TODO IRÁ BIEN

Incierta cabra

El encuentro de ayer entre Pascal y Rubalcaba fue casual y sirvió para que Pascal ayudara al exsecretario general del PSOE a hacerse una composición de lugar en el agotador laberinto nacionalista

Salvador Sostres
BarcelonaActualizado:

El mayor mérito que ha tenido la aplicación del artículo 155 es enfrentar al independentismo con las consecuencias de sus actos. El independentismo ha ingresado en la edad adulta no gracias a la solvencia de sus planteamientos sino a la firmeza con que por primera vez España lo ha tratado como a un adulto, reclamándole la libertad y la democracia que tanto exige a los demás.

En tan crucial momento, el presidente Rajoy estuvo solo y no pudo contar ni con Ciudadanos ni con el PSOE, demasiado oportunistas para comprometerse con las más graves razones de Estado. Sólo cuando no les quedó más remedio, porque entendieron que la opinión pública no iba a perdonarles la tibieza, hicieron ver que ayudaban al Gobierno cuando en el fondo sólo se ayudaron a sí mismos a no hacer el más estrepitoso ridículo.

Pero aunque es cierto que la relación entre el presidente Rajoy y Pedro Sánchez ha mejorado mucho, y ambos están satisfechos en este sentido, desde que Felipe se fue, los socialistas son una cabra incierta sin otra dialéctica que el cuerno y la coz.

El encuentro de ayer entre Marta Pascal y Alfredo Pérez Rubalcaba fue casual y sirvió para que Pascal ayudara al exsecretario general del PSOE a hacerse una composición de lugar en el agotador laberinto nacionalista. Nada que decir. Pero es importante que Sánchez mantenga a su partido alejado de la frivolidad y de esa tendencia tan socialista de enredar en las tensiones territoriales para poder acusar de facha al PP y poder comparecer como los que intermedian entre distintas sensibilidades.

Entre el populismo de Podemos y el populismo de Ciudadanos, el PSOE tiene la oportunidad de recuperar su sentido de Estado, de volver a centrarse y de recuperar desde ahí su vocación mayoritaria. España necesita tener una izquierda moderada y seria a la que poder votar sin cargarse la integridad nacional ni la prosperidad económica y social.

Con la nueva relación entre Sánchez y el presidente Rajoy no sólo hemos recuperado la imprescindible normalidad y lealtad institucional entre Gobierno y oposición: también la idea central de que bien sea bajo la forma del comunismo, el independentismo o el narcisismo, el gran enemigo de una sociedad vertebrada es el populismo, los charlatanes de soluciones fáciles -y falsas- a problemas complejos y reales; y es contra ellos contra los que tendremos que articular mayorías y un proyecto político que nos aleje de los peores abismos de siglo XX y dé sentido y profundidad a nuestro tiempo civilizado y libre.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres