ordenaba, en una guerra limitada en la que el “odio” al enemigo podía ser un obstáculo pues, con frecuencia, el enemigo de hoy pasaba a ser el aliado de mañana y viceversa.

Dentro de este contexto, no cuesta pensar que Morillo pasase a ver a los ingleses de enemigos a aliados. Incluso con los franceses, Morillo no tendría problema en dejar de considerarlos como enemigos una vez terminada la lucha contra la invasión napoleónica. Cuando hubo de exilarse de España eligió París como residencia y no hay que olvidar que Morillo murió en el balneario de Barèges-Barzun, en el sur de Francia.

Pablo Morillo, en su edad adulta
Pablo Morillo, en su edad adulta-ABC

3-La batalla de Bailén le granjeó el afecto del General Castaños...

Ambos combatieron en Bailén y el lazo que se forma entre quienes han luchado en una misma batalla es siempre muy importante. No obstante, la diferencia de rango entre el entonces subteniente Morillo y el general en jefe Castaños determina que fuese difícil que entonces surgiese una verdadera amistad. La relación entre Castaños y Morillo data de más tarde, cuando Morillo ya había sido ascendido a general gracias a su prestigio y victorias militares.

4-El currículum de Morillo no se acaba nunca. Puente Sampayo, Vitoria... ¿Cuál fue su actuación más heroica en la última parte de la Guerra de la Independencia?

Las acciones de Morillo en estas batallas son difíciles de comparar, pues es muy distinta la responsabilidad de un coronel al mando de una partida de soldados y voluntarios, como fue el caso de su defensa del puente de Sampayo, con las responsabilidades de un general sobre el que recae la orden de abrir una importante batalla lanzándose junto a sus hombres contra el enemigo que ocupaba unas muy defendidas posiciones en los Altos de la Puebla en la batalla de Vitoria.

Pese al valor demostrado en los hechos de armas en los que participó, quizá sea aún más relevante su mérito como comandante del cuerpo de tropas españolas al mando de Wellington. El duque de Wellington temía que la sed de venganza provocase que las tropas españolas cometiesen excesos en la invasión del sur de Francia, lo que le enajenaría el apoyo del pueblo francés. Por esta razón decidió que sólo le acompañarían aquellas tropas de cuya disciplina podía estar seguro, entre ellas, los hombres al mando de Pablo Morillo.

5-¿Qué significó, en 1815, para un soldado tan versado como Morillo ser destinado a Venezuela para acabar con la revolución?

Morillo fue nombrado jefe de la expedición de pacificación de Costafirme por ser uno de los generales más prestigiosos con los que contaba el ejército español de la época y también por ser uno de los más jóvenes, pues para este puesto se requería una salud de hierro. El problema fundamental fue que para enfrentar una situación como la generada en América entre 1808 y 1815 no sólo era necesario alguien con experiencia como militar sino, sobre todo, con un profundo conocimiento de la realidad americana de la época y que además tuviera una profunda sensibilidad política.

6-¿Se convirtió Morillo en un tirano? Al fin y al cabo, se recuerda este período como el «Régimen del terror».

Las instrucciones originales de Morillo le ordenaban conseguir la paz aplicando “todos los medios de dulzura” y que se publicasen “indultos”, “perdones” y “olvidos generales de lo pasado”. Durante la primera época de su estancia en tierras americanas hizo todo lo posible para buscar la reconciliación pacífica entre los distintos sectores de la sociedad americana.

Los hechos que, a mi juicio, provocaron su radical cambio de perspectiva fueron las acciones de Juan Bautista Arismendi en Isla Margarita.

La isla fue de los primeros enclaves ocupados por la expedición de Morillo en tierras venezolanas y allí, en contra de la opinión de los principales líderes realistas venezolanos, perdonó a Arismendi y a sus hombres por su pasada rebelión.

