Vista del Lago McLure, al 7% de su capacidad
Vista del Lago McLure, al 7% de su capacidad - abc

California aprende a vivir sin agua tras cuatro años de sequía

No tirar de la cadena del retrete, abstenerse de comer almendras, pintar el césped... La sequía persistente cambia la vida de los californianos y pone en peligro la huerta de EE.UU.

JAVIER ANSORENA
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A principios de mes, un grupo de funcionarios del Departamento del Agua de California se disponía a escalar hasta las cimas de la Sierra Nevada para medir el volumen de nieve. Suspendieron la expedición, porque no había nada que medir.

El deshielo de las cumbres californianas supone el 30% del abastecimiento de agua en el final de la primavera y el verano. En total, había un 3% de la nieve habitual para ese periodo.

Es una muestra más de la dureza de la sequía que asola California y que ya está en su cuarto año. El estado más rico del país, el vergel que ha surtido de frutas y hortalizas durante décadas a EE.UU., vive ahora desolado por la falta de agua: campos parcheados, lechos desnudos de los ríos, barcos flotando en el suelo de lo que era un embalse, pozos que perforan cada vez más profundo para buscar donde no hay en los acuíferos.

La sequía ha cambiado el paisaje de California, pero también su modo de vida. En los campos de cultivo del Central Valley, el extenso valle que recorre el estado de Norte a Sur, entre las montañas de Sierra Nevada y el Pacífico, la situación es desesperada. La escasez de agua ha dejado a comunidades agrícolas como Firebaugh o Mendota con un desempleo del 40%. Los propietarios de tierra se lanzan a perforar pozos cada vez más profundos, para llegar a acuíferos que será imposible restituir cuando se agoten. Hay listas de espera de hasta un año para las empresas que se dedican a cavarlos.

El 80% de agua en agricultura

La agricultura utiliza alrededor del 80% del agua de California. Los centros urbanos, sin embargo, también se han visto afectados de lleno. El gobernador del estado, Jerry Brown, tuvo que imponer el mes pasado los primeros cortes de agua obligatorios para uso urbano en la historia de California. El objetivo era reducir el uso de agua en ciudades en un 25%. El año pasado ya pidió que los municipios consiguieron un recorte del 20% de forma voluntaria, con poco éxito. Brown hizo el anuncio desde una pradera de hierba seca en Sierra Nevada. «Estoy pisando hierba seca. Debería estar sobre metro y medio de nieve», dijo en relación a los neveros que este verano no abastacerán las necesidades del estado.

La orden ponía énfasis en jardines públicos y privados, campos de golf, piscinas, fuentes...

«Ya no lavo el coche»

Muchos californianos, concienciados con el problema, han iniciado la lucha contra la sequía desde casa. Crescentia, una actriz que vive en Topanga, un suburbio de Los Ángeles, ha empezado a reutilizar el agua. «Solo usamos jabón y champú biodegradable, y cuando nos duchamos utilizamos ese agua para regar nuestro huerto. No tiramos de la cadena del retrete hasta que está marrón. No es agradable, pero se ahorran casi 20 litros en cada uso», explica. También intenta cambiar la situación con el carro de la compra: «Compramos agua de manera más eficiente, con envases más grandes, y alimentos que resisten mejor la sequía. Intentamos no aumentar la demanda de productos que requieren de mucha agua».

Algo similar cuenta Matt, un videoartista angelino cuya vida ha cambiado con la sequía: «No lavo el coche, ni bebo agua embotellada. Evito comer almendras [un cultivo que requiere mucha agua, se lleva el 10% de la que consume California] y he empezado a ducharme utilizando un solo cubo de agua».

Para otros, la sequía es poco más que algo que repiten los periódicos y las televisiones. «No ha afectado mi día a día», dice Brad, que trabaja en una firma de inversión y vive en Santa Mónica. «La sequía no me preocupa demasiado. A mis amigos tampoco», confiesa.

Pero a su alrededor, florecen los negocios de sprays para pintar de verde los jardines amarillentos y de empresas que cambian la hierba por césped artificial, los municipios contratan agentes para vigilar si los vecinos riegan jardines y se organizan protestas contra campos de golf y empresas embotelladoras, como Nestlé, a quienes se culpa de abusar de los acuíferos.

Restricciones también en el campo

Desde las ciudades, sin embargo, se mira con recelo a los agricultores, a quienes se les acusa de utilizar la mayor parte del agua sin que les afecten los recortes. El complejo sistema de derechos sobre el agua en California dificulta que se limite el abastecimiento de agua a muchos propietarios de tierra con agua subterráneo o por donde pasan ríos. Pero la situación ha llegado a un extremo en el que incluso los agricultores empiezan a reconocer que deben transformar su negocio para sobrevivir.

Este viernes, 4.000 agricultores del delta del río San Joaquín acordaron con el Gobierno de California la reducción del uso del agua en un 25%, plantando menos hectáreas o cambiando a cultivos que usan menos agua. Este acuerdo no cambiará la situación dramática de la «zona cero» de la sequía para la agricultura californiana, el Central Valley, pero muestra el cambio de mentalidad en el estado. «Si todo el sector agrícola compartiera el tipo de cortes de agua de los núcleos urbanos tendríamos suficiente agua para este año y para el que viene», explicó a 'The New York Times' Jonas Minton, ex vicedirector del Departamento de Agua de California.

16 almendaras, 56 litros de agua

Pero, para ello, el resto de EE.UU. debería acostumbrarse a vivir sin los productos que produce el estado: los estadounidenses consumen una media de 1.100 litros de agua al día al comer alimentos producidos en California. Producir 16 almendras requiere 56 litros de agua. Conseguir una rodaja de naranja, 22 litros.

En California, para algunos la sequía supone perder su fuente de ingresos. Para otros, solo una incomodidad, o un pequeño incremento en la factura del agua. Pero lo que es innegable es que «se habla de ello en todas partes», dice Crescentia. «A todas horas».