El misionero español infectado por ébola, Miguel Pajares, será trasladado a España para ser tratado
El misionero español infectado por ébola, Miguel Pajares, será trasladado a España para ser tratado - AFP

¿Hay peligro por la llegada del ébola a España?

Es un virus con una elevada letalidad, carece de tratamiento o vacuna y no ha sido muy estudiado. Pero tiene una capacidad de dispersión muy limitada, se puede contener y hay otros mucho más letales

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No es la primera vez que un brote de ébola siembra su cosecha de muertes. Pero en esta ocasión está fuera de control porque ha aparecido a la vez en tres países y en muchos lugares al mismo tiempo. Por el momento, se ha saldado con 961 muertes y 1.779 infectados en el que es el peor brote de esta enfermedad.

Este jueves 7 de agosto se ha producido la repatriación del religioso Miguel Pajares y la monja Juliana Bohi a España. El sacerdote trabajaba en el hospital San José de Monrovia (Liberia), cuando se contagió con el virus ébola.

Según informó el Ministerio de Sanidad, tanto el traslado como el internamiento de los pacientes se harán de acuerdo con los protocolos de máxima seguridad estipulados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con lo que los riesgos de un posible contagio son «muy bajos».

Estrictos protocolos de seguridad

Este nivel de riesgo depende de que se apliquen correctamente los protocolos de seguridad. Para frenar los contagios, es necesario recurrir a medidas que impidan el contacto entre el personal sanitario y los fluidos corporales de los infectados.

Para ello, estos fluidos han de quedar aislados en todo momento, tanto si están en el cuerpo del paciente como en los materiales y prendas que entren en contacto con él. Esto es muy importante porque «el virus es resistente al medioambiente y puede permanecer en una prenda e infectar después a otra persona», según explica a ABC Fernando Usera, responsable de bioseguridad del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC.

De hecho, según explica, actualmente se desconoce cuál es el tiempo en el que el virus es capaz de contagiar mientras permanece sobre las superficies, como una mesa, una prenda de ropa o un vaso de cristal. Pero por otro lado, el virus puede ser inactivado con lejía o jabón.

Nivel 3 de bioseguridad

El Ministerio de Sanidad ha especificado que el análisis de las muestras y el tratamiento del paciente se llevarán a cabo siguiendo los protocolos de bioseguridad de nivel 3.

El tratamiento se centrará en mantener al paciente hidratado y estabilizado, puesto que no existe tratamiento específico para frenar al virus. Por otro lado, el objetivo de las pruebas de laboratorio es determinar si el virus está presente o no en un paciente y se basan fundamentalmente en la detección de los genes del ébola.

Esto implica que las muestras se manipularán en campanas de seguridad, que son parecidas a vitrinas en las que se trabaja con las muestras y que impiden que el aire de su interior salga al exterior. Además, este nivel también supone entre otras cosas la descontaminación de todos los desechos y el cambio y de la ropa de protección.

El personal sanitario que trabaje bajo este nivel de seguridad debe recurrir a medidas de protección física, pero no a sistemas autónomos de respiración (similares a escafandras de astronautas). Estas medidas son: mascarillas con sistema FFP2, guantes dobles, batas desechables, impermeables de manga larga que cubran la ropa hasta los pies, calzado impermeable o cobertura equivalente, máscara facial y gafas.

Como medidas adicionales, los laboratorios de nivel 3 de bioseguridad cuentan con puertas dobles y un flujo de aire que genera una presión negativa en su interior. Como resultado el aire tiende a entrar desde el exterior y se impide que salgan partículas del laboratorio.

Existe aún un nivel superior de bioseguridad, el BSL-4, que tiene entre otras medidas adicionales, la obligación de entrar enfundado en una escafandra que cubre todo el cuerpo. Pero en España no hay actualmente ningún laboratorio que trabaje bajo estas condiciones.

Un virus poco contagioso

«No es preocupante que un portador del virus se siente en el metro a tu lado, ya que es una infección que requiere de un contacto muy directo como por ejemplo el vómito», señaló el descubridor del virus ébola, el belga Peter Piot, actualmente director de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical.

Y es que a pesar de que puede matar a 9 de cada 10 pacientes infectados, el ébola no se transmite por el aire, como la gripe o los catarros comunes, lo que frena mucho su dispersión. Por ejemplo, en junio se han producido 400 nuevos casos y en julio 500, lo que queda muy lejos de la progresión exponencial de nuevos afectados de enfermedades como la gripe o los catarros.

El el virólogo Jean-Claude Manuguerra, del laboratorio de respuesta rápida a amenazas biológicas del Instituto Pasteur, aseguró tener « escasa preocupación» por la propagación del Ébola en los países occidentales y en particular los europeos, dado la improbabilidad de que comience una epidemia».

Hay virus mucho más mortíferos

Frente a las 932 muertes que ha provocado este brote hasta el miércoles 6 de agosto, hay virus que tienen en su repertorio un historial de muertes mucho más dramático. Por ejemplo, desde febrero han muerto por la malaria alrededor de 300.000 personas y la gripe estacional mata cada año a un número comprendido entre las 500.000 y las 250.000 personas.

Y al echar un vistazo a los registros históricos, destaca la epidemia de la gripe española que fue más mortífera que la Primera Guerra Mundial misma y que acabó con 50 millones de personas. O el virus de la viruela, que es probablemente el que más víctimas ha causado en la historia de la humanidad.

Ya hubo un brote en Europa

En 1967 se produjo en Europa un brote de un virus similar, el virus Marburgo, cuando un cargamento de chimpancés de Uganda extendió la fiebre hemorrágica por las ciudades alemanas de Fráncfort y Marburgo, y la capital serbia, Belgrado, causando 31 víctimas mortales.