Cuando el asedio a Cartagena de Indias estaba tocando a su fin, Morillo recibió la noticia de la sublevación de Isla Margarita y del asesinato de toda la guarnición de la plaza. Es a partir de este momento cuando Morillo empezaría a aplicar una política de represión. Una represión que es conocida como el “régimen del terror”y que empezó con el ajusticiamiento de los principales líderes políticos y militares de la Cartagena de Indias independentista y que continuaría en Bogotá, en este caso dirigida contra los miembros de la intelectualidad criolla con el expreso propósito de descabezar el movimiento independentista.

Es importante destacar que los instrumentos de esta política de represión en tierras americanas fueron los mismos aplicados en la península ibérica por el régimen absolutista de Fernando VII contra los afrancesados, primero, y contra los liberales, después.

7-¿Qué recuerdo se tiene en Colombia de Morillo? ¿Es real la leyenda negra que gira en torno a él en esta región?

A nivel popular, en Colombia y Venezuela, Morillo es la personificación del mal, de una manera muy parecida a cómo es visto el duque de Alba en los Países Bajos. Estas visiones son producto de una época en que la historiografía nacional necesitaba de la creación de mitos fundacionales para cimentar su propia identidad como nación. En la actualidad, las más recientes aportaciones de historiadores y estudiosos inciden en analizar más el contexto y menos a los personajes concretos, lo que ha llevado a poder tratar el tema de las leyendas negras o rosadas de manera más racional, desapasionada y objetiva.

«A nivel popular, en Colombia y Venezuela, Morillo es la personificación del mal»

8-Su libro comienza con una curiosa entrevista entre Morillo y Bolívar...

La entrevista tuvo lugar a instancias de Morillo, que quería conocer en persona a Bolívar. Ambos no podían ser más opuestos. Morillo, hijo de más que modestos campesinos, sin más educación que la recibida en la armada y el ejército durante décadas de servicio, vistió su mejor uniforme y acudió rodeado de su deslumbrante estado mayor. Bolívar, miembro de pleno derecho de la oligarquía mantuana venezolana, se presentó cabalgando una mula y vistiendo una simpe levita azul. El contraste estaba también en lo ocurrido durante los últimos años en América. Mientras Morillo vencía una y otra vez en el campo de batalla, poco a poco iba perdiendo la guerra, justo al revés que Bolívar.

Años más tarde, a finales de noviembre de 1835, cuando Morillo era capitán general de Galicia, recibió la visita de un viejo conocido, Daniel F. O’Leary, edecán de Bolívar durante la entrevista de Santa Ana en 1820. Cuenta O’Leary que “cuando Morillo supo que me estaba ocupando de escribir la vida de su viejo rival, de quién el mismo era un gran admirador, me entregó muchos documentos cogidos por los realistas en los campos de batalla de Venezuela”. Que el propio biógrafo de Bolívar hable en estos términos de Morillo implica una generosidad entre antaño enemigos que debe destacarse por lo que revela de humanidad.

Simón Bolívar, óle de Epifanio Garay
Simón Bolívar, óle de Epifanio Garay

9-Al final, no valió de nada su heroica actuación al otro lado del charco ¿Se emborrona su currículum por las capitulaciones ante los “patriotas”?

Los acuerdos de Trujillo de 1820 fueron la culminación de la nueva política americana impuesta por el gobierno liberal de Madrid surgido tras la sublevación de Riego en Cabezas de San Juan en 1820. De acuerdo a la visión de los liberales de la capital, todos los problemas en América eran consecuencia de la imposición del absolutismo derivado de la reinstauración en el trono de Fernando VII. Para ellos, liberales en la península ibérica e independentistas americanos eran aliados naturales contra el absolutismo. Por ello, desaparecido el absolutismo el problema quedaría resuelto con el envío de nuevos representantes americanos a Cortes para lo que era requisito previo el firmar un armisticio en América.

En esta época Morillo llevaba varios años combatiendo en América y tenía bien claro que la realidad era bien distinta a los buenos deseos de la capital. En varias ocasiones escribió al gobierno intentando convencerle de su error, pero la única alternativa que proponía era el envío de más soldados a América, lo que era absolutamente imposible, pues las tropas que se sublevaron en Cabezas de San Juan iban a ser embarcadas precisamente hacia tierras americanas. A estas alturas, la guerra estaba ya perdida para los realistas y lo siguientes cuatro años no serían más que una lenta y sangrienta confirmación de lo irreversible de las independencias americanas.

