Una persona cruza una calle en Londres, Reino Unido
Una persona cruza una calle en Londres, Reino Unido - EFE

Londres supera en cinco días el límite legal de polución de todo el año

El Parlamento y los tribunales han reiterado que la contaminación es «una emergencia nacional» no atendida

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Tras la careta verde de sus parques y sus elegantes casas bajas victorianas, Londres es en realidad un sepulcro blanqueado, una de las ciudades más contaminadas de Europa. Según el último informe de la Agencia Europea de Medioambiente, el Reino Unido se ha convertido tras Italia en el segundo país de la UE donde más ciudadanos mueren por causa del dióxido de nitrógeno (NO2). Una y otra vez, la capital británica supera los topes de contaminación que marcan las normas comunitarias, pero en el arranque de este año se han batido récords. En solo cinco días, la calle Brixton Road, en el barrio de Lambeth, al Sur de la metrópoli, ha superado ya el tope de NO2 permitido para todo el año.

Según datos del propio Gobierno británico, la contaminación provoca 40.000 muertes prematuras anuales en el Reino Unido, 23.000 de ellas en Inglaterra y 10.000 en Londres. Pero el problema no radica solo en la capital: 37 ciudades exceden los límites comunitarios. El Parlamento y los tribunales han reiterado que la polución es «una emergencia pública nacional» que no está siendo atendida.

La normativa europea establece que no se deben superar más de 18 veces al año los 200 microgramos de NO2 por metro cúbico de aire. Pero a Lambeth le han bastado cinco días de 2017 para desbordar ese límite, en parte por un diciembre muy seco. No es la única calle sucia. La mayor arteria comercial de la ciudad, Oxford Street, romperá el techo del año también en breve, al igual que el Strand, o Putney High Street, que en 2016 fue la vía más sucia de Londres, superando el techo de NO2 la friolera de 1.221 veces. Calles de tiendas tan elegantes como Marylebone High Street, Knightsbridge o Kings Road en Chelsea suponen también paseos muy nocivos para la salud.

Los grupos ecologistas que luchan por un aire más limpio han calificado el récord de Lambeth de «vergonzoso recordatorio de la situación de la contaminación en Londres». Boris Johnson, el anterior alcalde de la ciudad, abordó el problema de manera indolente y frívola. No solo no hizo nada al respecto, sino que puso en solfa un estudio del Kings College que alertaba de la magnitud del riesgo para la salud. Al final hubo de pedir disculpas ante la evidencia de los hechos.

La contaminación de los «minicabs»

Sadiq Khan, el nuevo alcalde, promete crear en breve diez nuevas zonas de emisiones ultra bajas y doblar en cinco años las partidas presupuestarias contra la polución. En diciembre, el Ayuntamiento informó de los datos de contaminación en paradas de bus y estaciones de metro. Pero su batería de medidas resulta lenta e insuficiente. Los ecologistas critican, por ejemplo, que se siguen concediendo licencias de «minicabs», pequeños taxis con vehículos de diésel muy pobres, que resultan altamente contaminantes. A ellos se unen los vistosos autobuses de dos pisos, auténticas bombas de malos humos, y el trasiego constante de aviones en los cinco aeropuertos de la capital.

El mes pasado, por segunda vez en solo 18 meses, el Alto Tribunal, la segunda mayor instancia judicial británica, llamó al orden al Gobierno por no tomar medidas y lo instó a actuar de inmediato. Theresa May ha respondió con una declaración voluntarista en el Parlamento, aunque sin anunciar medidas concretas: «Nadie en el Parlamento duda de la importancia de la calidad del aire. Tomaremos medidas. Hay que hacer más y lo haremos».

En 2016, el 60% de las 97 estaciones que miden la calidad del aire en Londres excedieron los límites comunitarios de NO2. Esta semana, un amplio estudio científico con dos millones de ancianos de Ontario, en Canadá, ha revelado que vivir a menos de cincuenta metros de vías altamente congestionadas aumenta en un 7% la posibilidad de padecer la enfermedad de Alzheimer.