Aminata junto al cirujano que le ha reconstruído el clítoris, Iván Mañero
Aminata junto al cirujano que le ha reconstruído el clítoris, Iván Mañero
mutilación genital femenina

Aminata, víctima de la ablación: «Me operé para borrar lo que me hicieron y recuperar lo que era mío»

Aminata vuelve a «sentirse entera» después de que le reconstruyeran su clítoris amputado

e. armora
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Aminata tiene 40 años, la misma edad que tenía su madre cuando falleció al dar a luz debido a que no pudo dilatar bien a causa de haber padecido una ablación. La pasada semana, esta joven senegalesa que llegó a Barcelona cuando tenía solo 15 años decidió poner fin a su calvario y se sometió a una operación para reconstruir sus genitales mutilados.

Se puso en manos del cirujano Iván Mañero y de su Fundación, que le reconstruyeron a coste cero sus genitales amputados. Su sensación ahora es, según afirma, «agridulce». De felicidad por haber recuperado parte de su persona que le fue arrebatada cuando apenas asomaba a la vida y de amargura por el drama que siguen aún viviendo la mayoría de jóvenes que no se deciden a dar el paso a la cirugía.

Separada de su marido, ahora Aminata vive en Montmeló (Barcelona) con sus dos hijos, de 25 y 16 años. «Dejé a mi esposo cuando empezó a casarse con otras», afirma en declaraciones a ABC. Fue en esta nueva etapa de su vida cuando le apareció, sin esperarlo, la posibilidad de someterse al bisturí para repara sus genitales. «Un día fui a hacerme la revisión con mi comadrona. El tema salió como por casualidad. Me hizo una prueba para ver si tenía puntos sensibles y me preguntó si querría reconstruirme. Me quedé muy sorprendida porque no sabía que se podía hacer, aunque no me lo pensé. Quería hacerlo, sentía esa necesidad», explica la mujer.

Habla sin tapujos al exponer los motivos que le condujeron a pasar por el quirófano. «Aunque muchos puedan pensar que lo más duro ha sido no poder tener una vida íntima buena y sin dolor, no me he operado por una cuestión de placer, nunca lo ha sido. Quería reconstruirme por mi misma, para sentirme bien con todo mi cuerpo, para borrar lo que hicieron, porque lo más duro era pensar que aquello no tenía solución», asegura a este diario. Ahora se siente «entera», como cuando nació, antes de que le arrebataran «algo tan mío, tan de cualquier mujer».

Aminata, que ha tenido que vivir casi en silencio esta tortura desde que nació, ya que siempre ha sido un tema tabú con sus amigas africanas, tiene claro que su hija nunca pasaría por algo así. «Si tuviera una hija en Senegal saldría de allí para evitarle esta tortura. Mis hijos tuvieron que nacer por cesárea porque, por culpa de la ablación, no podía dilatar. Mi madre murió en el parto de mi hermano cuando yo tenía siete años, tampoco podía dilatar por lo mismo y por eso murió. No podría desearle algo así a ninguna niña, menos aún si fuera una hija mía», concluye.