«La guerra estaba perdida para los realistas. Los siguientes años no serían más que una sangrienta confirmación de lo irreversible de las independencias americanas»

10-Se afirma que Morillo murió pobre a pesar de su infinito currículum de victorias y luchas por España

Si bien es cierto que a su muerte aún se le debían varios años de su sueldo como general, no hay que olvidar que su segunda mujer era miembro de una adinerada familia de comerciantes gaditanos. Gracias a ello, por ejemplo, pudo vivir confortablemente durante sus años de exilio en París.

11-¿Murió Morillo olvidado por su país?

El olvido es más moderno que contemporáneo. A su muerte, Morillo gozaba de un importante prestigio, especialmente en los círculos de los liberales moderados. Su título de conde de Cartagena le abrió las puertas de la alta sociedad. Su hijo Aníbal, segundo conde de Cartagena, fue un destacado diplomático que pasó su vida sirviendo al Estado en las embajadas en Bruselas, Nápoles, Lisboa, París y Berlín. A su muerte, el título pasó a su hijo Pablo, del que al morir sin descendencia llegó a su hermano también llamado Aníbal. El cuarto conde de Cartagena también fue diplomático de carrera llegando a ser embajador de España en Rusia y delegado de España en el centenario de la independencia de Venezuela.

En las conmemoraciones de los centenarios de las guerras de independencia española y americanas, el recuerdo de Morillo siempre estuvo muy presente.

De esta época datan: su estatua en Puente Sampayo, la creación de una medalla para los descendientes de aquellos que combatieron en esta batalla, el monumento erigido al “abrazo de Trujillo” en el municipio venezolano del mismo nombre, la primera y monumental biografía de Morillo escrita por el académico Antonio Rodríguez Villa, etc.

A la muerte del cuarto conde de Cartagena en 1929, éste hizo un importante legado a varias Reales academias a través de la creación de la Fundación conde de Cartagena. Durante varias décadas, la Real Academia de Ciencias contó con una cátedra con el nombre de conde de Cartagena. En la Real Academia de la Historia su memoria perduró a través de una serie de becas de estudio. En septiembre del 2003, la fundación conde de Cartagena junto con otras trece más fueron integradas en la fundación Premios Real Academia Española.

Pablo Morillo y Morillo
Pablo Morillo y Morillo

12-¿Cómo se acomete la elaboración de un libro sobre un personaje con una historia tan extensa?

Tenemos la suerte de que el archivo completo de Morillo se conserva en la Real Academia de la Historia, institución que me dio todo tipo de facilidades para su consulta. Aquí no puedo dejar de recordar al que se convertiría en un entrañable amigo, el académico bibliotecario Quintín Aldea. Todo ello se complementó con documentación de varios archivos en España, Colombia, Venezuela, Francia y Reino Unido, pues era imprescindible tener distintas perspectivas sobre los hechos.

La investigación y la redacción del libro las realicé mientras vivía fuera de nuestro país por lo que fueron necesarios varios viajes para consultar las fuentes, pues desde el principio decidí que la base de la biografía de Morillo serían los relatos y documentos de los principales protagonistas, dejando las fuentes secundarias para entender el entorno y el contexto histórico.

13-¿Cree que se merece el sobrenombre de “El Pacificador”, o le calificaría de otro modo?

El título de pacificador, tomado de manera aislada de su contexto específico histórico, puede ser de los más distinguidos del mundo. La expedición militar mandada por Morillo fue llamada de pacificación pues si se hablaba de guerra ello implicaba el reconocimiento del enemigo en cierto pie de igualdad y el objetivo era negar cualquier legitimidad a los alzados en armas en América. El problema es que la paz que entonces todos pretendieron imponer no fue otra que la de los cementerios.

