Santiago Martín

La libertad como herejía

Mientras no se asuma que la libertad tiene límites no haremos más que pagar las consecuencias de una cultura que se está aniquilando a sí misma

Santiago Martín
MadridActualizado:

Las sentencias de los Tribunales alemán y belga sobre las peticiones de extradición a los responsables del proceso de independencia de Cataluña, han gustado a unos y han disgustado y sorprendido a muchos más. La cuestión de fondo quizá no esté en la existencia, en los países donde se han refugiado los golpistas, de unas leyes equivalentes a las españolas. Es posible que el problema sea más profundo, pues, como se ha visto, a muchos europeos —entre ellos, los jueces que han dictado las sentencias— les repugna que alguien pueda ir a la cárcel por defender sus ideas, aunque esa defensa se haga desde la ilegalidad. Desde hace muchos años, estamos construyendo todo basado en un determinado concepto de libertad.

En nombre de la libertad se ha legislado a favor del aborto («mi cuerpo es mío») y de la eutanasia («tengo derecho a morir cuando me apetece»), pero también se han aprobado leyes que no solo aprueban el divorcio, sino incluso el repudio (así calificó en su día la Conferencia Episcopal española la ley del «divorcio exprés»). En nombre de la libertad se va incluso contra la naturaleza, aceptando que se pueda cambiar de sexo con solo desearlo, llegando a prohibir que se pueda disentir de una ley que consagra lo que a muchos les parece una aberración. En nombre de la libertad se publican calumnias a través de internet, como sucede con muchos de los comentarios que acompañan a las noticias. Todo se ha reducido a una cuestión de «me apetece» o «me gusta», sin que deba haber consecuencias, aunque éstas perjudiquen a otras personas a las que no se les concede ni el derecho a opinar (el no nacido por ejemplo, o en este caso a la mayoría de los catalanes que no quieren separarse de España).

Mientras no se asuma que la libertad tiene límites y que estos coinciden con el respeto a los derechos de los demás, no haremos más que pagar las consecuencias de una cultura que se está aniquilando a sí misma por exaltar hasta el extremo algo que es bueno, hasta perder el equilibrio. Chesterton decía que la herejía es una verdad que se ha vuelto loca. Hoy es ese concepto de libertad el que se ha transformado en herejía.

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