Miguel Zea, jefe del centro de coordinación de Salvamento Marítimo en Almería
Miguel Zea, jefe del centro de coordinación de Salvamento Marítimo en Almería - Salvamento Marítimo
ENTREVISTA

«Las tragedias de pateras no se viven; se sufren hasta en el alma»

Los trabajadores de Salvamento Marítimo como Miguel Zea, jefe del centro de coordinación de Almería, también son personas que sufren con cada vida que no pueden salvar en el Mediterráneo

MadridActualizado:

1996, llega la primera patera a España; 2006, la crisis de los cayucos asola nuestras costas; 2017, la cifra de inmigrantes que llegan por mar casi se triplica respecto al año anterior. Todos estas fechas han pasado frente a los ojos de Miguel Zea, jefe del centro de coordinación de Salvamento Marítimo en Almería. Una vida dedicada a rescatar supervivientes en el mar que realizan una travesía nunca sencilla y siempre dramática.

Hoy, el responsable de la base almeriense reflexiona sobre su trabajo, sus sentimientos y sus vivencias. No tiene un empleo cualquiera. De sus decisiones pueden llegar a depender vidas humanas y carga con esta losa desde hace 22 años. Ha coordinado miles de operaciones de salvamento desde tierra y sabe bien que el tiempo apremia cuando una patera sale al Mediterráneo desde Marruecos.

¿En qué consiste su labor al frente del centro de Almería?

Mi trabajo es supervisar toda la coordinación de las operaciones; proveer de todos los medios disponibles dentro de la organización para que estén en perfecto estado para responder; proporcionar todas las necesidades del centro para las labores que tiene encomendadas; velar por el buen funcionamiento de todo; y coordinar las unidades adscritas a este centro. Una labor de coordinación y mando.

¿Trabajar en Salvamento Marítimo ha de ser necesariamente vocacional?

Tiene que serlo. Otra cosa es que se dé en todas las personas, pero como en todas las profesiones. De lo contrario saldrías corriendo. Hay situaciones que no te puedes imaginar. ¿Sabes lo que es llegar y ver un barco deshecho, bebés flotando, las madres desgarradas…? Eso es horroroso.

¿Cómo se vive después de ver todo esto que cuenta?

No se vive; esto se sufre hasta en el alma. Tenemos un convenio con Cruz Roja con los equipos de atención psicosocial. Tienen equipos que saben manejar estas situaciones. Reconfortan a la gente que ha sufrido esto y al entorno. Por eso se hizo un acuerdo con ellos para atender también a los trabajadores de Salvamento Marítimo que lo necesitaran. La gente del mar está muy unida, en lo bueno y en lo malo. Se creó este convenio que ha dado un resultado magnífico. Esos equipos están a disposición de las unidades, principalmente de las de primera intervención, para cuando ocurre una desgracia hablar con ellos, intentar tranquilizarles y darles ayuda psicológica. Se han hecho charlas y las tripulaciones lo agradecen mucho. A veces te quedas con eso dentro y crees que se te ha pasado pero en un momento dado vuelve a salir. Sin ayuda en estas situaciones te hundes.

¿Cómo actúan cuando les llega una emergencia?

Las emergencias más críticas, por número de personas, son las de inmigración. Requieren una respuesta muy rápida y contundente, y un mayor número de medios. En inmigración hablamos de operaciones de búsqueda y rescate. Cuando surge una alerta evaluamos la complejidad y urgencia que se requieren.

En las emergencias de pateras siempre decretamos el peligro inminente desde el primer minuto. Si has tenido conocimiento de que una patera ha salido 8-10 horas antes, aunque no tengas constancia de una petición de auxilio, siempre lo consideramos como una emergencia real y como una embarcación en peligro inminente. El estado de navegabilidad de las pateras es siempre precario; no llegan casi nunca a las costas españolas. Es un disparate la cantidad de personas que van en esas pateras: con capacidad para 4-5, te encuentras que van 50 en realidad. La existencia de una situación de emergencia no puede depender nunca de que haya una solicitud previa de ayuda. Estamos hartos de ver a diario que duran media hora, una hora o cuatro horas en el agua. Al localizarla, cuando llega el rescate, la embarcación se puede haber deshecho literalmente en media hora. No duran nada, están hechas una pena.