14-¿Cree que Morillo se merece un puesto al lado de grandes héroes españoles como los ya populares Blas de Lezo o Bernardo de Gálvez? ¿O incluso supera las hazañas de estos?

La referencia a Blas de Lezo y a Bernardo de Gálvez me resulta especialmente cercana pues a ambos les he dedicado años de estudio. Sobre el primero publiqué su biografía con Planeta en Colombia en el año 2002 (que ha sido editada de nuevo el año pasado por EDAF en una versión corregida y actualizada). Sobre el segundo, que fue objeto de mi tesis doctoral en la facultad de Historia de la universidad Complutense, en abril del año que viene saldrá en Estados Unidos su biografía publicada por la editorial de la universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill.

Sobre el lugar que debiera ocupar Pablo Morillo, no creo que se trate de una competencia con otras figuras históricas hasta hace poco tampoco muy conocidas.

Una de las cosas más fascinantes de la biografía de Morillo es que permite recorrer una parte muy importante de nuestra historia y mi objetivo es que su biografía sirva para intentar comprender parte de este periodo que considero esencial. Además, la vida de Morillo sirve también para destacar aspectos que me parecen relevantes.

«El título de pacificador, tomado de manera aislada de su contexto específico histórico, puede ser de los más distinguidos del mundo»

Por ejemplo, el ascenso de Morillo, desde una familia de pobres labradores en Fuentesecas, en la provincia de Zamora, al generalato y a la nobleza titulada es prueba de “los resquicios” que brindaba el sistema del Antiguo Régimen para la movilidad social. Una movilidad social en la que el ejército y el ascenso por méritos de guerra serían esenciales y que tendrían un impacto fundamental en las transformaciones sociales del siglo XIX español.

Otra cuestión interesante es que su biografía permite insistir sobre el carácter de guerra civil de los conflictos por la independencia americana. Desde esta perspectiva, las guerras de independencia en América Latina se insertan en una crisis Atlántica cuyos orígenes, desarrollo y consecuencias desbordan con mucho los límites del imperio español de la época y, al mismo tiempo, permiten visualizar el conflicto desde una perspectiva de guerra civil que representaría el inicio de una serie de contiendas civiles que marcarían la historia desde principios del siglo XIX hasta bien entrado el siglo siguiente. Un período de guerras civiles tanto en la España peninsular como en las nuevas naciones americanas que teñirían de sangre ambos continentes durante más de un siglo. Una época marcada a ambos lados del Atlántico por los pronunciamientos y el caudillismo.

15-¿Cómo es posible que un personaje como Morillo, fiel defensor de España en decenas de contiendas, no tenga un mayor reconocimiento en nuestro país?

Hay que distinguir entre conocimiento y reconocimiento. Mientras que el conocimiento sólo implica el hecho de ser recordado, el segundo conlleva una valoración positiva del recuerdo. La diferencia es esencial en el caso de la memoria de Pablo Morillo, pues mientras que es España es poco conocido y apenas reconocido, en Colombia y Venezuela es bastante conocido, pero no reconocido.

También hay que tener en cuenta que por mucho que haya hecho un personaje, por muy relevante que sea su biografía, su nivel de reconocimiento o de conocimiento en cada momento histórico depende mucho de lo que entonces sea más relevante o popular en cada sociedad. En otras palabras, el interés por un personaje histórico dice más sobre la sociedad de cada momento que sobre el propio personaje en sí.

Si utilizamos el bronce como índice de reconocimiento, hasta hace bien poco Morillo se situaba por encima de los ya citados Blas de Lezo y Bernardo de Gálvez. Hasta hace unos años, sólo había una estatua de Lezo en Cartagena de Indias y Gálvez no tendría las suyas en España hasta no hace mucho. Para el caso de Morillo, su primera estatua fue inaugurada en 1911 en Puente Sampayo (Galicia), un año después lo fue el monumento al “abrazo de Trujillo” entre Morillo y Bolívar en el municipio de este nombre en Venezuela, y en Zamora fue erigida otra en el 2010.