Francisco invita a los sacerdotes a ir a las «periferias» sin miedo
El Papa Francisco durante la Misa de los OleosRome-Reports-misaoleos - efe

Francisco invita a los sacerdotes a ir a las «periferias» sin miedo

El Papa: «El sacerdote que sale poco de sí, se pierde lo mejor de nuestro pueblo»

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El Papa Francisco aprovechó su primera misa con sacerdotes para invitarles vigorosamente a salir de sí mismos e ir a las “periferias”, donde encontrarán a “nuestro pueblo fiel” y sentirán reavivar su identidad sacerdotal. Con extraordinaria fuerza, el Papa invitó a los fieles que asistían a la Misa Crismal, en la que se bendicen los Santos Óleos, a “acompañar a los sacerdotes con el afecto y la oración”.

Para que no haya malentendidos, Francisco explicó en la basílica de San Pedro que “la belleza de lo litúrgico no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo”.

Aclarado eso, paso a explicar que la unción con a que se refiere Jesús “es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos”, e insistió en que “la unción no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón”.

Aunque pronunciaba su homilía en italiano, era evidente que la había escrito en español, con un estilo muy directo y algunas expresiones coloquiales argentinas que embellecían el texto.

Pero lo esencial era la vigorosa llamada a los sacerdotes, que hoy celebran la institución de su ministerio en la Última Cena del día de Jueves Santo. Francisco les invitaba a “estar en relación con Dios y con su Pueblo”, ya que sólo así serán mediadores de la gracia que circula entre Dios y los hombres.

Les hablaba del ejemplo de Jesús “metido en medio de la gente que le rodeaba por todos lados”, y les invitaba a “salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones”, concluyendo que “no es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor”.

Hacia el final volvió a insistir en que “el sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque nuestra gente nos roba la unción, gracias a Dios – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral”.

Aseguro que “al buen sacerdote se le reconoce por cómo anda ungido su pueblo. Cuando la gente nuestra anda ungida con oleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia”.

Era un mensaje de hermano con experiencia y con sentido de la realidad: “Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes”.

El Papa celebrará por la tarde la misa de la Cena del Señor en una cárcel de menores de Roma, donde lavara los pies a algunos reclusos.