Importa el tiempo de descanso nocturno, pero sobre todo la calidad, que sea profundo y reparador
Importa el tiempo de descanso nocturno, pero sobre todo la calidad, que sea profundo y reparador

Dormir mal o menos de seis horas, tan malo para las arterias como el tabaco

Una investigación española con 4.000 personas relaciona por primera vez la calidad del sueño con el riesgo de sufrir un infarto o un ictus

MADRIDActualizado:

El descanso nocturno se acaba de sumar a la lista cada vez más larga de factores que ponen en peligro la salud cardiovascular. Además del sobrepeso, el colesterol, la hipertensión o el sedentarismo, la falta de horas de sueño o el descanso de mala calidad podría ser una bomba de relojería para el corazón, según se desprende de una ambiciosa investigación española con casi 4.000 voluntarios, trabajadores del Banco Santander. El estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) demuestra, por primera vez, que las personas que duermen menos de seis horas por la noche pueden tener más posibilidades de sufrir un infarto o un ictus que las que descansan entre siete y ocho horas diarias. El sueño sería un factor de riesgo cardiovascular tan potente como la obesidad, el tabaquismo o la falta de ejercicio.

«Nuestro estudio es una señal de alarma y nos muestra un peligro que desconocíamos hasta la fecha», asegura Valentín Fuster, director del CNIC. En el trabajo han participado otros investigadores del centro, como Fernando Domínguez y José María Ordovás y ha merecido su publicación en la revista de la Asociación Americana de Cardiología.

La investigación se ha realizado con una tecnología muy sensible que ha permitido contar con información objetiva sobre la calidad del sueño. Los participantes durmieron durante una semana con un actígrafo, un dispositivo que mide de forma continuada sus movimientos mientras dormían.

Peor la mala calidad

Se dividieron en tres grupos: los que dormían menos de seis horas, de seis a siete horas, de siete a ocho horas y los que lo conseguían durante más de ocho horas. Después se sometieron a una ecocardiografía en 3D y tomografías en busca de señales de enfermedad cardiovascular. Tras considerar los factores de riesgo tradicionales, se vio cómo los participantes que dormían menos de seis horas tenían una probabilidad un 27% mayor de tener aterosclerosis -la acumulación de placas en las arterias y el primer paso para sufrir un problema cardiovascular- en comparación con los que lo hacían de siete a ocho horas diarias. Además los que tenían una mala calidad de sueño -se despertaban y se movían mucho durante la noche- tenían una probabilidad de un 34 por ciento más de tener aterosclerosis.

Una curiosidad del estudio, aunque no estadísticamente significativa, es que el riesgo también se elevaba entre los que dormían más de ocho horas, especialmente las mujeres. Por lo que se sugiere que el sueño excesivo también podría ser un factor de riesgo.

Valentín Fuster: «Yo duermo solo cuatro horas al día, sin embargo descanso profundamente. Importan las horas dormidas y también la calidad del sueño»

El hallazgo es importante porque permitirá tener en cuenta el sueño como una herramienta terapéutica más junto a la dieta, la actividad física y los fármacos. «Importan las horas dormidas, pero también la calidad del sueño», asegura Valentín Fuster. El cardiólogo se pone él mismo como ejemplo: «Yo duermo solo cuatro horas al día, sin embargo descanso profundamente. A mí si me ponen el aparato ni se mueve», garantiza.

¿Por qué?

El vínculo entre el daño arterial y la calidad del sueño aún no está claro. No se sabe aún por qué ocurre, aunque el director del CNIC tiene una intuición. Su hipótesis es que las personas que descansan poco duermen mal porque se meten en un círculo vicioso: si están con preocupaciones o sufren ansiedad no descansan y activan más el sistema nervioso simpático -el que acelera- a diferencia del parasimpático, -el que frena-. Luego esa mayor activación del sistema simpático les impide descansar y así se perpetúa la falta de sueño, cuenta.

Los hábitos también cuentan. La investigación con los trabajadores del Banco Santander muestra cómo los que tenían un sueño más fragmentado son los que tomaban más cafeína y alcohol durante el día, aunque estadísticamente tampoco representan una muestra significativa. «Es sencillo recomendar a una persona que deje de fumar para proteger el corazón, pero el sueño tiene soluciones más complejas. A veces es un problema de ansiedad, otras de falta de sueño porque se acuestan tarde..., cada persona se conoce bien y sabe cómo puede descansar mejor».