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LIBROS

Populismos, la cara B de la democracia

Los populismos, como bien refieren los dos ensayos que ocupan estas líneas, no son solo un asunto que concierne a países frágiles, sino que también afecta a potencias consolidadas

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El populismo constituye la cara B de la democracia, un enemigo interior que se dedica a corroer sus fundamentos en nombre de un perfeccionismo utópico e inalcanzable. En España acaban de publicarse dos interesantes ensayos sobre el tema: «Contra el populismo», de José María Lassalle, y «El estallido del populismo», un volumen colectivo coordinado por Álvaro Vargas Llosa. El diagnóstico en ambos casos es coincidente, aunque los enfoques sean distintos y, en muchos sentidos, complementarios.

En la obra coordinada por Álvaro Vargas Llosa se analiza el momento actual del populismo en Occidente, país por país -con una atención particular al ámbito hispanoamericano-, en su intento de impugnar el progreso liberal de este último medio siglo. Y, para ello, cuenta con la colaboración de un nutrido equipo de periodistas e intelectuales.Enrique Krauze, por ejemplo, nos acerca a la figura de quien sea tal vez el principal favorito en las próximas presidenciales en México, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador. «Es difícil -observa Krauze- que un hombre sin mundo entendiera el mundo y el lugar de su país en el mundo. Era difícil que un hombre encerrado en su mundo viera la necesidad de reformarlo en un sentido a la vez realista y moderno».

Este breve pasaje nos ofrece muchas de las claves necesarias para entender el marco inicial del populismo, que viene definido por una visión en el fondo profundamente premoderna y poco realista de los procesos de cambio social. A lo que habría que añadir las palabras del propio Vargas Llosa, en el capítulo dedicado a Donald Trump, donde observa que, «con pocas excepciones, los países avanzados que se inclinan por el populismo nacionalista en un momento dado suelen hacerlo después de un largo periodo de incubación de miedos, rencores y frustraciones que cristalizan en un movimiento político». Sería el caso de los Estados Unidos y de la victoria del antieuropeísmo en el Reino Unido. Y es la amenaza latente que vive España en forma de descrédito constitucional, irrupción podemita y propagación de esa especie de posverdad conocida como «derecho a decidir».

Distopía poshumana

A lo sucedido en estos últimos años en nuestro país, por cierto, le dedica Cayetana Álvarez de Toledo unas páginas magníficas en «El estallido del populismo». «Los anglosajones, tan fértiles con las palabras -escribe-, han acuñado el sintagma "post-rational democracy" para explicar fenómenos deplorables como el "brexit" o el ascenso de Trump». Y este concepto -democracia posracional- nos sirve también para ilustrar mejor una de las características más temibles de la política actual, a saber, la imposición de un lenguaje que se aleja de los hechos contrastados -España es y ha sido, en estos últimos cuarenta años, una historia de éxito- reemplazándolos por algún tipo de sucedáneo que desprecia la realidad y apela a un discurso trufado de victimismo, miedo y resentimiento. «El avance del populismo en España -concluye Álvarez de Toledo- es también el resultado de una abdicación». Moral y ética, diría uno.

El populismo se define por una visión en el fondo profundamente premoderna y poco realista de los procesos de cambio social

Reivindicar la razón ilustrada -una razón convenientemente ensanchada, depurada y reformista- como garantía de la democracia frente a las invectivas antisistema de la nueva sentimentalidad política es el núcleo del nuevo libro de José María Lassalle, titulado «Contra el populismo». Se trata de un ensayo breve, de apenas 125 páginas, caracterizado por una urgente transversalidad. «Ninguna de las instituciones que han definido la cultura jurídica de la civilización liberal desde las llamadas «revoluciones atlánticas hasta nuestros días -sostiene- está a salvo». Y es la conciencia de esta amenaza vertebral la que el político cántabro disecciona con la paciencia y la lucidez de un taxónomo. Y nos advierte que así como el populismo arraiga «a medida que se extiende e intensifica el miedo», el mayor riesgo al que se enfrenta Occidente pasa por «la hipótesis de una hibridación del populismo y la tecnología», una distopía de rostro poshumano.

Frágil y endeble

En un capítulo final, en el que se vindica la urgente actualidad del filósofo norteamericano Richard Rorty, Lassalle nos invita a «cuidar la democracia. Abrazarla en sus dificultades y debilidades», estableciendo un paralelismo directo con la realidad biológica del cuerpo humano, constitutivamente frágil y endeble. En la más pura tradición liberal, «Contra el populismo» subraya el valor benéfico de dicha imperfección, que nos protege paradójicamente de caer en las garras del totalitarismo: «Nosotros somos los que hacemos a la democracia virtuosa o corrupta, exitosa o fallida. Olvidar esto es caer en el error de los profetas y moralistas que pontifican sobre ella sin entenderla, ya que le piden lo imposible: que deje de ser frágil e imperfecta para convertirse en una divinidad política que se autorregenera periódicamente para seguir siendo prístina e infalible ante la mirada sumisa de sus súbditos». Creo que no se puede resumir mejor en qué consiste la virtud democrática.