Francisco, empapado por la lluvia por saludar a los peregrinos desde el «papamóvil»
El Papa pidió que no aceleraran la velocidad del papamóvil pese a la lluvia para poder saludar a los peregrinos - afp

Francisco, empapado por la lluvia por saludar a los peregrinos desde el «papamóvil»

Afirma que «incluso el Papa tiene tantos defectos, imperfecciones y pecados…»

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El Papa Francisco se empapó este miércoles al mantener el recorrido en “papamóvil” entre los noventa mil fieles que asistían a la audiencia general. A pesar del fuerte chubasco, el Santo Padre se negó a aceptar que se acelerase la velocidad del “papamóvil” o que se acortase el recorrido. Cuando llegó al estrado pudo secarse la cabeza con una toalla, pero permaneció todo el tiempo de la audiencia general con la ropa completamente mojada. Debido a la antigua lesión de pulmón en su juventud, Jorge Mario Bergoglio siempre ha evitado coger frío por el riesgo de complicaciones.

Terminada la serie de catequesis sobre el Credo, iniciada por Benedicto XVI con motivo del Año de la Fe, Francisco anunció un nuevo ciclo de catequesis “sobre el misterio de la Iglesia”, ilustradas “con expresiones del Concilio Vaticano II”, a las que añadió también citas del magisterio de su predecesor.

Francisco insistió en que la Iglesia “es una familia, es la gran familia de los hijos de Dios”, y “nos lleva a Dios”. El Santo Padre reconoció que “la Iglesia tiene también aspectos humanos en quienes la componen. Tanto en los pastores como los fieles hay defectos, imperfecciones, pecados…incluso el Papa tiene tantos. Pero lo bonito…”.

La misericordia de Dios

En ese punto, los noventa mil fieles que le escuchaban conmovidos, le interrumpieron con un fortísimo aplauso. Terminada la ovación, Francisco retomó el hilo: “…pero lo bonito es que cuando nos damos cuenta de que somos pecadores, encontramos la misericordia de Dios. ¡Dios siempre nos perdona! ¡No lo olvidemos!”. El pecado, según el Papa, “es una ofensa a Dios, pero también la oportunidad de descubrir la misericordia de Dios” en sus sacramentos de perdón.

Se ve que reflexionaba sobre ese tema desde la primera hora del día, pues en la misa de las siete de la mañana en la Casa Santa Marta conto una anécdota personal. “Recuerdo que una vez”, dijo, “pasaba un momento oscuro de mi vida espiritual y pedía una gracia al Señor. Fui a predicar unos ejercicios espirituales a religiosas y el ultimo día estaba confesando”.

Impresionado por la santidad de una monja de más de ochenta años, le dijo: “hermana, como penitencia, rece por mí, porque necesito una gracia y si usted la pide el Señor me la dará seguro”. La religiosa se paró un momento a pensar, y le respondió: “seguro que el Señor le concederá la gracia pero, no se olvide, a su modo divino”. El Papa explicó que “ese modo divino incluye la Cruz, no por masoquismo, ¡no, no!, por amor hasta el final”.

En ese cuadro de intimidad y sencillez, Francisco comentó que “el triunfalismo paraliza la Iglesia. Una Iglesia puede estar muy bien organizada, con todas las oficinas en orden y todo muy bonito y eficaz. Pero si sólo piensa en los triunfos, se olvida de los mártires. Olvida la regla del triunfo de Jesús a través del fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que tenemos todos”.