Un grupo de trabajadores de Salvamento Marítimo auxiliando a un grupo de inmigrantes
Un grupo de trabajadores de Salvamento Marítimo auxiliando a un grupo de inmigrantes - EFE

¿Se trabaja distinto cuando son pateras en comparación a otras embarcaciones?

No cabe duda. Todo va en contra de estas personas. En una emergencia en cualquier buque de bandera europea los barcos están normalizados. Hay convenios internacionales muy ambiciosos que son como «El Quijote». Las embarcaciones siempre van a tener posibilidad de pedir ayuda; tienen una construcción fuerte. Siempre puedes tener contacto con esas embarcaciones y los tienes monitorizados. Con las pateras todo es una incertidumbre. Lo único que sabes es que ha salido de Marruecos pero el mar es muy grande. Con una diferencia de 20 grados, al cabo de 10-15 horas se convierte en una zona de búsqueda tremenda porque tienes que estar pensando que han podido quedar a la deriva desde el principio.

¿Cómo hacen para localizarlas?

La experiencia nos enseña mucho. Hemos desarrollado unas herramientas que nos ayudan a descartar zonas. Las alertas nos llegan unas 8-10 horas después de que salen. El modus operandi es el siguiente: salen al mar y los familiares calculan que han entrado ya en zona de responsabilidad española para dar la voz de alerta a través de ONG, que nos lo trasladan a nosotros. Incluso a veces las mafias nos alertan. Estas criaturas van chocadas desde que salen. Su primer contacto con la mar muchas veces es este.

Llama la atención que el aviso lo dan las familias a través de ONG

Las ONG previamente reciben la alerta de los familiares. Ellos trabajan con los inmigrantes en el norte de África. Tienen mucha ligazón con ellos. Los familiares les llaman cuando están preocupados y luego nos avisan a nosotros para que vayamos. La familia solo quiere que vayan a rescatarles. No puedes perder ni un minuto. Cuántas veces habremos llegado al sitio y nos encontrábamos con un barco deshecho y la gente en el agua. Cada vez esto ocurre más porque las embarcaciones son más precarias.

¿Cuáles son los puntos calientes a través de los cuales cruzan el mar?

En nuestra zona hay varios puntos: el cabo Quilates, Tazarini, Charrana, Punta Negri, la Mar Chica… Hay una serie de puntos de los que ellos salen habitualmente.

Un grupo de inmigrantes tras ser rescatados de una patera en 2015
Un grupo de inmigrantes tras ser rescatados de una patera en 2015 - EFE

¿A partir de qué momento suspenden una búsqueda?

Hasta que no hemos peinado el mar de Alborán entero, literalmente, no paramos. Si no tenemos noticias de que las autoridades marroquíes les han rescatado o que ha ocurrido algo extraño, al cabo de 4-5 días puedes suspender una operación porque ya no haya más que hacer. Pero esto no suele suceder. Hasta que no les localizamos mantenemos la búsqueda porque sabemos que están ahí. Cada día que pasa es dramático.

En comparación a años anteriores, ¿cómo se encuentra la situación actualmente?

Estamos en una tendencia disparatada. Desde 2015 estamos doblando las cifras de rescates de años anteriores. En 2017 casi hemos triplicado. Los dos primeros meses de 2018 ya se ha doblado los dos primeros meses de 2017. Es una situación dramática para ellos, pero tenemos buena respuesta y capacidad. Disponemos de medios que nos permiten afrontar este incremento anual, aunque si esto continúa aumentando puede llegar un momento en el que la cosa se complique. Esto es imposible de parar. Desde 1996, que tuvimos la primera patera, estamos bregando con esto. A partir de ahí todo ha ido creciendo hasta la crisis de 2006, la de los cayucos. De 2006 a 2010 la tendencia bajó pero ese año volvió a subir la llegada de inmigrantes por mar y ya es imparable.

Entiendo, entonces, que las pateras son su principal preocupación a día de hoy

Por supuesto. Esto es lo que más nos ocupa y nos preocupa.

¿Se consideran héroes?

No, de verdad. Es una profesión apasionante y gratificante, pero muy dura. No te puedes hacer una idea del grado de cohesión que hay en los equipos. Sin embargo, no nos consideramos héroes.